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Días Azules - Capítulo 6

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6: 6 6: 6 Capítulo 6: Lo que no se dice Hay cosas que pasan en los silencios.

Cosas que no necesitan palabras pero que se sienten igual.

Como la forma en que Alex empezó a esperarme en la parada del colectivo por las mañanas.

No lo hablamos.

Simplemente, un día estaba ahí, con las manos en los bolsillos y esa expresión que tiene cuando está nervioso.

—Tomo el mismo colectivo —dijo, como si fuera casualidad.

—No vivís por acá —respondí.

—Ahora sí.

Mentira.

Pero no importó.

Desde ese día, compartimos el viaje.

El cuaderno se está llenando.

Ya casi no quedan páginas en blanco.

Está repleto de nuestras conversaciones silenciosas: mis palabras, sus dibujos, nuestras preguntas sin respuesta.

Una tarde, Alex dibuja un corazón.

Pero no es uno de esos corazones perfectos de tarjeta.

Es anatómico, con venas y arterias, y está atado con cuerdas, como si alguien hubiera tratado de mantenerlo junto.

—¿Eso es lo que sentís?

—pregunto.

—Todo el tiempo.

No sé qué me impulsa a hacerlo, pero extiendo la mano y toco el dibujo, como si pudiera sentir el dolor que representa.

—Yo también —susurro.

Alex me mira.

Está tan cerca que puedo ver las pequeñas manchas doradas en sus ojos grises.

Puedo ver cómo su respiración se acelera levemente.

—Sofía, yo… Pero se detiene.

Algo lo frena.

Miedo, quizás.

O la certeza de que una vez que digamos ciertas cosas en voz alta, no hay vuelta atrás.

—¿Qué?

—pregunto.

Niega con la cabeza.

—Nada.

Olvidalo.

Pero no es nada.

Puedo sentirlo.

Esa noche, escribo en mi cuaderno personal: *”¿Cómo le decís a alguien que se convirtió en la única razón por la que querés levantarte cada mañana?

¿Cómo le decís que cuando no está, el mundo vuelve a ser gris?

¿Cómo le decís que tenés miedo de lo que esto significa?”* Mi celular vibra.

Es un mensaje de Alex.

**”¿Estás despierta?”** **”Sí”** **”¿Puedo llamarte?”** Mi corazón se acelera.

Nunca hablamos por teléfono.

**”Dale”** Suena.

Atiendo al segundo ring.

—Hola —dice su voz, más suave que de costumbre.

—Hola.

Silencio.

Pero no es incómodo.

Es ese tipo de silencio que solo existe entre personas que se entienden.

—No podía dormir —dice finalmente—.

Seguía pensando en… en cosas.

—¿Qué cosas?

—En vos.

En nosotros.

En esto que estamos haciendo.

Mi respiración se detiene.

—¿Y?

—Y… no sé qué es.

Pero me importa.

Mucho.

Cierro los ojos.

Las palabras que quiero decir se atascan en mi garganta.

—A mí también me importa —logro decir.

Escucho su respiración del otro lado.

Irregular.

Nerviosa.

—¿Tenés miedo?

—pregunta.

—Todo el tiempo.

—¿De qué?

—De que esto se termine.

De que me despierte y todo haya sido un sueño.

De que te des cuenta de que no valgo la pena.

—Sofía… —¿Vos?

¿Vos tenés miedo?

—Sí.

De lo mismo.

Y de algo más.

—¿De qué?

—De lo que siento cuando estoy con vos.

El silencio que sigue es diferente.

Cargado.

Lleno de cosas que ninguno se atreve a decir.

—¿Alex?

—¿Sí?

—No quiero tener miedo de esto.

—Yo tampoco.

—Entonces no tengamos.

Escucho algo que podría ser una risa o un suspiro.

—¿Así nomás?

—Así nomás.

—Ojalá fuera tan fácil.

—Tal vez lo es.

Tal vez lo estamos complicando.

Otra pausa.

—¿Sofía?

—¿Sí?

—Mañana… ¿querés ir a algún lado después de clases?

No al rincón.

A otro lado.

Mi corazón late tan fuerte que estoy segura de que puede escucharlo.

—¿A dónde?

—No sé.

A cualquier lado.

Solo… quiero estar con vos.

Sonrío en la oscuridad de mi cuarto.

—Sí.

Quiero.

—Dale.

Nos vemos mañana.

—Nos vemos.

Cuelga.

Me quedo mirando el techo, con el teléfono todavía en la mano, sintiendo algo que no sentía hace mucho tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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