Destino equivocado - Capítulo 45
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45: capitulo 45:manipulación 45: capitulo 45:manipulación El día después del entrenamiento, el Bosque de los Elfos y Hadas parecía en calma.
La luz del sol atravesaba las hojas, formando destellos dorados sobre el suelo.
El aire era suave, casi tranquilo… como si nada malo pudiera ocurrir.
Pero Aisha no se sentía así.
Algo… no estaba bien.
—¿Lo sientes?
—murmuró.
Adriel, a su lado, frunció levemente el ceño.
—Sí.
Ambos estaban de pie, observando al grupo entrenar.
Esta vez todo era más controlado, más ligero… como si quisieran evitar el desgaste del día anterior.
Isaac practicaba con los elementos, levantando pequeñas corrientes de aire mientras hacía girar agua a su alrededor.
Elizabeth hacía crecer flores lentamente, con precisión, mientras Leo jugaba con el agua, lanzando pequeñas ondas hacia el aire.
Más lejos, Estela y Julieta repasaban hechizos en voz baja.
Todo parecía… normal.
Demasiado normal.
Aisha cerró los ojos un instante.
Y entonces lo vio.
Oscuridad.
Un grito.
Una grieta abriéndose en el aire.
Alguien cayendo.
Sus ojos se abrieron de golpe.
—Adriel— Pero él ya la estaba mirando.
—Tú también lo viste.
No era una pregunta.
Aisha asintió lentamente.
—Algo va a pasar.
Adriel apretó la mandíbula.
—No fue una visión cualquiera.
—No —susurró ella—.
Fue una advertencia.
Por un momento, ninguno dijo nada.
El sonido del bosque continuaba… pero ahora se sentía lejano.
Irreal.
Adriel dio un paso adelante.
—Detengamos esto.
Aisha dudó solo un segundo… y luego asintió.
Ambos avanzaron hacia el grupo.
—¡Alto!
—dijo Adriel con firmeza.
Todos se detuvieron.
Las corrientes de agua de Leo cayeron al suelo.
Las flores de Elizabeth dejaron de crecer.
El viento de Isaac se desvaneció.
—¿Qué pasa?
—preguntó Leo, confundido.
Aisha respiró hondo.
—Necesitamos parar.
Isaac frunció el ceño.
—¿Por qué?
Adriel intercambió una mirada con Aisha.
—Tuvimos una visión.
El ambiente cambió al instante.
—¿Qué viste?
—preguntó Estela, más seria.
Aisha dudó.
—No fue claro… pero— Bajó la mirada un segundo.
—Algo va a salir mal.
El silencio cayó.
—¿Qué tipo de “mal”?
—preguntó Elizabeth.
Adriel respondió: —Del tipo que no podemos ignorar.
Nadie dijo nada.
El peso de esas palabras fue suficiente.
Aisha miró al grupo.
—Por ahora… es mejor detener el entrenamiento.
Leo soltó una pequeña risa nerviosa.
—¿O sea que… descanso?
Nadie le respondió.
—Será solo por hoy —añadió Adriel—.
—Necesitamos despejar la mente.
Isaac no parecía convencido, pero tampoco discutió.
—Como quieran.
Poco a poco, el grupo comenzó a dispersarse.
Algunos caminaron hacia el río.
Otros se adentraron en el bosque.
El ambiente volvió a parecer tranquilo… Pero ya no lo era.
Aisha se quedó en su lugar, observando.
Sintiendo.
Como si algo los estuviera mirando.
Esperando.
Adriel se acercó un poco más a ella.
—Esto no es coincidencia.
Aisha negó suavemente.
—No.
Sus ojos se perdieron entre los árboles.
—Algo ya empezó… Y esta vez… no estaban preparados.
Elizabeth y Leo caminaban juntos en silencio hacia el lago.
El sonido del agua era suave, relajante… casi hacía olvidar todo lo demás.
Elizabeth rompió el silencio.
—¿Crees que la visión de Aisha sea tan grave?
Leo se encogió de hombros.
—Después de todo lo que hemos vivido… nada me sorprendería.
Elizabeth suspiró.
—Tienes razón.
Mejor dejemos de pensar en eso.
Lo miró de reojo… y sonrió.
—Oye… ¿por qué no hablamos de Estela?
Leo se tensó de inmediato.
—¿Qué tiene que ver Estela con esto?
Elizabeth rodó los ojos.
—Por favor, Leo.
Soy tu hermana.
—Sé perfectamente que te gusta.
Él desvió la mirada, nervioso.
—No digas tonterías… Elizabeth soltó una pequeña risa.
—Y también sé que a ella le gustas tú.
Leo la miró sorprendido.
—¿Qué?
—Lo sé —continuó Elizabeth—.
Se nota.
—Entonces… ¿por qué no le dices?
Leo suspiró.
—No me presiones… —Estoy seguro de que vamos a salir de todo esto, pero… Dudó un segundo.
—Sí… me gusta.
Bajó la voz.
—Solo que no sé cómo decírselo.
Elizabeth sonrió con ternura.
—Tranquilo.
Yo te ayudaré.
Luego miró el lago.
—Pero ahora necesito relajarme.
El entrenamiento fue agotador.
Se quitó los zapatos.
—Espérame aquí.
Leo asintió y se sentó en un tronco cercano, mientras Elizabeth se adentraba en el agua.
El lugar volvió a quedar en calma.
Demasiado en calma.
unos metros, ocultas entre los árboles… dos figuras observaban.
Julieta y Violeta.
Ambas encapuchadas.
Julieta habló en voz baja: —Estoy segura de que no fallarás.
Violeta no apartó la mirada de Leo.
—No fallaré.
—Intenta contarle la historia —añadió Julieta—.
Algo similar a la mentira de Aisha y Adriel.
Violeta sonrió con frialdad.
—Ellos inventaron una mentira.
—Yo diré la verdad… mi verdad.
Julieta asintió.
—Como quieras.
—Nos vemos en el Bosque de los Muertos con Hades.
—Ve —respondió Violeta—.
Yo me encargo de esto.
Julieta desapareció entre las sombras.
Violeta esperó unos segundos.
Entonces… sus ojos brillaron en rojo.
Una energía oscura la envolvió.
—Es hora.
En un instante, apareció detrás de Leo.
Lo tomó del brazo y lo arrastró hacia atrás, lejos de la vista.
Leo soltó un pequeño grito, girándose bruscamente.
—¿Violeta?
¿Qué haces aquí?
Violeta lo miró fijamente a los ojos.
Y en ese momento… el hechizo comenzó.
—Vine a aclarar las cosas —dijo suavemente—.
—Lo que Aisha y Adriel te han contado… no es cierto.
Leo parpadeó.
Sus pupilas comenzaron a dilatarse.
—Yo… no… —Escúchame —susurró Violeta—.
—Nadie quiere creerme… pero tú sí puedes hacerlo.
Su voz se volvió más profunda, envolvente.
—Mi abuela, Sonia… estaba enamorada.
Leo no apartaba la mirada.
—Pero fue traicionada.
Violeta caminó lentamente a su alrededor.
—El prometido de la abuela de Aisha y Adriel… la engañó.
—Nunca le dijo la verdad.
Hizo una pausa.
—Y cuando todo salió a la luz… Isabela reaccionó con crueldad.
Sus ojos brillaron.
—Mi abuela murió por su culpa.
El silencio pesó.
Leo respiraba lento.
Atrapado.
—Su espíritu sigue vagando… —continuó Violeta—.
—Y necesita justicia.
Se acercó más.
—Necesito tu ayuda.
Leo habló, casi sin pensar: —¿Qué… debo hacer?
Violeta sonrió.
—Debes arruinar su plan.
—No dejes que Josué vuelva al mundo humano.
Leo asintió levemente.
—Sí… —Aléjate de ellos —continuó—.
—Pero no demasiado.
No levantes sospechas.
Sus ojos brillaron con intensidad.
—El día del portal… ven al Bosque de los Muertos.
—Yo te diré qué hacer.
Se inclinó un poco más.
—Y juntos… haremos justicia.
Leo apenas podía reaccionar.
—Sí… Violeta escuchó un ruido.
Elizabeth.
Se acercaba.
Violeta retrocedió.
—Debo irme.
Susurró: —Un gato negro te encontrará.
—A través de él… te hablaré.
Se acercó una última vez… y le dio un beso en la mejilla.
Luego desapareció entre los árboles.
Leo se quedó inmóvil.
Sus ojos… vacíos.
Su respiración… lenta.
Como si algo dentro de él hubiera cambiado.
Minutos después, Elizabeth salió del agua.
—Hey —dijo, acercándose—.
¿Estás bien?
Leo no respondió de inmediato.
Luego giró la cabeza.
Su mirada era distinta.
Más fría.
—Sí.
Elizabeth frunció el ceño.
—Te noto raro… Leo se levantó del tronco.
—Todo está bien.
Hizo una pausa.
—¿Podemos volver?
Elizabeth lo miró, confundida.
Pero asintió.
—Claro… Mientras caminaban de regreso… el bosque volvió a parecer tranquilo.
Pero algo ya se había roto.
Y nadie… excepto Violeta… lo sabía.
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