DEYMON - Capítulo 15
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15: Entregados a Medias…
15: Entregados a Medias…
Deymon se revolvió en la cama, la almohada de Lucía bajo su mejilla sintiéndose ajena.
La noche anterior había sido un torbellino de adrenalina y secretos que su mente se negaba a procesar coherentemente.
Ahora, al buscar consuelo en su esposa, el mecanismo de defensa se había roto.
Se acercó a Lucía, pero esta vez no había búsqueda de afecto; había una urgencia animal, casi desesperada.
Sus movimientos se volvieron bruscos, guiados por una memoria muscular que no correspondía a la mujer bajo él.
Era como si estuviera intentando recrear una escena que solo existía en su subconsciente, una que le quemaba por dentro.
“Deymon, ¿qué te pasa?”, susurró Lucía, su voz teñida de alarma.
Él no respondió, solo la sujetó con más fuerza.
En su cabeza, las imágenes eran caóticas: una risa que no identificaba, un mechón de cabello oscuro cayendo sobre un hombro, la sensación de piel caliente.
No podía ponerle nombre ni rostro a la fuente de esa obsesión que lo estaba consumiendo.
Era solo una **presencia**, una *energía* que lo hacía actuar como un depredador en lugar de un esposo.
Cada embestida era un intento fallido de llenar un vacío que Sofía había abierto.
Estaba siendo **animal**, sí, pero era un animal confundido, movido por un fantasma.
Se sentía completamente fuera de control, y la falta de claridad sobre *quién* o *qué* estaba persiguiendo lo volvía aún más frenético.
Era un suspenso autoimpuesto: ¿qué locura había hecho anoche?
¿Con quién había cruzado esa línea invisible?
Lucía sentía la diferencia.
No era solo la intensidad; era la **ausencia**.
Podía sentir que él estaba físicamente con ella, pero su alma estaba en otro lado, persiguiendo esa sombra sin nombre.
Sus manos, que normalmente eran firmes y cariñosas, ahora eran posesivas, casi tratando de aferrarse a algo que se resbalaba entre sus dedos.
Ella notó el temblor en su mandíbula, la forma en que sus ojos, aunque cerrados, parecían estar buscando algo desesperadamente en la oscuridad.
*No me está viendo*, pensó Lucía con una certeza helada.
*Está viendo a otra.
Y no sabe ni quién es, pero la está trayendo a nuestra cama.* Ese vacío en la mirada de Deymon, esa lucha interna que él no podía ocultar, era más doloroso que cualquier infidelidad confirmada.
Era la prueba de que, en su mente, él estaba con otra persona, y ni siquiera tenía el respeto o la claridad para saber a quién estaba traicionando.
Deymon, al sentir la resistencia silenciosa de Lucía, tuvo un microsegundo de lucidez.
Se detuvo, sintiendo el peso de su propia brutalidad.
Se apartó, respirando hondo, sintiéndose asqueado de sí mismo.
La imagen borrosa de la noche anterior se desvaneció, dejando solo el sabor amargo de la culpa y la confusión.
“Perdón”, logró murmurar, su voz ronca.
Pero el perdón no alcanzaba a borrar la sensación que Lucía había captado: que esa noche, Deymon había hecho el amor con un recuerdo, y ella había sido solo el escenario.
Ella solo podía sentir el temblor y dolor que dejó en sus piernas por tanta brusquedad, de una búsqueda que ni el y mucho menos ella alcanzó.
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