Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 23
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Capítulo 23: El laberinto de Akron (Parte 3)
Yui se apresura a sacar una poción del inventario y tomarla.
Desde una esquina de la sala la figura comienza a acercarse.
Lovaton avanzó desde la niebla con pasos lentos y pesados, hasta quedar casi frente a Yui.
Ahora podía verlo con claridad.
Era una figura imponente, casi el doble de su altura. Su cuerpo combinaba musculatura humana con la ferocidad de un lobo, cubierto de un pelaje oscuro y áspero. Las garras curvadas, capaces de desgarrar piedra. Sus ojos brillaban con una inteligencia salvaje, fija únicamente en ella.
Yui no esperó.
Se impulsó con el viento y atacó primero.
La espada trazó una serie rápida de cortes, precisos, dirigidos al torso y a los brazos. Lovaton respondió al instante, bloqueando cada golpe con sus garras. El choque entre metal y garra generó ráfagas de presión que se expandían a gran velocidad, levantando polvo y fragmentos de roca alrededor de ambos.
El intercambio era brutal y constante.
Lovaton retrocedió medio paso y lanzó un aullido profundo. La onda de choque se expandió como un muro invisible, obligando a Yui a saltar hacia atrás para no ser lanzada contra el suelo.
Aterrizó con firmeza, clavando un pie y estabilizándose con el viento.
—Tal como dijeron… —pensó—. Especialista en combate cuerpo a cuerpo.
Sin perder tiempo, Yui comenzó a formar esferas de aura elemental. Seis pequeñas esferas verdes aparecieron a su alrededor, girando con velocidad controlada. Al mismo tiempo, canalizaba más aura en su espada y concentrando una séptima esfera, más grande, que aún no liberaba.
Avanzó atacando con la espada, lanzando las esferas todas a la vez pero con distinto ángulo.
Lovaton respondió con otro aullido, esta vez más feroz.
La vibración fue distinta.
Las esferas fueron repelidas en el aire, desviadas antes de impactar, y la onda volvió a empujar a Yui hacia atrás. La concentración se rompió. La esfera principal se disipó en fragmentos de energía.
—Ahora lo entiendo… —pensó, respirando hondo—. Para esto se necesita un grupo completo.
Un defensor para aguantarlo, un mago para ataques a distancia y tal vez dos guerreros listos para reducirlo.
Y aun así, sería difícil.
Pero ella no estaba ahí para medir lo que necesitaba un grupo.
Estaba ahí para medirse a sí misma.
Yui comenzó a concentrar aura directamente en la espada. Cada vez que el filo chocaba contra las garras de Lovaton, el impacto era más pesado, más letal. El viento no explotaba: se comprimía, reforzando cada golpe.
Lovaton cambió de postura.
Cayó sobre cuatro patas y corrió hacia ella a una velocidad brutal, abriendo el hocico para clavar los dientes. Yui levantó su escudo de viento en el último segundo.
El impacto fue violento.
El escudo resistió, pero el impulso la lanzó contra un pico de piedra, que se resquebrajó al contacto. Antes de que pudiera recuperar del todo el equilibrio, Lovaton ya estaba encima.
Yui reaccionó instintivamente.
Giró el cuerpo y lanzó un corte ascendente. El viento se expandió formando un pequeño ciclón, levantando al hombre lobo apenas lo suficiente para romper su ritmo.
Aprovechó el instante.
Avanzó sin retroceder, atacando sin pausa. Cortes rápidos, diagonales, precisos. El filo dejó marcas profundas en el torso y los brazos de Lovaton. El pelaje se rasgó. La sangre oscura cayó sobre la roca.
Lovaton rugió.
Retrocedió de un salto y la niebla volvió a agitarse.
Yui lo supo antes de verlo.
—Es ahora…
Lovaton alzó la cabeza y lanzó un aullido prolongado. Desde la niebla comenzaron a surgir más lobos, siluetas moviéndose alrededor del campo de batalla. No muchos, pero suficientes.
Era su último recurso.
Un movimiento desesperado.
Yui cerró los ojos un instante y recordó esa técnica con la espada que le enseñaron Soren e Indora
—Lo haré—dijo con una sonrisa emocionada,
Toda su aura comenzó a fluir hacia la espada.
El arma brilló con intensidad, el verde esmeralda fusionándose con el filo. El viento dejó de girar alrededor y comenzó a absorberse, como si la espada lo devorara.
Lovaton cargó.
Yui dio un paso al frente.
Y descargó el golpe.
Una liberación total de aura elemental, un impacto masivo que envolvió por completo la figura de la bestia. El viento explotó hacia afuera en una ola devastadora, consumiendo al jefe de piso y a los lobos convocados en un instante.
Cuando la energía se disipó, no quedaba nada, solo el rastro del ataque y las recompensas de victoria y silencio
Yui cayó de rodillas, agotada con una felicidad enorme que no le entraba en el cuerpo pero…
Miró la espada.
Comenzó a agrietarse recorriendo el filo desde la base hasta la punta. Un segundo después, el metal cedió.
El silencio del piso 10 duró apenas unos segundos más.
Yui seguía de rodillas, respirando con dificultad, cuando finalmente se permitió mirar con atención lo que quedaba en su mano.
El mango.
Solo el mango.
Parpadeó una vez.
Luego otra.
—… ¿Eh?
Levantó el mango, lo giró lentamente, como esperando que el resto de la espada regresara por pura fuerza de voluntad. No pasó nada. En cambio, el último resto del filo se desmoronó en migajas metálicas, cayendo al suelo como ceniza.
Yui abrió los ojos de par en par.
—No… no, no, no…
Se inclinó de inmediato y comenzó a juntar las partículas con las manos, torpemente, empujándolas hacia un pequeño montoncito.
—Tranquila, tranquila… seguro esto se puede… —murmuraba—. Ender dijo que esta espada era buena
Intentó poner las “cenizas” contra el mango, presionándolas como si fueran a pegarse solas.
No funcionó.
Volvió a intentar.
Nada.
El viento sopló suavemente… y parte del polvo se dispersó.
—¡NO! —dijo en un susurro dramático, cubriendo el montón con el cuerpo como si protegiera algo vivo—. ¡No se vayan!
Se quedó quieta unos segundos, mirando el suelo con expresión devastada.
—Aerion… Ender… yo juro que no fue a propósito… —murmuró, completamente nerviosa—. La espada atacó sola. Yo solo… la animé un poquito…
Suspiró, sentándose sobre la roca, aún abrazando el mango roto.
—Bueno… —dijo al cabo de un momento, con una sonrisa nerviosa—. Al menos… todavía tengo esto.
Le dio una pequeña palmadita al mango, como si fuera un animal herido.
—Vamos a volver a casa, ¿sí? Ender va a gritar… pero seguro sabe arreglarte.
El viento movió suavemente su cabello, casi como si respondiera.
Yui se levantó, sacudió la ropa y guardó con mucho cuidado el mango en su inventario, como si fuera algo frágil y precioso.
—Tal vez deba quedarme a vivir aquí… —dijo con tono solemne—. Ender no me matará si nunca vuelvo
Y con esa mezcla de culpa, ternura y alivio, la elfa sonrió.
Antes de dirigirse al siguiente piso, Yui respiró hondo y recorrió con la mirada la sala ahora en calma. La niebla se disipaba lentamente, dejando al descubierto el centro del campo de batalla, donde las recompensas del jefe se habían materializado.
Se acercó con cautela.
Lo primero que llamó su atención fue un núcleo de bestia, claramente más grande y denso que los anteriores. Tenía vetas internas que parecían moverse con lentitud, como si aún conservara un rastro de vida.
—Este debe ser el núcleo del jefe… —murmuró
Lo guardó en el inventario primero como lo más valioso.
Junto al núcleo aparecieron otros objetos, lo cual recordó a esa aventurera decirle que llevara todo no importara lo que dejara el jefe como recompensa.
Uno de ellos era un paquete sellado de carne ahumada, envuelto en hojas endurecidas por aura. Al tocarlo, Yui percibió que conservaba calor y energía.
—Comida del laberinto… —pensó—. Ideal para expediciones largas.
Según la guía este tipo de raciones suelen tener propiedades restaurativas leves cuando se consumían dentro de la torre.
El segundo objeto era un colgante blanco, sencillo, con un colmillo de Lovaton. No irradiaba aura, pero su estructura era estable, como si estuviera hecho para resistir mucho tiempo.
—Esto… vaya accesorio —dijo para sí—. Luego veré que hace.
Yui se agachó para recogerla.
Eran guantes de cuero oscuro, reforzados con placas ligeras en los nudillos y dedos. De cada falange sobresalía una garra corta y curva, claramente inspirada en las de los lobos del piso. No parecían diseñados para cortes profundos, sino para desgarres rápidos y agarres firmes.
—No son mi estilo… tal vez a Mina le gusten —admitió.
Guardó los guantes en el inventario y, una vez hecho eso, se permitió sentarse contra una roca.
El cansancio comenzó a hacerse notar de golpe.
Sacó la segunda poción de recuperación que le había dado Kilia y la bebió despacio. El líquido cálido descendió por su garganta y alivió de inmediato el dolor acumulado en músculos y articulaciones.
Luego tomó otra, destinada a recuperar aura. Cerró los ojos mientras la energía volvía a fluir con mayor estabilidad, aunque sabía que no estaba al cien por ciento.
—Suficiente para seguir —dijo con calma.
Se puso de pie, se quito el polvo de su equipo y miró hacia la salida.
La espada estaba rota, el cuerpo cansado y un piso 11 definido como “sala de descanso” la esperaba.
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