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Destino terra: El camino de Yui - Capítulo 7

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7: Siguiente parada Akron 7: Siguiente parada Akron Por la mañana siguiente antes que Yui tomara un baño para partir.

Aerion le dejó un traje junto a unas botas y capa en la sala previa a la ducha.

Le preparo un pequeño bolso con provisiones y dinero.

Incluso había algo más que debía darle a la elfa antes de partir.

Yui al salir del baño ve su atuendo nuevo, feliz sobre cómo le quedaba agradece a su maestro por el detalle a lo que este le responde: —Tu vestimenta es de ese color por Eldoria, no estaba seguro en el tipo de diseño pero en cuanto vayas conociendo el tipo de vestimenta que existe en las distintas ciudades cámbiala La elfa del viento estaba maravillada por su vestimenta que apenas había escuchado a su maestro —Yui agregue una espada corta a tu equipo, una vez llegues a la ciudad de Akron procura investigar e indagar sobre las armas, cual será la ideal para ti aun no lo sé pero es algo que tú misma deberás descubrirlo.

Esta espada corta al igual que la gran mayoría de las armas también puede combinarse con aura y ser letal.

Las armas débiles no resisten mucho a un nivel superior y una superior tal vez no podría dar el efecto que necesitas debido a la falta de poder.

Por eso mismo infórmate de las armas existentes, cuales quieres, como mejorarlas, objetos para su afinidad de mejoras en efectos y hasta efectos secundarios —Gracias maestro y no te preocupes por mí, estaré bien te lo prometo.

Te enviaré cartas.

Con una brisa que parecía empujar a Yui hacia adelante.

Por primera vez desde que despertó en este mundo, caminaba sola… pero sin sentirse completamente perdida.

El bosque que rodeaba el camino hacia Akron estaba vivo, lleno de murmullos y vibraciones que su habilidad de percepción comenzaba ahora a reconocer más claramente.

Mientras caminaba, Yui enfocó su respiración, intentando moldear su aura con la fluidez que Aerion le había enseñado.

Pequeñas ondas de energía se expandían desde ella… pero algo estaba fuera de lo común.

Un escalofrío sutil.

Una interferencia.

Un latido extraño que no era suyo.

Yui se detuvo, mirando a su alrededor.

—… ¿Qué es esta sensación?

Era como si, más allá de su rango habitual, hubiera presencias que antes no podía detectar.

No amenazantes… pero sí diferentes.

Como ecos.

Como recuerdos de algo antiguo.

Su percepción, recién nacida, ya estaba cambiando.

Mientras tanto, en la aldea, el cielo comenzó a alterarse.

Las nubes se desplazaron en espirales suaves pero antinaturales, obedeciendo a una voluntad superior.

El viento se elevó sin violencia, casi reverente, y una presión invisible descendió sobre el lugar, haciendo vibrar hojas, ramas y tejados.

Tres figuras se manifestaron frente a la morada de Aerion, emergiendo entre nubes blancas que se disipaban lentamente.

La primera era una mujer de presencia serena y dominante.

Su cabello largo y plateado caía suavemente a ambos lados de su rostro y hombros, meciéndose con una brisa que parecía existir solo para ella.

Dos adornos con forma de alas estilizadas, en tonos oscuros, sujetaban parte de su cabello.

Su piel clara contrastaba con sus grandes ojos color ámbar, donde brillaba una calma profunda, acompañada de una leve sonrisa amable.

Vestía un sencillo vestido blanco con delicados detalles dorados, y alrededor de su cuello llevaba una gruesa gargantilla dorada que irradiaba un aura antigua.

Sairin, diosa del viento.

A su lado se encontraba su mano derecha, un seguidor de aura refinada y estable, firme como una corriente constante.

Unos pasos detrás, otro adepto de menor rango observaba el lugar con evidente tensión, sobrecogido por la energía residual que aún flotaba en el aire.

Aerion salió a recibirlos sin mostrar sorpresa.

—Sabía que vendrías —dijo con calma—.

Los vientos nunca saben guardar secretos.

Sairin recorrió la aldea con la mirada.

Observó los restos de estructuras dañadas, los árboles partidos y aquella huella invisible que aún impregnaba el ambiente: un poder que había rozado lo divino sin pertenecerle.

—Se te metió un huracán en la aldea —comentó entre risas suaves—.

Es broma… pero definitivamente fue alguien en pleno aprendizaje.

Y veo a su maestro frente a mí, ¿verdad?

Aerion asintió despacio.

—No se te escapa nada.

Aunque la responsable… ya se marchó.

La diosa giró el rostro hacia él.

— ¿La dejaste ir?

—Dijo con una expresión de sorpresa.

—Cuéntame sobre esa persona —Es una elfa de mi tierra natal, como tu bien sabes Eldoria es una aldea pacifica oculta por un gran bosque y pilares que ocultan su existencia solo conocida por dioses, ¿Magos y guerreros?

Eso no existe allí, simplemente hay personas con el mana suficiente para vivir una vida de paz y tranquilidad.

Pero aquí llegó ella, una elfa con un talento escondido que fue liberado gracias a un odio y deseo de venganza.

Quiero que conozca este mundo y cambie ese único motivo que ahora mismo tiene para vivir —Ya veo, Su aura es la de un huracán naciente —continuó Sairin—.

Bajo mis alas podría convertirse en alguien verdaderamente asombrosa.

Aerion sostuvo su mirada sin vacilar.

—Tomó su propia decisión.

Cuando llegue a Urano… quizás puedas contactarla.

El viento se intensificó por un instante, respondiendo al pensamiento de la diosa.

—Has liberado algo peligroso, Aerion.

Un viento sin rumbo puede arrasar ciudades enteras.

Debiste enseñarle más.

—Lo sé —respondió el mago sin excusas—.

Pero enseñarle todo habría significado encadenarla… incluso encerrarla nuevamente.

Sairin guardó silencio.

Luego exhaló despacio, y la brisa que nació de su aliento se dispersó con suavidad.

—Siempre tan terco —Dijo—.

Por eso sobreviviste tanto tiempo entre dioses.

La tensión se disipó.

Ya no se miraban como deidad y elfo, sino como viejos conocidos que habían compartido mesas, discusiones y silencios en Urano.

—Si pierde el control otra vez —dijo Sairin con una sonrisa arrogante, medio en broma—, intervendré… y me la quedaré.

—Lo entiendo —respondió Aerion—.

Mucha suerte con eso.

Ella aún es una niña en aprendizaje pero mi temor es que su personalidad de vuelva aun más fría por eso decidí que siguiera su propio camino  La diosa dio media vuelta, pero se detuvo antes de partir.

—Dime, Aerion… ¿Extrañas a mi hermana?

El mago bajó la cabeza.

—Cada día de mi vida.

Sairin sonrió con suavidad.

—Ella nunca te culpó por lo que ocurrió —añadió—.

No es necesario que sigas haciéndolo tú.

Luego, recuperó su tono ligero.

—Bueno, nos retiramos.

Estamos en una misión bastante importante y, justo… justo, logré percibir estos vientos tan llamativos.

—Supongo que es una misión de grado UR, si contigo vienen Arqueon y Lerante —comentó Aerion.

—Es supe secreto —respondió ella con una sonrisa traviesa—, pero te lo diré.

Hay rumores sobre el nacimiento de una Bestia.

No estoy segura aún.

Hemos rastreado varios perímetros donde hubo avistamientos, pero mis vientos no detectan nada claro.

Los ataques ocurrieron en lugares… peculiares.

Demasiado calculados para mi gusto.

—Si se trata de un semi humano que logró evolucionar —reflexionó Aerion—, podría estar nivelando su aura para no ser detectado.

Aunque sería extraño que los destrozos fueran tan contenidos.

—Quién sabe —respondió Sairin encogiéndose de hombros—.

Mientras no me toque a mí, estoy contenta.

Bueno… nos marchamos.

Adiós, viejo amigo.

Antes de desaparecer entre las corrientes ascendentes, la diosa dejó caer un plano a los pies de Aerion.

En él estaban marcados, con precisión inquietante, los lugares atacados.

Aerion se percató de inmediato, las marcas no estaban puestas al azar.

Cada punto señalaba un ataque menor: caravanas asaltadas, puestos comerciales destruidos, pequeñas fortalezas abandonadas, aldeas saqueadas sin patrón evidente.

Sin embargo, al unirlos mentalmente, Aerion lo comprendió.

—No son ataques… —murmuró—.

Son advertencias.

Los puntos formaban un movimiento de cerco, una red que empujaba lentamente todo hacia un único destino.

Akron.

La ciudad donde Mora había establecido su dominio.

La ciudad donde el comercio legal convivía con un mercado negro profundamente arraigado.

Y la ciudad donde la esclavitud, aunque oficialmente prohibida, seguía respirando en las sombras.

—Así que ese semihumano… estaba marcando guaridas.

Akron se alzaba como una ciudad de mármol gris y torres altas, atravesada por canales y puentes.

De día, parecía un símbolo de orden y prosperidad.

De noche, sus callejones se transformaban en venas oscuras donde lo inesperado podía pasar pero controlado por el grupo de la diosa y sus patrullajes La diosa Mora, había descendido a Akron años atrás con un objetivo claro: Crear héroes y heroínas, pero su principal batalla era erradicar el mercado negro de esclavos.

No como un capricho, sino como una justiciera que evitaba ataques a aldeas y la separación de familias —No puedo destruir lo que no comprendo —decía a sus seguidores—.

Y no puedo juzgar sin pruebas.

Por eso la diosa Infiltró.

Observó.

Esperó.

Yui llegó sola a las puertas de Akron.

Las murallas de la ciudad se alzaban imponentes, construidas con piedras claras y reforzadas por vetas metálicas que brillaban suavemente bajo la luz del día.

A diferencia de otras ciudades que había visto en su viaje, Akron no mostraba signos de desgaste ni abandono.

Las torres de vigilancia estaban limpias, las banderas ondeaban sin rasgaduras y los guardianes mantenían una postura firme, atenta pero no hostil.

Al cruzar el puente de acceso, dos guardias le cerraron el paso con cortesía.

—Licencia de ingreso, por favor.

Yui parpadeó, confundida.

— ¿Licencia?

Antes de que pudiera explicar más, una voz femenina intervino desde un costado.

—Lo siento, yo me hago cargo de ella.

Es una conocida y se registrará en el gremio hoy mismo.

Una joven de cabello azul se acercó con paso seguro.

Vestía ropas funcionales, propias de alguien acostumbrado a moverse por la ciudad, y llevaba en el cuello un pequeño símbolo grabado con una llama estilizada.

Los guardias la reconocieron de inmediato y asintieron, haciéndose a un lado.

—Pueden pasar.

La joven se giró hacia Yui y la observó con atención, como confirmando algo que ya sabía.

—Bienvenida.

Mi nombre es Risa —dijo—.

Soy seguidora de la diosa Mora.

Ella me encomendó recibirte por recomendación del mago Aerion.

Una elfa de cabello esmeralda, vestida de blanco, llamada Yui.

Yui sostuvo su mirada sin mostrar sorpresa.

—Estás en lo correcto.

Risa sonrió levemente y le indicó que la siguiera.

Al ingresar, Yui pudo apreciar la ciudad.

Las calles estaban cuidadas y se extendían en amplias avenidas que conectaban distintos distritos.

Comercios bien organizados, talleres, posadas y mercados convivían en un equilibrio casi perfecto.

No había gritos innecesarios ni caos; incluso el bullicio parecía medido.

Era una ciudad intermedia pero cálida Sin embargo, Yui lo percibió.

Algo no encajaba del todo.

Su habilidad de percepción captaba pequeñas anomalías: zonas donde el flujo de personas se cortaba de forma abrupta, miradas que se desviaban demasiado rápido, callejones que parecían evitar ser transitados.

Akron era ordenada, sí… pero también contenida, como si algo estuviera cuidadosamente oculto bajo esa calma.

—Es una ciudad viva —comentó Risa mientras caminaban—.

Muchos vienen buscando oportunidades… otros buscando desaparecer.

Yui no respondió, pero guardó esas palabras.

El gremio de aventureros se encontraba cerca del centro de la ciudad, en un edificio amplio de varios pisos, con una fachada adornada por emblemas antiguos.

Al entrar, el ambiente cambió: el murmullo de conversaciones, el sonido de metal y pergaminos, y la presencia de individuos de distintas razas llenaban el lugar.

Risa se acercó al mostrador principal.

—Registro nuevo —anunció.

Una recepcionista de expresión serena levantó la vista y observó a Yui con atención profesional.

Tras un breve intercambio de palabras con Risa, se giró hacia la elfa.

—Para crear tu licencia debes pasar por la prueba de Evaluación divina —explicó—.

En ella se medirán tus estadísticas iniciales mediante un sello aprobado por el dios Calipso Yui recordó las palabras de su maestro al respecto.

—Lo sé muy bien, estoy de acuerdo —Independientemente de los resultados, todos los nuevos aventureros comienzan en el rango F.

Es un protocolo estándar.

Sin esperar respuesta, les indicó que la siguieran.

Fueron conducidas a una sala amplia, separada del resto del gremio.

En el centro del lugar había un círculo grabado en el suelo, compuesto por runas antiguas que emitían una luz tenue y constante.

Junto al sello aguardaban tres personas.

Un hombre de complexión robusta y mirada firme se encontraba de brazos cruzados.

—Ese es el jefe del gremio —susurró Risa—.

Presencia todos los registros.

A su lado, dos recepcionistas de mayor rango observaban el círculo con atención, listas para asistir en el proceso.

—Puedes avanzar —indicó una de ellas.

Yui dio un paso al frente y se colocó en el centro del sello.

La piedra bajo sus pies respondió de inmediato, iluminándose con un brillo suave.

—Cuando el sello se active —explicó la recepcionista— deberás declarar en voz clara: nombre completo, raza y elemento principal y oficio.

El ambiente se volvió silencioso.

Las runas comenzaron a brillar, elevando una ligera presión en el aire.

—Procede —ordenó el jefe del gremio.

Yui respiró hondo.

—Yui Cronos —dijo con firmeza—.

Raza: elfa.

Elemento: viento.

El sello reaccionó al instante.

Una luz esmeralda recorrió las runas, y un viento suave se levantó dentro del círculo, girando alrededor de su cuerpo sin descontrol, como si la reconociera.

Las dos recepcionistas avanzadas intercambiaron miradas breves mientras tomaban nota.

—Oficio —continuó una de ellas—: Maga.

La luz se estabilizó, y el sello se contrajo en la tarjeta en mano de la recepcionista creando así la licencia que al verla leyó en voz alta: —Licencia creada.

Rango: F.

Acto seguido, revisó el pergamino donde se habían registrado las estadísticas iniciales.

Su expresión cambió apenas un segundo.

No fue sorpresa exagerada, pero sí una clara atención.

La segunda recepcionista se inclinó para observar mejor.

—Son… números altos para una evaluación inicial —murmuró.

El jefe del gremio dio un paso al frente y observó a Yui con interés.

—Aun así —dijo con tono firme y una sonrisa—, las reglas son claras.

Durante la primera semana solo podrás aceptar misiones básicas dentro y alrededor de la ciudad.

Yui asintió sin objeciones.

—En la segunda semana —continuó—, se te permitirá ingresar al laberinto bajo misiones supervisadas.

—Y finalmente en la tercera semana podrás tomar las misiones que desees, la información que necesites siempre estará disponible en recepción y con tu licencia tienes acceso a la biblioteca de la ciudad La licencia fue colocada en las manos de Yui.

—Akron no subestima a los novatos —añadió el jefe—, pero tampoco los sobreestima.

Demuestra lo que vales.

Yui cerró los dedos alrededor de la placa.

—Lo haré.

Al salir de la sala, Risa la observó de reojo.

—No es común que el sello reaccione así —comentó—.

Mantén perfil bajo… al menos por ahora.

Yui levantó la vista hacia el bullicio del gremio.

Sabía que ese lugar no sería solo un punto de paso.

Sería el inicio de algo mucho más grande.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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