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DEYMON - Capítulo 18

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18: La semilla de su error…

18: La semilla de su error…

El reloj de la oficina era el enemigo público número uno de Sofía.

Viernes por la tarde, y el mareo era tan persistente que le daba miedo manejar.

Llevaba casi dos semanas sintiéndose fatal.

“Es la presión del trabajo, Sofi,” se repetía, tratando de convencerse de que no era nada más.

No podía ser nada más.

**Deymon era el esposo de Lucía, su amiga de años, y llevaban seis años casados.** Era una línea que ni en sus sueños más oscuros se atrevería a cruzar.

Cuando Lucía la invitó a la barbacoa familiar del sábado, Sofía dudó, pero la necesidad de fingir normalidad era más fuerte.

Ir era una penitencia autoimpuesta, una forma de demostrarse a sí misma que podía estar en la misma habitación que Deymon sin desmoronarse.

El jardín estaba lleno de esa alegría familiar superficial que a Sofía le resultaba tan ajena.

Observaba a Deymon: el esposo perfecto, el que se encargaba de todo, el que atendía a los invitados con esa sonrisa que antes la volvía loca y que ahora solo le causaba náuseas.

A pesar de su malestar físico, Sofía logró mantener la fachada hasta el atardecer.

Cuando el ambiente se calmó y el aire frío de la noche comenzó a calar, se retiró a los rosales.

Entonces apareció él.

Deymon, silencioso como siempre.

“Estás muy callada,” le dijo, su voz baja y peligrosa.

Antes de que pudiera procesar la familiaridad de su cercanía, Deymon deslizó su saco de lana sobre los hombros de Sofía.

El gesto fue rápido, casi automático, como si estuviera cubriendo a un niño pequeño.

El olor a colonia y a hogar la golpeó con una fuerza inesperada.

Era un acto de dominio disfrazado de cortesía, un recordatorio de que él podía ser protector y posesivo a la vez.

“Gracias,” murmuró Sofía, sintiendo el calor de la tela y el frío del miedo.

Deymon asintió, sus ojos fijos en ella un instante, un momento de conexión prohibida que la hizo temblar.

Pero entonces, el hechizo se rompió.

Se dio la vuelta y caminó hacia la terraza, directamente hacia Lucía.

Sofía observó, con el saco pesado sobre sus hombros, cómo Deymon se sentaba junto a su esposa.

Tomó la mano de Lucía con una ternura que le dolió físicamente y le dio un beso delicado en los nudillos.

El brillo en los ojos de Lucía era inconfundible: era amor puro, la realidad que Sofía había estado saboteando en su mente.

El saco de Deymon se sintió como arena quemándole la piel.

La náusea regresó, pero esta vez era diferente.

Era una urgencia violenta que no podía ignorar.

Se levantó tan rápido que casi se cae, y corrió hacia la casa, ignorando las miradas confusas.

Se encerró en el baño y vomitó con desesperación, sintiéndose vacía y enferma.

Cuando Sofía regresó al jardín, Lucía la esperaba con una preocupación que parecía genuina.

Tomó su mano, y la calidez de Lucía era un contraste brutal con el frío que sentía por dentro.

“Sofi, ¿qué te pasa?

Estás pálida como un lienzo,” dijo Lucía, su voz baja y seria.

“¿Desde cuándo te sientes así de mal?” Sofía, agotada de fingir, se dejó caer en la silla, sintiendo el metal helado a través de la ropa.

“Llevo…

para dos semanas ya, Lu.

Náuseas constantes, y este cansancio…

Pensé que era el trabajo, enserio,” Lucía la miró fijamente.

El silencio se extendió, pesado e ineludible.

Los ojos de Lucía se abrieron lentamente, y Sofía vio cómo el color desaparecía de su rostro.

“Dos semanas, Sofi…

¿Y no has pensado…?” Lucía tragó saliva con dificultad, luchando por pronunciar la palabra.

“Con esos síntomas…

¿no será que…

**podrías estar embarazada**?” Esa palabra, lanzada en medio del jardín familiar, resonó como un trueno.

El mareo se intensificó, pero ahora era un terror frío que le recorría la espina dorsal.

Su mente se quedó en blanco, incapaz de procesar la implicación de esa posibilidad.

Si Lucía tenía razón, no solo le había sido infiel a su amiga, sino que estaba cargando la prueba definitiva de su error, la prueba que Deymon había dejado sin querer.

Sofía sintió que el mundo se inclinaba peligrosamente.

Se agarró a los reposabrazos de la silla, sintiéndose desvanecer.

Estaba atrapada.

DEYMON siendo ajeno a lo que había pasado esa noche con Sofía le daba igual si su empleada, amiga de su esposa estaba o no embarazada, en fin en la empresa daban seguro a mujeres solteras con hijos y consultas pagadas más vacaciones al cumplir los 6 meses.

“”No te preocupes”_ Dijo Deymon queriendo hacer sentir bien a Sofía, Si estás embarazada la empresa se hará cargo desde el primer día de las consultas y medicamentos.

¿Sofía no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, que acaso de verdad no se acuerda de nada?

Cómo que la empresa se hará cargo??

El que se tiene que hacer cargo es él, el padre.

Pero al parecer tendrá que hacer que el se de cuenta del error que cometieron esa noche,

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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