DEYMON - Capítulo 1
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1: Cómo la primera vez.
1: Cómo la primera vez.
Lucía se deslizó fuera del taxi frente al imponente edificio de acero y cristal que albergaba las oficinas centrales de la corporación de Deymon.
Cuatro años de matrimonio y aún sentía un cosquilleo de anticipación cada vez que lo visitaba en su entorno profesional.
Subió al ascensor privado, el cual la llevó directamente al último piso, donde se encontraba el despacho de su esposo.
Al abrirse las puertas, Lucía fue recibida por la sobria elegancia que caracterizaba el imperio de Deymon.
El espacio era vasto, con ventanales que ofrecían una vista panorámica de la ciudad, un testimonio del poder y la influencia que su esposo ejercía.
Él estaba de pie junto a la ventana, con la espalda vuelta, hablando por teléfono con esa autoridad que solo los grandes CEOs poseen.
“Sí, me parece bien.
Preparen los documentos para mañana a primera hora,” dijo Deymon antes de girarse y notar la presencia de Lucía.
Sus ojos se iluminaron con una chispa de sorpresa y placer.
“Disculpen, debo atender un asunto personal.” Cerró la llamada y se acercó a ella con una sonrisa que derritió instantáneamente la formalidad del ambiente.
“Lucía, cariño, qué sorpresa.
No esperaba verte por aquí.” “Tenía que venir a ver con mis propios ojos si el gran CEO sigue siendo el mismo hombre del que me enamoré hace años,” respondió ella, caminando hacia él y rodeando su cuello con los brazos.
Deymon la atrajo hacia sí, besándola con una intensidad que hablaba de la pasión que aún ardía entre ellos.
“Siempre seré tuyo, Lucía.
No importa cuántos negocios cierre o cuántos edificios construya.” Se separaron, pero él mantuvo sus manos en su cintura, mirándola con adoración.
“Pero dime, ¿a qué debo el honor de tu visita?” Lucía sonrió con picardía.
“Digamos que tenía curiosidad por ver cómo te desenvuelves en tu hábitat natural.
Y también quería recordarte que, aunque seas el rey de este castillo, sigues siendo mi esposo.” Deymon soltó una carcajada.
“Eso nunca lo olvido, mi reina.
Pero, ¿qué te parece si dejamos de lado los roles por un momento y disfrutamos de un poco de privacidad?” La tomó de la mano y la condujo a un rincón más íntimo del despacho, donde había un elegante sofá y una mesa baja con un juego de té.
“Siéntate, cariño.
¿Te apetece algo de beber?” “Un té estaría bien,” respondió Lucía, acomodándose en el sofá y observando a Deymon mientras preparaba la bebida con una destreza sorprendente para un hombre de negocios.
“Así que, ¿qué te parece mi imperio?”, preguntó él, entregándole una taza de té.
“Impresionante, como siempre.
Pero no dejes que se te suba a la cabeza, señor CEO,” bromeó ella.
Deymon se sentó a su lado y tomó su mano.
“Nunca lo haría, mientras te tenga a ti para mantenerme con los pies en la tierra.
Eres mi ancla, Lucía.” Ella sonrió y apretó su mano.
“Y tú eres mi aventurero, el hombre que me lleva a explorar nuevos horizontes.
Juntos somos un equipo imparable.” Se quedaron en silencio por un momento, disfrutando de la compañía del otro y de la conexión que los unía.
Pero Lucía sabía que había algo más en el aire, una tensión latente que ambos estaban sintiendo.
“Deymon,” dijo ella, rompiendo el silencio, “hay algo que quiero preguntarte.” Él la miró con atención, esperando a que continuara.
“¿Alguna vez te has arrepentido de haberte casado conmigo?
¿De haber renunciado a la vida de soltero y a todas las oportunidades que eso conllevaba?” Deymon frunció el ceño, sorprendido por su pregunta.
“Lucía, ¿de dónde viene eso?
Nunca me he arrepentido de haberme casado contigo.
Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.” “Pero a veces pienso que te has perdido de mucho por estar conmigo.
Podrías haber tenido cualquier mujer, haber viajado por el mundo, haber vivido sin ataduras.” Deymon la tomó del rostro y la miró a los ojos con seriedad.
“No necesito a ninguna otra mujer, porque te tengo a ti.
No necesito viajar por el mundo, porque tú eres mi hogar.
Y no necesito vivir sin ataduras, porque tú eres mi libertad.” La besó con ternura, transmitiéndole todo el amor y la pasión que sentía por ella.
Lucía se entregó al beso, sintiendo cómo sus inseguridades se desvanecían.
“Te amo, Deymon,” susurró ella, separándose de él.
“Y yo te amo a ti, Lucía.
Más de lo que las palabras pueden expresar.” Se abrazaron con fuerza, reafirmando el vínculo que los unía.
Pero la noche aún era joven, y ambos sabían que había mucho más por explorar en su relación.
Los roles de CEO y esposa se desdibujaron, dando paso a la intimidad y la pasión que solo ellos dos podían compartir.
REFLEXIONES DE LOS CREADORES Citlally_Quinn Hola soy nueva aquí, espero encontrar muchos lectores que les guste mi forma de imaginar y crear…
gracias…
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