DEYMON - Capítulo 2
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2: Deseo y posesion…
2: Deseo y posesion…
La inseguridad de Lucía era una llama que Deymon estaba decidido a extinguir con la fuerza de su deseo.
Sus palabras resonaron en el despacho, un eco de la vulnerabilidad que él nunca permitiría que la consumiera.
Tomó su rostro entre sus manos, sus dedos aferrándose con una posesión silenciosa, y la obligó a mirarlo a los ojos.
“No permitiré que te sientas así,” gruñó, su voz un terciopelo áspero.
“Eres mía, Lucía.
En este mundo y en cualquier otro.” Ella intentó apartar la mirada, pero su agarre se intensificó, impidiéndole escapar.
“Deymon…” “¿Dudas de mi amor?”, preguntó, su aliento rozando sus labios.
“Te demostraré lo que significas para mí.
Aquí y ahora.” Sin darle tiempo a responder, la alzó en sus brazos con una facilidad que demostraba su fuerza y la llevó hacia el sofá.
No la depositó con delicadeza, sino que la dejó caer sobre los cojines, reclamando su espacio con una autoridad innegable.
“Eres mi esposa,” siseó, arrodillándose frente a ella.
“Y te recordaré cada día, cada hora, cada minuto, a quién perteneces.” Comenzó a besar su cuello con una intensidad salvaje, mordisqueando su piel, dejando una huella de su posesión.
Lucía jadeó, sintiendo una mezcla de temor y excitación ante su repentino dominio.
“Deymon, espera…”, intentó decir, pero sus palabras fueron silenciadas por otro beso, esta vez en sus labios.
Un beso que no era una súplica, sino una exigencia.
Un beso que le recordaba quién era el que tenía el control.
Desabrochó su blusa con manos expertas, revelando el encaje delicado que cubría sus senos.
Sus ojos brillaron con una intensidad depredadora al contemplar su belleza.
“Eres perfecta,” murmuró, su voz ronca por el deseo.
“Absolutamente perfecta.
Y eres mía.” Sus manos se deslizaron por su cuerpo, acariciando sus curvas, explorando sus secretos.
Lucía se estremeció con cada toque, sintiendo que el calor la consumía por dentro.
“Por favor, Deymon…”, suplicó, sintiendo que la cordura la abandonaba.
Él sonrió con satisfacción y la besó de nuevo, esta vez con una ternura que contrastaba con su anterior ferocidad.
Un beso que le prometía placer, pero también sumisión.
Se separaron, pero él mantuvo sus manos en su cintura, aprisionándola contra el sofá.
“Dime, Lucía.
¿Quieres que pare?” Ella lo miró a los ojos, sintiendo una mezcla de temor y deseo.
Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitarlo.
La atracción que sentía por Deymon era demasiado fuerte, demasiado irresistible.
“No,” susurró, con la voz apenas audible.
“No pares.” Deymon sonrió con triunfo y la besó de nuevo, con una pasión que la dejó sin aliento.
El tiempo se detuvo mientras se amaban con intensidad, olvidando el mundo exterior, las dudas, las inseguridades.
Solo existían ellos dos, unidos por un lazo de posesión y deseo.
Pero la tormenta estaba a punto de estallar.
El teléfono de Deymon sonó, rompiendo la magia del momento.
Él maldijo en voz baja y se separó de Lucía, con el rostro lleno de frustración.
“Lo siento, mi amor,” dijo, con la voz ronca.
“Tengo que contestar.
Es del trabajo.” Lucía asintió con comprensión, aunque por dentro sintiera una punzada de decepción.
Sabía que Deymon era un hombre poderoso, con muchas responsabilidades.
Pero también deseaba que, por una vez, pudiera olvidarse de todo y concentrarse solo en ella.
Deymon contestó el teléfono y escuchó atentamente las instrucciones que le daban al otro lado de la línea.
Su rostro se ensombreció a medida que avanzaba la conversación.
“Entiendo,” dijo, con la voz tensa.
“Estaré ahí lo antes posible.” Colgó el teléfono y se giró hacia Lucía, con una mirada de disculpa.
“Lo siento, cariño.
Tengo que irme.
Hay un problema grave en la empresa.” Lucía asintió con resignación.
“No te preocupes, Deymon.
Entiendo.
El deber llama.” Pero por dentro sentía una punzada de inquietud.
¿Qué clase de problema podría ser tan urgente como para interrumpir un momento como ese?
¿Y por qué Deymon parecía tan preocupado?
Mientras lo veía vestirse apresuradamente, Lucía no pudo evitar preguntarse si realmente lo conocía tan bien como creía.
¿Qué secretos ocultaba detrás de su fachada de hombre dominante y posesivo?
¿Y qué precio tendría que pagar por ser su esposa?
Una sombra de duda se cernió sobre su corazón.
Una duda que no tenía nada que ver con su valía como mujer, sino con la verdadera naturaleza del hombre al que amaba.
Un hombre que parecía dispuesto a todo para poseerla, pero que quizás ocultaba un secreto que podría destruir su relación.
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