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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 El laberinto de Akron Parte 2
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22: El laberinto de Akron (Parte 2) 22: El laberinto de Akron (Parte 2) El décimo piso se anunciaba distinto desde antes de cruzarlo.

El pasillo final se ensanchaba hasta desembocar en una puerta monumental, dos colmillos de piedra grabados con símbolos antiguos, ambas brillaban.

Simplemente estaban ahí, como si el laberinto mismo esperara que quien llegara hasta ese punto tomara una decisión consciente.

Yui se detuvo a varios metros.

Apoyó la espalda contra una columna natural de roca y respiró hondo.

Aflojó los hombros, estiró los dedos de la mano que sostenía la espada y dejó que el pulso se estabilizara.

No estaba exhausta, pero tampoco ilesa.

El uso constante de aura en los pisos superiores había sido medido, aunque acumulativo.

Mientras regulaba la respiración, escuchó voces.

Eran los mismos aventureros con los que se había topado en pisos anteriores, estaban reunidos cerca de la puerta, desplegando un mapa en el suelo.

Sus armaduras mostraban desgaste real, no decorativo.

Cuando uno de ellos levantó la vista y la vio acercarse.

—Llegaste entera—comentó el líder—.

Eso ya dice bastante.

Yui se acercó con paso tranquilo.

—Todavía tengo energía —respondió con sinceridad.

Uno de los aventureros soltó una risa corta.

—Eso no es común.

Muchos llegan al piso diez y apenas pueden mantenerse en pie.

El líder la observó unos segundos más, evaluándola sin hostilidad.

—Vamos a enfrentar al jefe en breve —dijo—.

Si quieres unirte, eres bienvenida.

Lovaton no es precisamente para novatos.

Yui inclinó la cabeza, agradecida.

—Gracias… pero voy a rechazar la invitación nuevamente.

No lo dijo con firmeza arrogante, sino con respeto.

El grupo no reaccionó de inmediato.

— ¿Segura?

—preguntó otro—.

No es por subestimarte, pero este piso se suele hacer en grupo por una razón.

—Lo sé, me tomo muy en serio la guía —respondió Yui—.

No es que crea ser más fuerte.

Solo… quiero medir hasta dónde puedo llegar.

Hubo un breve silencio.

El líder asintió despacio.

—Entiendo esa necesidad.

Se sentó sobre una caja de suministros y comenzó a explicar.

—Lovaton es un jefe mitad lobo, mitad guerrero.

Pelea principalmente cuerpo a cuerpo.

Usa sus garras.

Es rápido, intuitivo… y no se cansa fácil.

Otro integrante añadió: —Puede invocar lobos de pisos inferiores.

No aparecen de golpe, salen de la neblina del campo.

Si te descuidas, te rodearan.

—Tiene un instinto muy afinado —continuó el líder—.

No ataca a ciegas.

Lee los movimientos.

Por eso, al principio, este piso casi siempre se hace en grupo.

Yui escuchó sin interrumpir, memorizando cada dato.

—Ah, y algo importante —agregó una aventurera—.

Cuando derrotes al jefe, tarda una semana en regenerarse.

Durante ese tiempo, la sala queda vacía.

Aprovecha cualquier objeto que deje, aunque no te sirva ahora.

—Cuando termine el combate —dijo el líder—, las puertas volverán a iluminarse como ahora.

Eso indica que puedes entrar.

Yui asintió.

—Gracias por la información que acaban de compartirme.

El grupo guardó el mapa.

Se levantaron uno a uno.

Antes de separarse, Yui los miró con atención.

— ¿Van a estar bien?

—preguntó—.

Si creen que necesitan ayuda, puedo unirme.

La respuesta fue una risa general.

—Ya pasamos este piso tres veces —dijo uno—.

Estamos más preocupados nosotros por ti entrando sola.

—Todos somos rango D —añadió el líder—.

Es el rango recomendado para este piso.

Los rangos inferiores deben acostumbrarse a los pisos anteriores antes de llegar aquí… aunque creo que eso ya lo sabes.

Yui sonrió de forma leve, casi traviesa.

—Sí.

Lo sé.

El grupo se colocó frente a la puerta.

Al unísono, activaron el mecanismo de entrada.

Los colmillos de piedra se abrieron con un sonido grave, arrastrado.

Uno a uno, cruzaron el umbral.

Cuando el último pasó, las puertas se cerraron lentamente.

El color de las runas se volvió más opaco, indicando que la sala estaba ocupada.

Yui quedó sola en el pasillo.

Se sentó en el suelo, cruzó las piernas y apoyó la espada a su lado.

Bebió un poco de agua, reguló la respiración y cerró los ojos unos instantes para concentrarse y relajarse.

La gran puerta volvía a iluminarse luego de casi una hora de espera, Yui se levanta —Si se tardaron no debió ser sencillo.

Yui apoyó la mano sobre la piedra fría.

—Ahora sí —dijo.

Y dio un paso al frente.

Yui cruzó el umbral y la puerta se cerró detrás de ella con un sonido grave, sellando la sala del jefe.

El espacio se abrió de inmediato ante sus ojos.

Era un campo de batalla rocoso, amplio y desigual, con grandes bloques de piedra emergiendo del suelo como restos de antiguas colisiones.

El terreno estaba marcado por grietas, surcos profundos y zonas ennegrecidas.

A simple vista era evidente que no era la primera vez que allí se libraba un combate.

El piso había sido remodelado por la violencia una y otra vez.

Un silencio pesado se extendía por la sala.

Entonces, una niebla tenue comenzó a alzarse desde el suelo, lenta, envolvente, desplazándose como si tuviera voluntad propia.

No impedía la visión por completo, pero distorsionaba las distancias.

Yui avanzó un par de pasos y se detuvo.

Su sensor de amenazas reaccionó de inmediato.

Desde distintos puntos de la niebla, ojos amarillos comenzaron a encenderse uno tras otro.

Siluetas ágiles se movían entre las rocas.

Lobos.

No uno ni dos, sino una manada completa.

Lobos menores emergieron primero, rodeándola sin apresurarse, marcando el terreno con movimientos calculados Y entonces, más adelante, una figura más grande tomó forma.

Un lobo de dos cabezas, notablemente más alto y robusto que los demás, caminó hasta quedar visible.

Sus dos pares de ojos se movían de forma independiente, analizando cada gesto de la elfa.

No era solo fuerza bruta; había inteligencia.

—Así que tú diriges esto… —pensó Yui.

Ajustó su agarre en la espada y avanzó un paso más, como había hecho en pisos anteriores, esperando provocar una reacción directa.

No ocurrió.

Los lobos se dispersaron con precisión, esquivando el primer barrido de viento que lanzó.

Ninguno cayó.

Ninguno se precipitó.

Se movían en conjunto, cerrando ángulos, probando su alcance.

Yui cambio la cara, algo no le cuadraba.

—Son más listos… No podía repetir la misma estrategia sin adaptarla.

Concentró aura en su interior, formando esferas de energía elemental a su alrededor.

Esta vez no las lanzó de inmediato.

Las mantuvo orbitando, midiendo el ritmo de la manada.

Los lobos avanzaron.

Uno atacó por la derecha, otro por la izquierda, un tercero desde atrás.

Yui se movió con el viento, esquivando con precisión, cortando uno de los ataques y forzando retrocesos, pero sin cerrar del todo la defensa.

Lo hacía a propósito.

Dejó un hueco.

Su sensor le confirmó lo que intuía: había algo más.

Una presencia distinta, más profunda, oculta entre las sombras y la niebla.

No intervenía.

Observaba.

Yui lo entendió.

—Entonces… me está probando a la lejanía.

Comenzó a luchar de forma calculada.

Cada movimiento estaba medido.

Cada error, simulado.

Permitía que los lobos se acercaran más de lo necesario, que sus ataques rozaran su cuerpo, que su postura pareciera vulnerable.

Para los lobos… y para quien los observaba.

Las esferas de aura comenzaron a lanzarse con mayor eficacia.

Explosiones de aire y aura por separado para alejar y calcular los ataques.

La manada empezó a reducirse.

El lobo de dos cabezas emitió un gruñido grave.

Dio un paso al frente.

Ambas bocas comenzaron a concentrar energía.

El aire vibró.

La niebla se agitó.

— ¿Eso es…?

—pensó Yui.

El lobo lanzó la técnica.

Una bola de aullido salió disparada y explotó frente a ella antes de que pudiera esquivarla por completo.

El impacto no fue físico, sino sonoro.

Ondas de choque auditivas atravesaron el aire, golpeando directamente los oídos y el equilibrio.

Yui cayó de rodillas, apretándose la cabeza.

El mundo giró.

El sonido se distorsionó.

Su visión se volvió borrosa por un instante.

El lobo no dudó.

Saltó.

Su sombra cubrió a la elfa mientras descendía con las fauces abiertas, decidido a terminar el combate.

En ese instante, gracias al sensor de amenazas, Yui pudo detectar el peligro sobre ella, concentró aura en su espada El filo se tiñó de un verde intenso, el viento giró alrededor del arma como una extensión de su brazo.

Ignoró el dolor, el zumbido, la confusión.

Se levantó en un solo movimiento.

Y cortó.

El viento no se dispersó.

Se volvió una línea perfecta, una hoja invisible que atravesó al lobo de dos cabezas de arriba abajo.

El cuerpo cayó en dos partes, golpeando el suelo con un sonido seco y desapareciendo en el acto.

La niebla se disiparía hasta el nivel de sus tobillos…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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