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DEYMON - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Amor o capricho
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10: Amor o capricho ?

10: Amor o capricho ?

Sofía salió de la oficina de Deymon, pero no se alejó.

El eco de las palabras de Lucía, “¡Te traje un café, amor!”, resonaba en sus oídos como un disparo certero.

La puerta se había cerrado tras Lucía, pero para Sofía, el mundo se había abierto de golpe a una realidad cruel.

El aire en el pasillo, antes cargado de la tensión sexual que ella había cultivado con tanto esmero, ahora se sentía frío y vacío, un vasto espacio que amplificaba su derrota.

Se detuvo, apoyando una mano en la pared fría, como si necesitara anclarse a algo tangible mientras su mundo interior se desmoronaba.

El vestido de seda esmeralda, que momentos antes se sentía como un arma de seducción, ahora le pesaba, cada centímetro de tela una burla de sus intenciones.

Se miró las manos, temblando ligeramente.

La rabia burbujeaba bajo la superficie, un volcán a punto de entrar en erupción, pero estaba ahogada por una ola de profunda tristeza y humillación.

*Eso pudo haber sido yo*, la idea le golpeó con la fuerza de un puñetazo en el estómago.

*Yo estuve ahí.

Yo estaba creando esa atmósfera.

Yo casi lo tenía.* La imagen de Deymon, su mirada que se había detenido en ella, la forma en que su mandíbula se había tensado, todo eso ahora se sentía como un espejismo cruel.

Había estado tan cerca, sintiendo la electricidad en el aire, creyendo que estaba a punto de romper esa barrera profesional que Deymon mantenía tan férreamente.

La puerta de la oficina, que antes representaba un umbral hacia la conquista, ahora era un muro impenetrable.

Una fuerza invisible la empujaba hacia ella, una necesidad masoquista de confirmar lo que ya sabía.

Con un suspiro tembloroso, casi imperceptible, se acercó de nuevo, su corazón martilleando contra sus costillas.

Apoyó su oído contra la madera fría.

Al principio, solo escuchó el murmullo distante de conversaciones, el zumbido de la vida corporativa que continuaba ajena a su tormento.

Pero luego, los sonidos cambiaron.

El murmullo se hizo más íntimo, más cargado.

Risas bajas, risas que no eran de diversión sino de complicidad, de placer.

Susurros que se convertían en jadeos.

El roce de la ropa, el sonido suave de la seda contra la piel, un sonido que ella conocía bien, pero que ahora le sonaba ajeno, ajeno a ella.

Sofía cerró los ojos con fuerza, apretando los dientes para no gritar.

Cada sonido era un clavo más en el ataúd de sus esperanzas.

El sonido de la pasión que ella había intentado encender, la conexión que había buscado desesperadamente, se estaba manifestando ahora en los brazos de otra.

La imagen de Deymon y Lucía, su cuerpo entrelazado con el de él, la golpeó con una fuerza devastadora.

El escenario que ella había preparado, la tensión que había tejido, todo se estaba consumando, pero sin ella.

*Yo estaba ahí*, pensó, el dolor agudo atravesándola.

*Yo estaba jugando este juego.

Yo estaba a punto de ganar.* La frustración se mezclaba con los celos, creando una mezcla tóxica que le quemaba la garganta.

Se sentía tan estúpida, tan ingenua por haber creído que tenía el control, que estaba a punto de lograr su objetivo.

Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, calientes y amargas.

No eran lágrimas de tristeza, sino de rabia, de impotencia.

Cada gemido que escuchaba a través de la puerta era una bofetada, una confirmación de su fracaso.

La intensidad que ella había sentido en su propia piel, la anticipación de algo prohibido y emocionante, ahora se sentía como una burla cruel.

*Pudo haber sido mío*, se repetía, la frase resonando en su mente como un mantra destructivo.

*Ese momento, esa entrega… yo estaba ahí.

Yo casi lo logré.* La cercanía de la oficina, el hecho de que estuviera tan cerca de presenciar algo tan íntimo, solo amplificaba su miseria.

Era como estar atrapada en un purgatorio personal, escuchando la música de un paraíso al que ella no podía acceder.

Se apartó de la puerta como si le quemara, tropezando hacia atrás.

La energía que había puesto en su apariencia, en sus palabras calculadas, en sus gestos provocativos, todo se sentía desperdiciado, ridículo.

El perfume que había elegido con tanto cuidado, ese aroma que esperaba que Deymon asociara con ella, ahora se sentía como un disfraz barato, una máscara que no había logrado engañar a nadie.

Con un sollozo ahogado que se desgarró en su garganta, Sofía se dio la vuelta.

No podía soportar un segundo más.

El edificio, que antes le había parecido un campo de juego lleno de posibilidades, ahora se sentía como una trampa.

Caminó a paso rápido por el pasillo, cada paso resonando en el silencio, un eco de su dolor.

No miró atrás.

No quería ver nada, no quería oír nada más.

El eco de los sonidos que provenían de esa oficina la perseguiría.

Se incrustaría en su memoria, alimentando sus celos, su frustración y la amarga sensación de haber estado tan cerca de algo que ahora se le escapaba de las manos para siempre.

El juego había tomado un giro inesperado y brutal, y Sofía se quedó con las manos vacías, el corazón roto y la certeza de que ese momento, ese instante de intimidad que pudo haber sido suyo, ahora pertenecía irremediablemente a Lucía.

La derrota era total, y el sabor de la amargura era insoportable.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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