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Días Azules - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 E
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26: E.

especial 26: E.

especial E.

Especial 3: “La noche antes de la boda” (Seis años después de la separación) **SOFÍA** Es mi despedida de soltera y no quiero estar acá.

Marisol organizó todo: una cena, un bar, las amigas de la facultad, las compañeras de trabajo.

Julia está en su propia despedida, probablemente pasándola mucho mejor que yo.

Porque yo estoy pensando en Alex.

Lo cual es ridículo.

En dos días me caso con una mujer maravillosa que me ama, que es paciente con mis días grises, que construyó una vida conmigo.

Pero el anuncio de mi boda está en las redes.

Y una parte de mí —la parte patética que nunca creció del todo— sigue esperando que él aparezca.

Que diga algo.

Que reconozca que esto es real, que realmente lo superé.

—¿En qué pensás?

—Marisol se sienta a mi lado en la barra.

—En nada.

—En Alex.

No tiene sentido negarlo con Marisol.

Ella estuvo ahí en los peores momentos.

—Es estúpido, ¿no?

Hace seis años que no sé nada de él.

—No es estúpido.

Fue tu primer amor.

Esas cosas marcan.

—Julia merece que esté presente por completo.

—Y lo vas a estar.

Pero está bien tener un momento de nostalgia.

Mi celular vibra.

Email.

De una dirección que no reconozco.

Lo abro.

*”Sofía,* *Sé que no tengo derecho a escribirte.

Sé que me bloqueaste y que fue por buenas razones.

Pero vi tu anuncio de boda y no pude no decir nada.* *Estoy feliz por vos.

De verdad.

Te merecés todo el amor del mundo.* *No espero respuesta.

Solo quería que supieras que alguien en Berlín está brindando por tu felicidad esta noche.* *Que seas muy feliz, Sofía.* *A.”* Las lágrimas vienen antes de que pueda detenerlas.

—¿Qué pasa?

—Marisol me abraza.

Le muestro el email.

—Hijo de puta —dice, sin veneno real—.

¿Vas a responder?

—No sé.

—¿Qué querés decirle?

Pienso.

¿Qué quiero decirle?

¿”Gracias”?

¿”Te extraño”?

¿”Una parte de mí siempre va a preguntarse qué hubiera pasado si”?

—Quiero decirle que… que lo que tuvimos fue real.

Que me cambió.

Que aprendí a amar de verdad con él, y eso me permitió amar a Julia de una forma más sana.

—Entonces decíselo.

Esa noche, borracha de champagne barato, escribo: *”Alex,* *Gracias por escribir.

Significa más de lo que pensás.* *Lo que tuvimos fue importante.

Me salvaste cuando más lo necesitaba.

Me enseñaste que podía ser amada así, completamente rota.* *Pero también me enseñaste que tenía que aprender a estar entera sola.

Y lo hice.

Y conocí a Julia.

Y la amo de una forma diferente, más tranquila, pero no menos real.* *Te deseo toda la felicidad del mundo.

De verdad.* *Y gracias por dejarme ir.

Por darme permiso para seguir adelante.* *Cuidate.* *S.”* Enviar.

Dos días después, me caso con Julia bajo un cielo perfectamente azul.

Y cuando el juez pregunta si alguien tiene alguna objeción, miro hacia la puerta por un segundo —solo uno— antes de decir “sí, acepto.” **ALEX** El día de su boda, me tomo el día libre del trabajo.

No porque esté deprimido.

No porque crea que cometí un error.

Sino porque algunos momentos merecen ser marcados, aunque sea en privado.

Camino por Berlín sin rumbo.

Es primavera, la ciudad está hermosa, llena de vida.

Termino en un café cerca del Spree.

Pido un café, saco mi cuaderno de bocetos.

Dibujo de memoria: el rincón.

La escuela.

Sofía a los diecisiete, con ese buzo gris tres talles más grande.

Mi celular vibra.

Su respuesta.

La leo tres veces.

Lloro en un café de Berlín, y la camarera —acostumbrada a emociones públicas en esta ciudad de exiliados— solo me trae más café y me deja en paz.

*”Me enseñaste que tenía que aprender a estar entera sola.”* Eso es todo lo que necesitaba escuchar.

Que no la rompí irreparablemente.

Que lo que tuvimos sirvió para algo más que dolor.

Esa noche, Matthias —mi amigo del departamento de historia, no el de la fiesta hace años, otro Matthias— me invita a cenar.

—Te ves mejor —dice.

—Me siento mejor.

—¿Pasó algo?

—Algo terminó.

No entiende, pero asiente de todas formas.

Después de la cena, caminamos por el río.

Berlín de noche es mágico, lleno de posibilidades.

—¿Alex?

—dice Matthias, deteniéndose.

—¿Sí?

—¿Querés ir a tomar algo?

Solo nosotros.

Hay algo en su tono.

Una pregunta detrás de la pregunta.

Lo miro.

Matthias es amable, inteligente, tiene una risa genuina que me hace sonreír.

—Sí —digo—.

Me gustaría.

Y por primera vez en seis años, siento que tal vez, eventualmente, voy a poder amar a alguien más.

No como amé a Sofía.

Ese amor fue único, de una vez en la vida.

Pero tal vez algo diferente.

Algo más tranquilo.

Algo que pueda sostener.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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