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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 24

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Capítulo 24: Solo queda descansar

La puerta hacia el piso once se abrió con un sonido suave, distinto al de las anteriores. No fue un crujido pesado ni un eco profundo, sino algo más parecido a una exhalación larga. Una luz intensa emergió del umbral y bañó el rostro de Yui, obligándola a cubrirse los ojos por un instante.

Cuando los bajó, se quedó inmóvil.

Frente a ella no había un pasillo ni una caverna. Se extendía un campo enorme, abierto, vivo. El terreno era amplio y verde, salpicado de senderos de tierra clara, pequeñas construcciones a la distancia y formaciones rocosas que rodeaban todo el lugar como un domo natural. Por encima, un cielo azul con nubes lentas… y un sol.

Un sol verdadero.

Yui dio un paso al frente, luego otro. El aire era distinto. Más liviano. Más cálido.

—… ¿Sigo en el laberinto? —murmuró, con una mezcla de incredulidad y desconcierto.

La escena le resultaba demasiado familiar. El espacio abierto, la calma, incluso el sonido del viento le recordaban, de forma dolorosamente precisa, a la pequeña aldea donde había entrenado con su maestro. Por un segundo, su corazón dio un vuelco.

Entonces los vio.

A unos metros de distancia, el grupo de cinco aventureros estaba reunido cerca de un camino principal. Todos la miraban. No con tensión, sino con asombro genuino.

El líder fue el primero en hablar. Dio un par de pasos hacia ella y negó con la cabeza, impresionado.

—Sí que eres sensacional —dijo—. Lo lograste sola… y, por lo que veo, saliste entera.

Yui soltó una risa corta y algo cansada mientras se acercaba.

—No fue nada fácil —respondió con honestidad—. Lovaton no daba respiro.

—Ja —intervino uno del grupo—. Voy a tener que pagar la apuesta, sinceramente creí que no la contabas.

—Ambos pagamos entonces —le respondió otra entre risas.

Yui notó un gran ambiente en el grupo que tenía enfrente

El líder mira fijo a Yui

—Por cierto, fui bastante descortés antes. Mi nombre es Áugust Forest.

Se giró apenas y señaló al hombre robusto que lo acompañaba.

—Él es mi hermano, Arnold Forest. Nuestro muro cuando las cosas se ponen feas.

Arnold levantó el enorme escudo con una sonrisa tranquila, a modo de saludo.

—Ella es Sofía Masrrel —continuó Áugust—. Nuestra guerrera frontal.

—Encantada —dijo Sofía con energía.

—Valerian Bauer, maga de soporte —añadió, señalando a una joven de expresión serena—, y Misa Laurier, nuestra sanadora.

—Un gusto —dijo Misa con una inclinación suave.

Yui con algo de nervios en su rostro

—Yui Cronos —se presentó—. Es un placer conocerlos oficialmente.

Luego miró alrededor una vez más, sin poder evitarlo.

— ¿Puedo preguntar… dónde estamos exactamente?

Sofía abrió la boca para responder de inmediato.

—Seguimos en el laberinto. Cada once pisos hay una zona como esta. Salas de descanso con distintos biomas, algunas tienen bosques, otros mares, incluso desiertos—

—Sofía —la interrumpió Áugust con una mano alzada—. Antes de seguir recuerda. Mucha información después de un jefe no ayuda.

Misa asintió con una sonrisa.

—Lo importante es esto: el piso once es para descansar. Y descansar de verdad.

—Exacto —agregó Sofía—. Primero hay que ir a una residencia, darse una buena ducha y después… —sonrió— celebrar que llegamos todos vivos.

Yui parpadeó.

— ¿Hospedarse? ¿Residencia? —Preguntó, y de pronto su expresión cambió a una mezcla de nervios y pánico contenido—. E-esperen… yo no tengo dinero encima. La diosa no me dijo nada sobre esto, tampoco las chicas y lo que tenía quedó en la residencia… Tampoco traje más ropa…

Hizo una pausa.

El grupo la miró un segundo… y estalló en risas.

— ¿Pensabas dormir bajo una roca? —bromeó Valerian.

—O pagar con hojas —agregó Sofía.

Arnold tranquilizó a la elfa.

—Tranquila. El gremio tiene hospedajes básicos en cada piso de descanso. Son limitados, pero siempre alcanzan.

—Aunque si quieres algo mejor —añadió Áugust entre risas—, siempre podemos endeudarte un poco.

—¡No! —Respondió Yui de inmediato, llevándose las manos al pecho—. Mi maestro podría matarme

Las risas fueron más suaves esta vez, cálidas.

—Vamos todos juntos —dijo Misa—. Justamente por eso nos quedamos. Queríamos esperarte.

Yui los miró, sorprendida. Luego inclinó la cabeza con respeto, su expresión por fin relajada.

—Gracias —dijo—. Por ayudarme tanto.

El grupo avanzó por el pequeño pueblo del piso once con un ritmo tranquilo, muy distinto al de los niveles anteriores. Las calles estaban bien cuidadas, con senderos de piedra clara y construcciones bajas que parecían pensadas más para el descanso que para la defensa. Había aromas suaves provenientes de cocinas y personas caminando con naturalidad, como si aquel lugar no estuviera en el interior de un laberinto.

Yui observaba todo con atención. Le costaba creer que alguien pudiera vivir allí de forma permanente.

—Es… igual que estar afuera —comentó, casi para sí misma.

Sofía, que caminaba a su lado, giró el rostro con una sonrisa.

—Después de un buen baño, comida y algo de beber, te contaremos todo sobre este piso. No te preocupes.

Llegaron a la residencia del gremio, un edificio amplio pero sencillo. No era una mansión ni pretendía serlo, pero su estructura sólida y ordenada transmitía seguridad. Era el tipo de lugar pensado para aventureros: funcional, cómodo y acogedor, ideal para detenerse, curar heridas y recuperar fuerzas antes de continuar.

En la entrada principal los recibió una recepcionista con el uniforme del gremio. Áugust se adelantó.

—Habitaciones para mi grupo y para la elfa —pidió—. Tres en total.

La recepcionista solicitó los nombres de todos y revisó los registros con calma. Tras confirmar que se trataba de aventureros oficiales, entregó las llaves a Áugust

—Las habitaciones del fondo son para ustedes —indicó—. Las del ala derecha.

Sofía, Valerian y Misa acompañaron a Yui hasta su cuarto.

—Acomódate tranquila —dijo Misa—. En quince minutos nos encontramos en la sala principal para ir a los baños termales.

—Sí —respondió Yui con entusiasmo—. Estoy muy ansiosa.

El cuarto no era grande, pero se sentía cálido. Había una cama cómoda, una pequeña mesa con una silla, un baño privado y una decoración sencilla, con tonos suaves que invitaban al descanso. Yui dejó la funda de la espada junto al mango con cuidado, observó el lugar girando en su propio eje.

Pensó en lo que vendría después. En la misión de Ender. En que, justamente en ese piso, se encontraba uno de los encargos que debía cumplir. Sin embargo, no sintió apuro. Solo sonrió levemente, como si en su interior ya supiera que lo lograría.

Salió hacia la sala principal, donde el resto del grupo ya se reunía para ir a los baños termales. Mientras caminaban, Áugust habló.

—Las residencias del gremio siempre tienen esta marca —señaló un símbolo tallado en la pared—. Es el sello de Calipso. Si quieres identificar las demás, puedes pedir un mapa en la recepción.

—Es increíble cómo se organiza el gremio, incluso dentro del laberinto —comentó Yui.

—Fue una decisión tomada en una reunión de jefes de gremio anteriores —explicó Arnold—. Para mantener cierto orden, sin importar el lugar, aunque el último acontecimiento si les fue complicado (haciendo referencia al piso 6 con los esclavos).

Los baños termales se encontraban en una zona abierta, rodeados de piedra natural y vegetación baja. Sofía explicó el procedimiento antes de entrar.

—Nos van a dar una muda cómoda. La ropa de aventurero se deja en estos cajones; va directo a lavandería y cuando terminas ya está limpia.

—Aunque siempre conviene llevar una muda en el inventario —agregó Misa con naturalidad.

Las cuatro entraron al agua. La temperatura era perfecta, envolvente. El vapor subía lentamente y, al sumergirse, un suspiro compartido liberó el cansancio acumulado de los pisos anteriores.

El baño estaba al aire libre. Sobre ellas, el cielo nocturno se extendía como un lienzo oscuro salpicado de colores brillantes, como pinceladas de luz. Las estrellas parecían más cercanas.

—La noche está hermosa —comentó Valerian.

—Y esto… es demasiado relajante —añadió Sofía.

—Y todavía falta lo mejor —dijo Misa con una sonrisa—. El refresco después del baño.

Yui inclinó la cabeza con curiosidad.

— ¿Refresco?

—Es obligatorio —respondió Misa—. Ya lo vas a ver.

Después de un buen rato de charla en aguas que relajaban salieron. El gremio les proporcionó ropa ligera en una pequeña canasta con sus nombres: camisas suaves, pantalones cortos cómodos con la insignia del gremio y unas pequeñas botas esponjosas que casi no se sentían al caminar.

—Tui te ves hermosa —dijo Sofía sin dudar.

—Es verdad, no puedo dejar de apreciarla —añadió Misa.

Valerian se acercó y le ató el cabello a Yui de costado con cuidado.

—Así queda mejor, luego de un baño recogerse el pelo es relajante

Yui se sonrojó, sorprendida por los elogios y tímidamente devuelve el elogio

—Ustedes… también están muy lindas

Se reunieron con los chicos y, finalmente, cuando el refresco llegó a sus manos, Yui lo observó con curiosidad. El vaso estaba frío, con pequeñas gotas deslizándose por el costado, y el aroma dulce de la fruta era inconfundible.

Dio el primer sorbo.

Se quedó inmóvil.

Luego dio otro. Y otro más, un poco más largo.

—…Misa —dijo con total seriedad—. Tenías razón.

Misa alzó su mirada, orgullosa.

—¿Ves?

—No —continuó Yui, apretando el vaso con ambas manos—. No es solo rico. Es… es como si todo el cansancio del cuerpo decidiera rendirse al mismo tiempo.

Tomó otro sorbo, más profundo.

—Necesito uno de estos todos los días por el resto de mi vida.

Hubo un segundo de silencio.

Después, Sofía soltó una carcajada.

—Ya está exagerando.

—Un poco aunque yo reaccione igual la primera vez —agregó Arnold, riendo

—No exagero —replicó Yui con absoluta convicción—. Cada sorbo es mejor que el anterior. Es como… como si las fresas hubieran decidido sacrificarse por el bien de los aventureros.

Valerian se llevó la mano a la frente.

—Eso fue poético. Y preocupante.

Misa, en cambio, ya estaba erguida, con una mano en la cintura y el mentón en alto, creciendo en confianza con cada palabra de Yui.

—Se los dije. El refresco post-baño es sagrado.

—Sagrado —repitió Yui, asintiendo mientras bebía otro sorbo—. Beberé uno mientras tomo un baño y otro cuando salga, doble disfrute.

—Igual… —intervino Sofía, levantando su vaso—, hay que admitir que es increíble.

—Totalmente —añadió Arnold—. Exagera, sí. Pero no se equivoca.

Yui terminó el vaso con un suspiro satisfecho, apoyándolo con cuidado como si fuera un tesoro.

—Gracias, Misa —dijo con una sonrisa sincera—. Este lugar mejora cada minuto.

Misa brillaba.

Literalmente parecía más alta.

La recepcionista les avisó con una sonrisa amable que la ropa de aventura ya estaba lista. Les indicó los vestuarios correspondientes y añadió que había sido limpiada y revisada, lista para usarse sin inconvenientes.

El grupo se separó unos minutos y, cuando volvieron a reunirse, todos llevaban nuevamente su equipo habitual. Yui agradeció en silencio la eficiencia del lugar; incluso dentro del laberinto, el gremio funcionaba con una naturalidad que hacía olvidar dónde estaban realmente.

Desde allí se dirigieron a un bar del piso once. El local era amplio y cálido, construido con madera clara y piedra pulida. Había risas, conversaciones animadas y el sonido constante de platos y vasos. Aventureros y habitantes del pequeño pueblo compartían el espacio sin distinción, como si aquel lugar fuera un punto de encuentro natural para todos.

Al llegar, un empleado los condujo hasta una mesa ubicada en una esquina tranquila. Apenas se sentaron, Yui se quedó rígida por un segundo.

—Ehm… —dijo en voz baja—. Yo todavía no tengo dinero para pagar.

Arnold la miró y soltó una carcajada suave.

—De verdad eres increíble —dijo—. No te preocupes por esas cosas.

—Hoy invita el grupo —agregó Sofía—. La próxima vez, si quieres nos devuelves el favor.

Yui parpadeó un par de veces, como si acabara de volver en sí.

— ¡Entonces la próxima prometo invitarlos a todo lo que quieran comer! —dijo con energía renovada.

Áugust sonrió, satisfecho.

—Así es como habla una aventurera.

La mesa no tardó en llenarse. Platos de pollo dorado, cortes de carne bien servidos, papas asadas, ensaladas frescas, tarta de huevo y otros acompañamientos fueron ocupando cada espacio disponible. Las bebidas llegaron después, frías y abundantes.

Yui observaba todo con una mezcla de sorpresa y entusiasmo. Cuando probó el primer bocado, sus ojos se iluminaron.

La comida sabía distinta después del esfuerzo. Cada sabor parecía más intenso, más merecido. El grupo comía con ganas, sin prisas, comentando detalles del combate anterior, riéndose de anécdotas pasadas y compartiendo historias menores que no necesitaban dramatismo para ser valiosas.

Yui comía en silencio por momentos, disfrutando de la escena. No solo de la comida, sino de la compañía. De sentirse parte de algo simple y genuino.

Las bebidas circularon con naturalidad. Todos eran mayores de edad, pero Yui se mantuvo con refrescos. Las chicas le comentaron, entre risas, que su primera bebida alcohólica sería en otra ocasión, juntas, en una noche tranquila.

—De acuerdo, si eso nos hace mas cercanas me parece perfecto. —Responde Yui con una cara satisfecha del ambiente

—Tú sí que entiendes Yui. —Dijo Valerian

Con el paso del tiempo, los platos quedaron casi vacíos. Cada uno terminó con una bebida en la mano, apoyado en la silla, relajado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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