Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 26
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Capítulo 26: Piso 11 completado
Yui despertó con la sensación de haber dormido profundamente, la sensación de haber descansado sin apuros era clara.
La habitación del gremio estaba bañada por una luz suave que entraba desde la ventana. El cielo del piso once tenía un tono claro, tranquilo, casi perezoso, como si aquel lugar se negara a apurarse. Permaneció unos segundos acostada mirando el techo relajada, respirando despacio, sintiendo el peso agradable del cansancio acumulado en el cuerpo.
—Hoy es el día, la prueba de Ender comienza… —murmuró.
Se levantó, se lavó el rostro y comenzó a alistarse sin prisas. Ajustó su ropa, sus dedos se detuvieron un instante sobre el mango de la espada rota. Sentía un poco de tristeza pero estaba segura de que Ender entendería que sucedió por un buen motivo.
Cuando salió al pasillo, se encontró con Áugust apoyado contra una de las columnas del corredor principal. Tenía los brazos cruzados y una expresión tranquila, como si llevara allí un rato.
—Buenos días, Yui —saludó—. Supuse que madrugarías.
—Buenos días —respondió ella, algo sorprendida—. ¿Me estabas esperando?
—Curiosidad —admitió—. Quería saber qué planeabas hacer hoy… y si podía acompañarte.
Yui algo confundida antes de responder.
—Claro, tengo que cumplir una prueba —dijo—. Una prueba importante para mí. En este piso se encuentra un roble especial. Necesito obtener una rama iris del roble del piso.
Áugust sorprendido pero interesado.
—Vaya, creo que ya lo entiendo… —murmuró—. No es algo que se tome a la ligera.
—En pisos bajos, esas ramas suelen ser un objeto normal para la creación de armas. Si fuera del piso 55 en adelante, sería un objeto realmente valioso. Aquí… digamos que es algo sencillo.
—Eso no me preocupa —respondió Yui con naturalidad—. Mi herrero me la pidió por algo en especial.
Áugust la observó de reojo.
—Tu forma de ver las cosas… es interesante.
Tras unos pasos de silencio, Áugust habló de nuevo.
—Dime algo, Yui. ¿Usaste el poder de la diosa para vencer al jefe del piso diez?
—No —respondió ella sin vacilar—. No hice ningún pacto.
Áugust se detuvo por completo.
—Eso es imposible.
Yui también se detuvo y lo miró con calma.
—No te estoy mintiendo. Gané gracias a mi espada… aunque se desintegró al final del combate.
Áugust negó lentamente, llevándose una mano a la frente.
—Tiene que ser una broma…
— ¿El resto de tu grupo? —preguntó Yui.
—Arnold sigue durmiendo —respondió él con una leve risa—. Y las chicas están en los baños termales. Les encanta ese lugar, dicen que es lo más relajante del piso.
Yui sonrió.
— ¿Por qué decidiste acompañarme? —Preguntó entonces—. Tal vez al despertarme hoy temprano me hubiera marchado al piso 12.
Áugust reanudó la marcha.
—Porque me interesas —dijo sin rodeos—. Y si te fueras te detendría un día más porque este piso es más complejo de lo que parece. Mucha información se pierde si solo se está de paso.
El roble apareció ante ellos tras una larga caminata.
Estaba ubicado en un campo amplio cubierto de flores de distintos colores. El viento las mecía suavemente, creando un murmullo constante. El árbol en sí parecía común, robusto, antiguo… pero completamente desnudo. No tenía hojas. Ni una sola.
—Este es —dijo Áugust—. El árbol elemental como es apodado, aunque la mayoría solo conseguimos el recurso normal.
Se acercaron.
—En cada piso de descanso —explicó—, el aventurero debe entregarle aura. El árbol la canaliza hacia una rama específica. Esa rama cambiará de color. Esa será la tuya.
— ¿A qué te refieres cuando dice el recurso normal? —preguntó Yui.
—Si bien se llama árbol elemental cualquiera con influir aura puede conseguir el recurso aunque es más aprovechado por quienes tienen un elemento y no todos poseemos esa suerte, de mi grupo Arnold posee el fuego y Misa el agua, sus armas contienen la ayuda de este roble.
—No lo sabía aunque es excelente que todo mundo pueda recibir parte de utilidad—Dijo Yui
La elfa apoyó ambas manos sobre el tronco.
Cerró los ojos.
Liberó aura con cuidado, sin forzarla. Sintió cómo el árbol respondía, absorbiendo su energía con una suavidad casi reverente. Su respiración se volvió lenta, estable.
—Yui… —la voz de Áugust llegó desde el otro lado—. Está funcionando.
Una rama comenzó a brillar con un verde claro, distinto al resto del tronco. El color se intensificó hasta que, con un sonido seco y natural, la rama se desprendió por sí sola y cayó al suelo.
Yui cortó la conexión de inmediato.
Tomó la rama entre sus manos.
—Solo dice “Rama iris del roble”.
—Es normal —dijo Áugust—. Los objetos importantes rara vez explican su valor, por eso es importante guardar todo en el inventario.
Yui la guardó de inmediato.
—Estoy lista para avanzar al siguiente piso ya mismo.
—Ni hablar —respondió él—. Todavía queda mucho por ver.
—Era broma —respondió Yui
Pasaron el resto del día recorriendo el piso once.
Áugust le mostró los lugares de intercambio, los puestos de información, talleres, dominios del gremio y zonas donde los aventureros solían reunirse. Yui observaba todo con atención, absorbiendo cada detalle.
—Este piso no es solo para descansar —comentó ella
—Exacto —asintió Áugust—. Muchos nunca pasan de aquí. Y viven bien.
Cuando el sol comenzó a bajar, Áugust la llevó a un pequeño puesto.
—Antes de volver —dijo—. Tienes que probar esto.
Era un raspado helado de frutas.
Yui dio una cucharada… y sus ojos se iluminaron.
—Esto es increíble.
—Lo sabía —sonrió él.
Al regresar a la residencia, se encontraron con Arnold y las chicas.
—Miren nada más —dijo Sofía—. Todo el día juntos.
—Nuestro líder está muy aplicado —añadió Misa con una sonrisa burlona.
Áugust no lo negó.
—Claro que si, ella me interesa además quiero que Yui se una a nuestro grupo —dijo con firmeza.
Yui los miró con calma.
—No planeo unirme a ningún equipo aún, quiero ver de que soy capaz por mi cuenta —respondió—. Pero… cada vez que pueda y si me invitan, me uniré con gusto.
Hubo un segundo de silencio.
Luego, festejos.
— ¡Eso cuenta! —exclamó Sofía.
—La llamaremos seguido —dijo Áugust, satisfecho.
—Me ayudará mucho ver el funcionamiento de otro grupo aparte del de la diosa—respondió Yui.
— ¿Hasta qué piso planean ir? —preguntó ella.
—Hasta el diecinueve —respondió Arnold—. Queremos dominar ese tramo antes de enfrentar al jefe.
Yui abrió los ojos, maravillada.
— ¿Puedo unirme en su continuidad? Necesito conseguir el objeto cristalmenta del piso 13.
Valerian suspiró.
—Es difícil de conseguir, las criaturas que dejan ese objetos son raros de aparecer.
—Pero lo intentaremos —afirmó Sofía.
Se reunieron alrededor de la mesa principal. Áugust comenzó a planificar:
—Curadora y maga atrás. Yui al frente de ellas. Escudos y espada adelante. Iremos piso por piso, antes de avanzar al siguiente descansaremos. Luego de llegar al piso 19 nuestro destino será el piso 13y buscaremos ese objeto.
Las chicas llevaron a Yui a los baños termales. Luego, la invitaron a pasar la noche con ellas.
Rieron, charlaron, comieron y compartieron historias.
La mañana llegó de forma suave al piso once.
En una de las habitaciones del ala derecha del gremio, la luz filtrada por la ventana iluminó un pequeño caos: mantas desordenadas, almohadas compartidas y cuatro cuerpos dormidos ocupando casi toda la cama. Yui abrió los ojos lentamente y tardó un segundo en recordar dónde estaba.
Luego sonrió.
Sofía dormía boca arriba, con un brazo extendido ocupando más espacio del necesario. Valerian respiraba de forma tranquila, el cabello suelto sobre la almohada. Misa estaba girada hacia Yui, con expresión serena, como si incluso dormida siguiera cuidando de todos.
—Dormimos juntas de verdad… —pensó Yui, sin moverse.
Había sido una noche ligera, llena de risas y conversaciones sin peso.
— ¿Ya es de día…? —murmuró.
—Sí —respondió Yui en voz baja—. Hora de prepararnos.
Eso bastó.
En pocos minutos, el cuarto volvió a llenarse de movimiento. Risas apagadas, estiramientos, comentarios sueltos sobre lo bien que habían dormido. Se prepararon juntas, sin prisas pero con una energía distinta: la de quienes saben que hoy vuelven a avanzar.
Antes de bajar, Yui se detuvo.
—Voy a pasar un momento por mi habitación —avisó—. Ya las alcanzo.
Cruzó el pasillo sola.
Al entrar, el cuarto estaba tal como lo había dejado. Se acercó a la mesa y tomó el estuche donde había guardado el mango de su espada rota. Lo sostuvo unos segundos entre las manos.
Guardó el estuche y el mango en su inventario con cuidado y salió.
En la sala principal del gremio, las chicas ya estaban reunidas cuando la puerta se abrió una vez más. Áugust y Arnold entraron juntos, cargando mochilas adicionales. Su presencia cambió el ambiente al instante.
Sofía fue la primera en hablar.
— ¿Dónde se metieron tan temprano?
Arnold dejó una de las mochilas sobre la mesa.
—Provisiones —respondió—. Si vamos a llegar al piso diecinueve, más vale hacerlo bien.
Áugust asintió.
—Pócimas, raciones y algunos repuestos. Nada lujoso, pero suficiente.
Arnold se giró hacia Yui y sacó algo envuelto en tela oscura.
—Toma.
Yui lo recibió y abrió el envoltorio. Una espada corta, sencilla, equilibrada.
—No era necesario… —comenzó.
—Para un miembro del grupo, sí lo es —la interrumpió Arnold—. Y si tu otra espada se hizo trizas con tu estilo, no quiero imaginar cuánto soportará esa espada, en este piso no son muy buenas.
Yui apretó la empuñadura.
—Aún así tu gesto es lo que cuenta, la utilizaré de la mejor manera —dijo—. Gracias Arnold.
Arnold asintió y el recorrido hacia la entrada del siguiente piso fue en un parpadeo.
Áugust dio entonces un paso al frente. El tono cambió.
—Escuchen bien. Piso doce.
Todos prestaron atención.
—Desde aquí el entorno empieza a transformarse. Agua, humedad, zonas donde el terreno puede engañar. Hay monstruos que usan el agua como camuflaje.
Valerian cerró su grimorio con firmeza.
—Slimes y sapuls —continuó Áugust—. Los slimes atacan cuerpo a cuerpo. No son fuertes, pero sus embestidas son de lo peor. En grupo pueden inmovilizar.
Arnold añadió:
—No los subestimen.
—Los sapuls atacan a distancia con bombas de agua y usan la lengua como látigo —siguió Áugust—. Si saltan y se acercan demasiado, el combate se vuelve molesto y desgastante.
Miró a cada uno.
—Formación clara. Comunicación constante. ¿Entendido?
—Entendido —respondieron todos.
La puerta al piso doce se abrió con un sonido húmedo, casi como un suspiro.
Yui dio un paso al frente, espada corta en mano, y cruzó junto al grupo.
El piso doce los esperaba.
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