Días Azules - Capítulo 17
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17: Spin Off 17: Spin Off Parte 3: Café y verdades Terminamos en un café que abrieron hace dos años.
Es de esos lugares hipster con plantas colgantes y baristas que se toman demasiado en serio el arte latte.
Pedimos.
Café para mí, té para él.
Siempre fue de té.
—¿Te acordás del cuaderno?
—pregunta de repente.
—El de los días azules.
Claro que me acuerdo.
—Lo tengo todavía.
En mi departamento en Berlín.
Eso me sorprende.
—¿En serio?
—Sí.
A veces lo leo cuando… cuando las cosas se ponen difíciles.
Me recuerda que no siempre fui tan cínico.
Que hubo un tiempo donde creía en cosas.
—¿Ya no creés?
—No sé.
Berlín es… diferente.
La gente es más fría.
Más individual.
Y yo me adapté.
Pero a veces me despierto y no me reconozco.
Tomo mi café.
Está muy caliente pero lo tomo igual, necesito algo que hacer con las manos.
—Yo sí —digo—.
Me reconozco demasiado bien.
Y ese es el problema.
—¿A qué te referís?
—A que sigo siendo esa chica de diecisiete años en muchos sentidos.
Sigo teniendo miedo de las mismas cosas.
Sigo escribiendo sobre el mismo dolor.
Sigo… sigo estancada, Alex.
Él extiende la mano sobre la mesa, como si fuera a tomar la mía.
Pero se detiene a mitad de camino.
—No estás estancada.
Tenés un trabajo, amigos, una vida.
—¿Y vos sabés eso porque…?
—Tu abuelo me contaba.
Me escribía emails cada tanto.
Sé que terminaste la carrera.
Sé que publicaste algunos cuentos en revistas.
Sé que tu papá lleva siete años sobrio.
Me congelo.
—Mi abuelo te escribía.
—Sí.
Después de que… después de que terminamos, él siguió en contacto.
Creo que sentía que me debía algo.
O que yo te debía algo.
No sé.
—¿Y vos le contestabas?
—Siempre.
No sé cómo sentirme con esto.
Mi abuelo, guardando este secreto todos estos años.
Alex, recibiendo actualizaciones de mi vida como si fuera el resumen de una serie que dejó de ver.
—¿Por qué nunca me escribiste vos?
—pregunto, y mi voz sale más herida de lo que quería.
Él suspira.
Se pasa la mano por el pelo, ese gesto nervioso que nunca perdió.
—Porque no sabía qué decir.
Porque me fui de una forma horrible y no había forma de arreglarlo.
Porque… —¿Por qué qué?
—Porque tenía miedo de que si te hablaba, no podría seguir adelante.
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