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DEYMON - Capítulo 8

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  4. Capítulo 8 - 8 El hombre de mi amiga
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8: “El hombre de mi amiga” 8: “El hombre de mi amiga” La noche caía sobre la ciudad, tiñendo el cielo de tonos naranjas y púrpuras mientras Sofía se despedía de **Lucía** en la puerta principal.

El aire fresco de la noche acariciaba su rostro, un contraste con el calor que sentía dentro de la casa.

“Ya me voy, **Luchi**”, dijo, su voz teñida de una melancolía que no podía explicar del todo.

Había sido una tarde agradable, pero algo en la atmósfera, una tensión sutil entre **Lucía** y Deymon, la había inquietado.

**Lucía**, con una sonrisa que no llegaba del todo a sus ojos, le dio un beso en la mejilla.

“Cuídate mucho, Sofi.

Y gracias por venir”, respondió.

Deymon, parado a un lado, observaba la escena con una intensidad que Sofía no pasaba por alto.

Sus ojos, oscuros y profundos, parecían analizar cada movimiento de **Lucía**, cada palabra que decía.

Había algo en la forma en que la miraba, algo posesivo y ardiente, que hacía que Sofía se sintiera incómoda, casi como una intrusa en su propio espacio.

Sofía dio un paso atrás, sintiendo el impulso de quedarse un poco más, de descifrar la extraña conexión que vibraba entre su amiga y su esposo.

Pero la rutina la llamaba, la necesidad de volver a su propio mundo.

Al cerrar la puerta, el sonido del cerrojo resonó en el silencio de la calle, un punto final a la visita.

O eso creía ella.

Apenas había dado unos pasos cuando un frío sudor le recorrió la espalda.

Su cartera.

La había dejado sobre la mesa de centro en la sala.

Un suspiro de frustración escapó de sus labios.

No podía irse sin ella.

Con el corazón latiéndole con fuerza, se giró y empujó suavemente la puerta principal.

Para su sorpresa, no estaba cerrada con llave.

El sonido de la puerta al abrirse apenas se escuchó por encima de los jadeos que ahora llenaban el aire.

Sofía se quedó paralizada en el umbral, sus ojos fijos en la escena que se desarrollaba ante ella.

En la penumbra de la sala, apenas iluminada por la tenue luz de una lámpara de pie, Deymon tenía a **Lucía** acorralada contra la pared.

Sus manos estaban en su cintura, apretándola con una fuerza que hablaba de deseo puro.

Los labios de Deymon estaban devorando los de **Lucía** con una pasión desenfrenada, y la respuesta de su amiga era igual de intensa.

Los gemidos que escapaban de los labios de **Lucía** eran un torrente de placer que golpeó a Sofía como una bofetada.

Escuchaba a su amiga, a su amiga que ella creía conocer tan bien, entregarse a ese hombre con una ferocidad que la dejó sin aliento.

La forma en que Deymon la sujetaba, la forma en que la besaba, era dominación en su estado más puro, y **Lucía** se derretía ante él.

“Mmm, Deymon… más…”, jadeaba **Lucía**, su voz ronca y cargada de éxtasis.

Un nudo se formó en la garganta de Sofía.

Los celos la consumían, una mezcla amarga de envidia y anhelo.

Ver a **Lucía**, su amiga, disfrutando de esa intimidad tan salvaje con Deymon, era como presenciar algo prohibido, algo que ella misma deseaba con todas sus fuerzas.

La posesividad en la mirada de Deymon, la forma en que la trataba como si fuera suya y de nadie más, encendió una chispa de rabia y deseo en el interior de Sofía.

Quería ser ella la que estuviera en esa posición, la que recibiera esa atención tan intensa.

Se sentía invisible, una espectadora forzada de un acto íntimo que la hacía sentir un vacío insoportable.

Cada gemido de **Lucía**, cada caricia de Deymon, era una punzada en su corazón.

Se dio cuenta de que lo que sentía no era solo curiosidad, sino un deseo profundo y reprimido por Deymon, un deseo que la hacía sentir culpable y avergonzada.

La fuerza y la pasión que él desprendía la atraían de una manera casi magnética, y ver a **Lucía** ser la receptora de esa energía la llenaba de una frustración ardiente.

Deymon, ajeno a la presencia de Sofía, levantó a **Lucía** en brazos, su cuerpo presionando contra el de ella.

“Vamos arriba, mi amor.

Quiero sentirte entera”, susurró, su voz profunda y gutural resonando en la sala.

Sofía vio cómo Deymon se llevaba a **Lucía** escaleras arriba, sus cuerpos entrelazados, desapareciendo en la oscuridad del pasillo superior.

El eco de sus pasos se desvaneció, dejando a Sofía sola en el silencio, con el corazón latiéndole desbocado y la imagen de su amiga y el esposo de su amiga grabada a fuego en su mente.

Se dio cuenta de que había entrado en un terreno peligroso, un laberinto de emociones que apenas empezaba a desentrañar.

Los celos la carcomían, pero también había una extraña excitación, una fascinación por la intensidad de lo que había presenciado.

La puerta principal, que antes representaba la salida, ahora se sentía como una entrada a un mundo de deseos ocultos y pasiones prohibidas.

Se quedó allí, inmóvil, sintiendo cómo la noche se volvía más oscura y sus propios deseos más intensos.

La cartera olvidada era ahora lo de menos; lo que realmente había dejado atrás era su inocencia, su tranquilidad.

Y la pregunta que resonaba en su mente era: ¿qué haría ahora con todas estas emociones que la consumían?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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