Días Azules - Capítulo 14
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14: 14 14: 14 Epílogo: Un año después Estoy sentada en el pasto de la plaza, nuestro lugar.
El cuaderno de días azules está abierto en mi falda, lleno de entradas del último año.
Algunas sombrías, otras esperanzadas, todas honestas.
Alex llega con dos helados.
Se sienta a mi lado.
—¿Qué estás leyendo?
—Nuestro año.
—¿Y?
¿Cómo estuvo?
Pienso en todo.
En las sesiones de terapia donde lloré hasta no poder más.
En las peleas con mi papá cuando volvió a tomar una vez, pero se recuperó.
En el día que Alex conoció a su papá biológico y decidió que no quería una relación con él, y estuvo bien.
En las noches donde nos quedamos despiertos por teléfono, solo respirando juntos cuando las palabras no eran suficientes.
—Difícil —digo finalmente—.
Pero bueno.
—Sí.
Eso.
Cierro el cuaderno.
Miro el cielo.
Está despejado, de un azul perfecto.
—Un día azul —digo.
—El más azul —responde Alex.
Y me besa, con sabor a helado de dulce de leche y a promesas que tal vez no podamos cumplir pero que vamos a intentar de todas formas.
Porque eso es lo que hacemos los que caminamos por el filo.
Los que conocemos la oscuridad de adentro.
Nos aferramos a los días azules.
Los contamos.
Los atesoramos.
Y cuando vienen los días negros —porque siempre vienen— recordamos que el cielo no permanece oscuro para siempre.
Siempre, eventualmente, vuelve el azul.
FIN
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