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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 25

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Capítulo 25: Misterios

Áugust levantó ligeramente su vaso y miró a Yui.

—Bueno —dijo con calma—. Ahora que comimos y descansamos un poco… es momento de explicarte qué es realmente el piso once con este ambiente ligero es ideal.

Áugust apoyó el vaso sobre la mesa y miró a Yui con atención antes de comenzar, como si ordenara sus ideas para no abrumarla.

—Bien —dijo—. Empecemos por lo básico. Ya lo viviste, pero es importante tenerlo claro. Cada diez pisos hay un jefe. Cada once, una sala de descanso. Es una regla que se mantiene en toda la torre.

Yui asintió lentamente.

—Lo que no todos entienden —continuó Áugust— es que ambas cosas escalan juntas. A medida que los jefes se vuelven más peligrosos, las salas de descanso también se vuelven más difíciles de alcanzar. No por los monstruos, sino por lo que representan.

Arnold asiente con seriedad.

—Cada piso de descanso es, para muchos, el límite real de un aventurero.

—Exacto —confirmó Áugust—. Estos pisos no están pensados solo para detenerse a dormir. Son el punto más profundo al que llega la mayoría. Algunos nunca pasan de ahí.

Yui bajó la vista hacia su bebida, pensativa.

—Como ya notaste —siguió Áugust—, cada uno tiene un ecosistema distinto. Climas propios, cielos que no deberían existir dentro de un laberinto, biomas completos. Estos pisos son relativamente tranquilos.

—Al menos es lo que creemos —repitió Sofía

Áugust sonrió apenas.

—Nosotros aún no llegamos al piso veintidós, pero los que sí lo hicieron dicen que es similar a este. Una aldea más grande… y una playa al final.

—Definitivamente llegaremos a esa hermosa playa—interrumpió Misa, alzando la voz

Valerian rió por lo bajo.

—Ese es un buen ejemplo —retomó Áugust—. Hay aventureros cuyo único objetivo es alcanzar ciertos pisos de descanso. No para seguir bajando, sino para quedarse.

Yui alzó la mirada.

—¿Quedarse… a vivir?

—Sí —respondió Sofía—. Algunos dejan su vida afuera y se establecen aquí.

—Cuando alguien llega a pisos más profundos —explicó Áugust—, normalmente ya a ganado. Tiene recursos, experiencia, contactos. Puede entrar y salir del laberinto sin problemas. Y los recursos de estos pisos son valiosos.

Arnold enumeró con los dedos.

—Minerales raros, plantas únicas, núcleos especiales.

—Y con eso —añadió Valerian— el dinero no sería un problema.

—Herreros, sastres, alquimistas —continuó Áugust—. Incluso venta de hechizos. El laberinto no es solo un lugar de combate. Es un submundo completo.

Yui escuchaba con los ojos bien abiertos.

—Cuando preguntaste por el cielo —dijo Áugust—, no fuiste la única. Ni nosotros ni el gremio sabemos exactamente qué es. Algunos dicen que estos pisos están conectados a pequeñas dimensiones atrapadas. Otros creen que es una ilusión extremadamente compleja.

—Pero nadie lo sabe con certeza —concluyó Sofía.

—Lo que sí sabemos —añadió Áugust— es que estos pisos están hechos para descansar, conseguir información, comprar, vender… comenzar una nueva vida, tal vez la que siempre soñaste.

Se inclinó un poco hacia Yui.

—Y algo importante: no aceptaré que pagues una sola moneda hoy.

Yui no comprendía.

—En la recepción del gremio puedes vender los núcleos de los monstruos que venciste. Según el tamaño y el color, cambia el valor.

—¿Los núcleos… se venden? —preguntó Yui, elevando la voz sin darse cuenta.

Las chicas se miraron entre sí, sorprendidas.

—¿Cómo que no sabías eso? —Exclamó Sofía—. ¡Lo explican al darte la licencia!

—Incluso te lo repiten —agregó Misa—. Varias veces.

Yui se encogió sobre sí misma.

—Estaba tan emocionada cuando obtuve la licencia… y con entrar al laberinto… que no recuerdo mucho de lo que dijeron —admitió—. Y la guía solo la leí hasta el piso nueve. Quería sorprenderme con el jefe.

Arnold soltó una carcajada sincera.

—Definitivamente estás llena de sorpresas.

—Sí que eres interesante —añadió, negando con la cabeza.

Áugust se llevó una mano al rostro.

—Tuviste mucha suerte de encontrarte con nosotros.

Valerian la miró con curiosidad.

— ¿Y qué habrías hecho si no esperábamos al principio de piso?

Yui respondió sin dudar, con una sonrisa firme y algo pícara.

—Sencillo, habría avanzado al piso doce.

Hubo un silencio breve.

— ¿Saben qué es lo que da miedo? —dijo Misa, con voz temblorosa—. Que dice la verdad.

Arnold negó con la cabeza.

—No subestimes los pisos de descanso —le dijo—. Son la clave para sobrevivir más abajo.

Áugust bebió un largo trago antes de continuar.

—Voy a tomar eso como una broma —dijo—. Pero hay algo más que tienes que saber. Los jefes de piso no pueden cruzar entre niveles. El del piso diez no puede ir al nueve ni al once. Lo mismo pasa con los monstruos del doce: no pueden llegar aquí.

—¿Por qué? —preguntó Yui.

—Por las runas —respondió Áugust—. Están talladas en las entradas. No se pueden destruir ni extraer. De ninguna manera.

Hizo una pausa.

—Y lo último: Hay algo más que conviene entender sobre cómo está construido el laberinto —dijo—. El cambio que vas a notar a partir del piso doce no es casual.

Yui levantó la vista con atención.

—Desde el piso doce en adelante —continuó—, los niveles comienzan a transformarse según el ecosistema del próximo piso de descanso. Es como si el laberinto preparara a los aventureros… y a los monstruos.

Arnold asintió.

—No es un cambio brusco. Es progresivo.

—Exacto —confirmó Áugust—. Nosotros llegamos hasta el piso diecinueve, y en ese trayecto ya se notan señales claras. Aparecen lagos, zonas húmedas, corrientes de agua. Incluso hay cataratas internas, completamente formadas dentro de la torre.

—Y monstruos acuáticos —agregó Sofía—. Criaturas que no tendrían sentido en un entorno rocoso.

Yui se pone más seria.

—Todo eso existe porque el ecosistema del piso veintidós es distinto —explicó Áugust—. Esa playa de la que se habla no es solo un paisaje agradable. Define lo que ocurre en los pisos previos.

Valerian se apoyó en el respaldo de la silla.

—El laberinto parece funcionar por zonas de influencia.

—Esa es la deducción —continuó Áugust—. Los pisos anteriores se van adaptando poco a poco al entorno que viene. No solo el terreno cambia, también lo hacen las criaturas.

—Si lo piensas, desde el piso uno hasta el nueve todo fue rocoso. Terreno seco, cuevas, paredes irregulares. Los enemigos también seguían ese patrón: criaturas adaptadas a ese tipo de entorno.

Yui recordó los esqueletos, los jabalíes, los lobos.

—El piso diez fue un cierre de esa etapa —añadió Arnold—. Un jefe que representaba bien ese ecosistema.

—Y el once —continuó Áugust— es la transición. Un lugar para recuperar fuerzas antes de entrar en una zona completamente distinta.

Sofía cruzó los brazos.

—A partir del doce, encontraras variedades.

—Por eso —concluyó Áugust—, muchos aventureros se quedan en los pisos de descanso. No solo por comodidad, sino porque cada cambio de ecosistema exige adaptarse de nuevo. Equipo distinto, estrategias nuevas, incluso otra forma de moverse.

Yui guardó silencio unos segundos, procesando la información y viendo al laberinto como un escape hacia una nueva vida y no solo como una zona de guerra.

Áugust levantó ligeramente su vaso y miró a Yui con una expresión distinta, más seria, pero no incómoda.

—Ahora es tu turno… —dijo— hay algo que nos gustaría escuchar de tu propia boca.

Yui alzó la vista, atenta.

—Todos estuvimos en la ceremonia en Akron —continuó—. Y vimos quién fue presentada como la heroína que puso fin al tráfico de esclavos. Pero más allá del título… queremos saber cómo lo viviste tú.

Sofía asintió enseguida.

—Sí —agregó—. Te veías muy nerviosa. Pálida incluso. Como si en cualquier momento fueras a desaparecer.

—No parabas de mirar al suelo —añadió Valerian—. Yo pensé que te ibas a desmayar.

Yui soltó una pequeña risa, algo avergonzada, y bajó la mirada hacia su vaso.

—Porque quería hacerlo —admitió

Las chicas la miraron con sorpresa, pero no la interrumpieron.

—Todo eso fue demasiado para mí —continuó Yui con honestidad—. Yo no hice nada sola. De verdad. Si algo se logró, fue gracias a la diosa Mora… y al grupo que llevaba mucho tiempo investigando y enfrentándose a eso. Yo solo estuve allí cuando todo llegó a su punto final.

Hizo una pequeña pausa, como ordenando sus pensamientos.

—Si no se trabaja en conjunto, nada de eso hubiera sido posible. Mi aporte fue mínimo.

El silencio que siguió no fue incómodo. Fue pesado.

— ¿Mínimo? —Repitió Valerian, incrédula—. Yui… llegaste sola al piso once. Sin apoyo. Sin grupo. Eso ya te pone muy por encima del promedio.

—Exacto —añadió Misa con suavidad, pero firme—. Alguien así no puede decir que su aporte fue pequeño.

Yui negó despacio.

—De verdad creo que fue suerte.

Arnold dejó su vaso sobre la mesa con un golpe seco, sin agresividad, pero con convicción.

—No —dijo—. La suerte no tiene nada que ver con alguien que derrotó al jefe del piso diez y llegó aquí completa.

Yui abrió la boca para responder… pero no tuvo tiempo.

—¿Perdón que interrumpamos?

La voz venía de una mesa cercana. Tres aventureros se habían puesto de pie. El que habló parecía su líder: alto, mirada dura, brazos cruzados.

—No queríamos entrometernos —continuó—, pero escuchamos parte de la conversación.

Áugust levanta la mirada hacia su persona, atento, sin ponerse a la defensiva.

—Somos un grupo fuerte en Akron —siguió el hombre—. Y creemos que, si el gremio no hubiera tenido favoritismo, nosotros deberíamos haber sido los reconocidos frente a toda la ciudad si nos hubieran llamado para ayudar.

El ambiente del bar se tensó ligeramente. Algunas conversaciones cercanas se apagaron.

Yui se levantó de su asiento.

No con brusquedad. No con enojo.

Con calma.

—Gracias —dijo, inclinando levemente la cabeza—. De corazón.

El líder parpadeó, descolocado.

— ¿Eh?

—Gracias por tener esa predisposición —continuó Yui, con voz firme y seria—. No todos están dispuestos a involucrarse en temas tan difíciles.

Se enderezó y los miró a los tres.

—Pero quiero aclarar algo. Este no fue un tema visible para el gremio desde el inicio. La diosa Mora lo viene trabajando desde hace mucho tiempo. Cuando el gremio se enteró… actuó en el momento culminante. Nada más.

Hizo una breve pausa.

—Y si alguna vez vuelve a ocurrir algo así —añadió, esta vez con una sonrisa sincera—, estaré encantada de que un grupo tan fuerte como el suyo se sume a ayudar. Esto no es una competencia.

Los tres aventureros se miraron entre sí. La tensión se desinfló casi de inmediato.

El líder bajó la cabeza.

—…Tienes razón —dijo—. Nos dejamos llevar. Actuamos pensando solo en Akron, no en reconocimiento.

Suspiró.

—Perdón por entrometernos así.

—No hay problema —respondió Yui.

El hombre giró hacia la barra.

—¡La siguiente ronda corre por nuestra cuenta!

Algunos aplausos suaves se escucharon. Varias personas se acercaron a saludar a Yui, a agradecerle, a dedicarle palabras simples pero sinceras. Ella respondió a todas con la misma humildad, sin alardes, sin sentirse superior.

La noche avanzó tranquila. Las conversaciones se apagaron de a poco. Uno a uno, los aventureros se retiraron hacia sus habitaciones.

Cuando Yui llegó a la suya, encontró ropa cómoda doblada sobre la cama. El sello del gremio estaba bordado con discreción.

Se cambió despacio. El cansancio, ahora que todo había terminado, cayó de golpe.

Se acostó.

Y apenas tocó la almohada, el sueño la venció.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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