Días Azules - Capítulo 19
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
19: Spin Off 19: Spin Off Parte 5: Una noche más Terminamos en mi departamento.
Es pequeño, un monoambiente en Caballito que comparto con una bibliotecaria que nunca está.
Está desordenado, lleno de libros apilados y tazas de café a medio terminar.
—Perdón el desastre —digo, juntando ropa del sillón.
—Tranquila.
No es peor que mi lugar.
Nos sentamos.
Pongo música baja, algo de Spinetta.
Alex siempre amó a Spinetta.
—¿Querés tomar algo?
—¿Tenés vino?
—Tengo un Malbec que me regalaron y nunca abrí.
—Perfecto.
Sirvo dos copas.
Nos sentamos en el sillón, dejando espacio entre nosotros.
Pero es un espacio forzado, consciente.
Como si ambos supiéramos que cerrar esa distancia sería peligroso.
—¿Te acordás de la primera vez que tomamos vino?
—pregunta—.
En la azotea de tu edificio, cuando cumpliste dieciocho.
—Y vos diecisiete todavía.
Y nos emborrachamos con dos copas cada uno.
—Y lloramos hablando de nuestras madres.
—Y juramos que nunca íbamos a abandonarnos.
El silencio que sigue es pesado.
—No te abandoné —dice finalmente—.
O traté de no hacerlo.
Solo… me estaba ahogando, Sofi.
Y necesitaba aire.
—Lo sé.
Ahora lo sé.
Pero en ese momento… —En ese momento te rompí el corazón.
Lo sé.
Y lo siento.
Cada día de estos diez años, lo siento.
Tomo más vino.
Me estoy permitiendo sentir demasiado y eso nunca es bueno.
—¿Sabés qué es lo peor?
—digo—.
Que no te odio.
Que nunca pude odiarte realmente.
Traté.
Dios sabe que traté.
Pero cada vez que salía con alguien, los comparaba con vos.
Cada vez que escribía sobre amor, escribía sobre nosotros.
Sos como una canción que no puedo sacarme de la cabeza.
—Vos también —dice, y su voz sale quebrada—.
Por eso terminé con Claudia.
Porque después de dos años juntos, seguía pensando en vos.
Seguía preguntándome qué estarías haciendo.
Si serías feliz.
Si me habrías perdonado.
—¿Y?
¿Me perdonaste vos?
—¿Perdonarte por qué?
—Por no ser suficiente para que te quedaras.
Se acerca.
Toma mi copa, la deja en la mesa junto con la suya.
Me toma las manos.
—Sofía, escuchame.
Vos siempre fuiste suficiente.
Siempre.
El problema nunca fuiste vos.
Fui yo.
Yo no era suficiente para mí mismo.
No podía darte lo que necesitabas porque no sabía ni qué necesitaba yo.
—¿Y ahora sí sabés?
—Más o menos.
Sé que necesito trabajar en cosas que me importen.
Sé que necesito espacio para pensar.
Sé que necesito una ciudad que no me recuerde constantemente quién era.
—Entiendo.
—¿De verdad?
—Sí.
Porque yo necesito lo opuesto.
Necesito raíces.
Necesito familia cerca.
Necesito esta ciudad caótica y rota porque es la única que conozco.
Nos miramos.
Y ahí está.
La verdad que ninguno quería admitir.
Queremos cosas diferentes.
Somos personas diferentes.
Alex se acerca más.
Su frente toca la mía.
—Una parte de mí quiere pedirte que vengas conmigo —susurra—.
Que dejes todo y empecemos de nuevo en Berlín.
—Y una parte de mí quiere decir que sí.
—Pero no podemos, ¿verdad?
—No.
Porque los dos sabemos cómo termina esa historia.
—Con resentimiento.
Con uno de los dos sacrificando lo que necesita.
—Y terminando por odiarse.
—O peor.
Volviéndonos lo que éramos antes.
Dos personas ahogándose juntas.
Las lágrimas empiezan a caer.
No puedo detenerlas.
—Te extraño —digo—.
Extraño quién era yo cuando estaba con vos.
Extraño sentirme entendida así.
—Yo también.
Pero esa persona que eras… esa versión de vos también estaba rota, Sofi.
Y no podemos volver a eso.
—Lo sé.
Nos besamos.
Es diferente a los besos de antes.
No es desesperado ni apasionado.
Es suave.
Triste.
Un beso de despedida que ninguno quiere terminar pero que ambos sabemos que debe hacerlo.
Cuando nos separamos, ambos estamos llorando.
—Quedáte esta noche —digo—.
Solo esta noche.
Mañana podés irte a Berlín y yo puedo seguir con mi vida.
Pero dame esta noche.
Él asiente.
Esa noche no hacemos el amor.
Solo nos acostamos juntos, abrazados, llorando intermitentemente, hablando de recuerdos hasta que nos quedamos dormidos.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com