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DEYMON - Capítulo 4

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4: Buena amiga?

4: Buena amiga?

El murmullo constante de la oficina era, para Sofía, una banda sonora familiar que normalmente la ayudaba a concentrarse.

Sin embargo, en las últimas semanas, ese sonido se sentía más como un zumbido de ansiedad en sus oídos.

Lucía, su amiga de toda la vida, le había pedido un favor, uno que Sofía aceptó con la mejor de las intenciones: observar la dinámica de Deymon en el trabajo, especialmente en relación con Valeria, una colega.

Lucía sospechaba, y Sofía, leal hasta la médula, se había comprometido a ser sus ojos y oídos.

Pero la realidad, como a menudo sucedía, se presentaba más compleja de lo que las sospechas iniciales sugerían.

Sofía, a pesar de su esfuerzo por mantenerse objetiva, se encontraba atrapada en una red de sus propias percepciones.

Cada vez que Deymon pasaba cerca de su escritorio, o cuando sus caminos se cruzaban en la cocina por un café, un sutil pero inconfundible rubor ascendía por su cuello.

Sus manos se volvían torpes, y a menudo se encontraba desviando la mirada, como si temiera que sus ojos revelaran el torbellino interno que la embargaba.

“Es solo admiración por su profesionalismo”, se repetía Sofía como un mantra, intentando ahogar la voz de su intuición.

“Es la presión de la situación, de estar tan pendiente de él para Lucía.” Pero la verdad era que la amabilidad con la que Deymon la saludaba, la forma en que sus ojos se encontraban fugazmente, provocaban una aceleración inusual en su pulso.

Era una conexión incipiente, silenciosa, que la asustaba profundamente.

La tensión se acumuló, y Sofía sintió la necesidad imperiosa de hablar con Lucía, de aclarar las cosas, aunque eso significara decepcionarla.

Se encontraron una tarde en su cafetería favorita, el aroma a café recién hecho flotando en el aire, un contraste con la seriedad del tema a tratar.

“Lucía, tenemos que hablar de esto”, comenzó Sofía, su voz suave pero firme.

“He estado observando, tal como me pediste.

He prestado mucha atención a Deymon y Valeria.” Hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas para no herir a su amiga.

“Y, sinceramente, no veo nada entre ellos.

Nada.

Se llevan bien, claro, trabajan juntos en proyectos, pero no hay miradas comprometedoras, no hay coqueteos, nada que sugiera algo más allá de una relación profesional cordial.” Lucía la escuchó con atención, un atisbo de esperanza mezclado con la decepción en sus ojos.

“¿Pero, estás completamente segura, Sofía?

A veces las cosas son muy sutiles, ¿sabes?” Sofía asintió con convicción.

“Absolutamente.

Estoy ahí, veo las interacciones.

Si hubiera algo, créeme, te lo habría dicho.

Valeria es mi amiga, y tú eres mi mejor amiga.

No querría que nada malo te pasara.” Terminó su frase con una sinceridad que esperaba disipara las dudas de Lucía.

Lo que no se atrevió a confesarle fue la verdadera fuente de su propia inquietud.

Sin embargo, la conversación con Lucía, lejos de aliviar la carga de Sofía, la intensificó.

Ahora, además de la lealtad hacia su amiga, cargaba con el peso de sus propios sentimientos.

La próxima vez que se encontró trabajando con Deymon en la sala de juntas, el aire se sentía denso, cargado de una electricidad que solo ella parecía percibir.

Deymon, ajeno a su turbación, explicaba con su habitual claridad los detalles de un informe.

Sofía intentaba concentrarse, pero cada palabra de él resonaba de una manera particular.

Cuando él notó su distracción, la miró con una sonrisa amable.

“¿Me estás entendiendo, Sofía?”, preguntó, su voz teñida de genuina preocupación.

“Sí, sí, por supuesto”, respondió ella, su voz un poco más aguda de lo que pretendía.

Se dio cuenta de que estaba jugueteando nerviosamente con el borde de una hoja de papel.

“Es solo que… es mucha información de golpe.” La respuesta de Deymon fue simple, pero profunda.

“Tranquila, no te presiones.

Si necesitas que te lo explique de otra manera, solo dime.” Esa frase, esa simple muestra de consideración, actuó como un catalizador.

Sofía se dio cuenta, con una claridad aterradora, de que estaba viendo a Deymon de una manera que no debía.

Era una atracción naciente, una que la aterraba por su potencial destructivo.

Se despidió abruptamente, inventando una excusa para salir de la sala, el corazón latiéndole desbocado.

De regreso a su escritorio, el auto-reproche la inundó.

“Esto está mal, Sofía.

Esto está muy mal.” Se sentía atrapada en un laberinto de lealtad y deseo.

Sabía que la única salida era poner una distancia prudente, controlar esa atracción antes de que se convirtiera en algo inmanejable.

Pero cada encuentro casual, cada intercambio de miradas, hacía que esa batalla interna fuera aún más difícil.

Era una guerra silenciosa, librada en la soledad de su conciencia, y la estaba desgastando.

La complejidad de la situación, la dualidad de sus sentimientos, la dejaban en un estado de vulnerabilidad que nunca antes había experimentado.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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