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Días Azules - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 E
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25: E.

especial 25: E.

especial Episodio Especial 2: “Veinticuatro horas en Frankfurt” (Tres años después de la separación) **ALEX** Frankfurt.

Ciudad de tránsito.

Estoy acá por una conferencia de diseño, pero realmente es una excusa para no estar en Berlín, donde cada esquina me recuerda que llevo tres años construyendo una vida que se siente prestada.

Son las dos de la mañana y no puedo dormir.

Jet lag invertido, aunque vengo de solo a una hora de distancia.

Bajo al bar del hotel.

Hay una mujer sentada sola, con un whisky y un libro.

Cuando levanta la vista, algo en mí se detiene.

Se parece a Sofía.

No físicamente —es rubia, más alta— pero hay algo en la forma en que sostiene el libro, en su expresión concentrada, en cómo parece estar en su propio mundo.

—¿Está ocupado?

—pregunto en alemán, señalando el banco al lado de ella.

—No —responde en el mismo idioma, pero con acento francés.

Me siento.

Pido una cerveza.

Ninguno habla por un rato.

—¿No puede dormir?

—pregunta finalmente.

—Nunca puedo.

—Yo tampoco.

Es una maldición de los que piensan demasiado.

Sonrío.

Eso es algo que Sofía diría.

—¿Qué está leyendo?

Me muestra la portada.

Es una novela argentina.

García Márquez.

—No sabía que se leía García Márquez en Francia.

—Mi ex era colombiano —dice—.

Me hizo amar la literatura latinoamericana.

Aunque el idioma se me sigue escapando.

—Mi ex también leía mucho —digo, sin planear decirlo—.

Quería ser escritora.

—¿Quería?

¿Ya no?

—No lo sé.

Hace tres años que no hablo con ella.

La mujer —se presenta como Celine— toma un sorbo de su whisky.

—Uno nunca deja completamente a sus ex.

Los cargamos como equipaje.

—Equipaje pesado.

—El peor tipo.

Hablamos hasta las cuatro de la mañana.

De amores perdidos, de ciudades que nunca se sienten como hogar, de cómo es vivir en un idioma que no es el tuyo.

—¿Sabes qué es lo peor?

—digo, borracho de cansancio y cerveza—.

Que tomé la decisión correcta al irme.

Lo sé.

Pero sigue doliendo como si hubiera sido la incorrecta.

—Tal vez ambas cosas pueden ser verdad —dice Celine—.

Tal vez hiciste lo correcto para vos, pero eso no significa que no duela.

—¿Y cómo se vive con eso?

—Día a día.

Algunos días mejor que otros.

Cuando me voy a mi habitación, intercambiamos números.

No de forma romántica, sino como sobrevivientes de naufragios intercambiando mapas.

En mi cuarto, borracho y exhausto, hago algo que no hice en tres años: entro a Facebook y busco a Sofía.

Su perfil es privado, pero puedo ver su foto.

Está diferente.

El pelo más corto, sonriendo en lo que parece ser una galería de arte.

Hay un hombre a su lado.

Su brazo alrededor de ella.

Cierro la aplicación.

Me merezco ese dolor.

**SOFÍA** Estoy en la inauguración de la exposición de Julia cuando mi celular vibra.

Es una notificación de Facebook: “Alex Fernández vio tu perfil.” Mi corazón se detiene.

Tres años.

Tres años sin saber nada de él excepto lo que mi abuelo me cuenta en cuentagotas cuando lo presiono.

Que está bien.

Que tiene trabajo.

Que sigue en Berlín.

—¿Todo bien?

—Julia me toca el brazo.

Julia.

Mi novia de seis meses.

Fotógrafa, divertida, emocionalmente disponible.

Todo lo que Alex no pudo ser.

—Sí.

Todo bien.

Pero no está todo bien.

Porque tres años de terapia, de construcción personal, de aprender a estar sola y después aprender a estar con alguien más, se sienten frágiles de repente.

Voy al baño.

Me siento en el inodoro con la tapa cerrada y respiro como me enseñó Martín.

Alex me buscó.

Después de tres años, me buscó.

¿Por qué ahora?

¿Por qué cuando finalmente estoy empezando a estar bien?

Abro su perfil.

También está privado, pero veo su foto.

Barba.

Más delgado.

Más… europeo, de alguna forma.

Está en Frankfurt, dice su última ubicación pública.

Tipeo un mensaje.

Lo borro.

Lo tipeo de nuevo.

**Yo**: “Hola.” Enviar.

Inmediatamente me arrepiento.

Pero ya está.

El mensaje fue entregado.

Vuelvo a la galería.

Julia está hablando con una curadora, riendo.

Es tan fácil con ella.

No hay drama, no hay dolor constante, no hay la sensación de estar caminando en el filo de un precipicio.

Pero tampoco hay esa intensidad que tenía con Alex.

Esa sensación de que alguien podía ver directamente en tu alma.

Mi celular vibra.

**Alex**: “Hola.

Perdón.

No debí buscarte.” **Yo**: “¿Por qué lo hiciste?” **Alex**: “Momento de debilidad.

Estoy borracho y solo en un hotel en Frankfurt.” **Yo**: “Algunos fantasmas no se van.” **Alex**: “No.

¿Cómo estás?

De verdad.” **Yo**: “Mejor.

Mucho mejor.

¿Vos?” **Alex**: “También mejor.

Pero sigo sin poder escuchar ciertas canciones.” **Yo**: “Yo tampoco puedo entrar a ciertos lugares.” **Alex**: “¿El rincón?” **Yo**: “Demolieron la escuela el año pasado.

El rincón ya no existe.” **Alex**: “Tal vez sea mejor así.” **Yo**: “Tal vez.” Un silencio digital.

**Alex**: “Vi que estás con alguien.

Me alegro.” **Yo**: “Es nueva.

Seis meses.

Es… buena conmigo.” **Alex**: “Te lo merecés.” **Yo**: “Vos también merecés ser feliz.” **Alex**: “Estoy trabajando en eso.” **Yo**: “¿Alex?” **Alex**: “¿Sí?” **Yo**: “No me busques de nuevo.

Por favor.

Cada vez que lo hacés, tengo que empezar de nuevo el proceso de dejarte ir.” **Alex**: “Tenés razón.

Lo siento.

Cuidate, Sofía.” **Yo**: “Vos también.” Borro la conversación.

Esta vez, también lo bloqueo.

Julia viene hacia mí, radiante.

—¿Lista para ir a cenar?

Vendí tres fotos.

—Sí —digo, tomando su mano—.

Estoy lista.

Y lo estoy.

Porque Alex fue mi pasado.

Julia puede ser mi futuro.

Aunque una parte de mí siempre va a vivir en ese rincón que ya no existe.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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