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Diego, el mejor héroe del mundo - Capítulo 22

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  4. Capítulo 22 - 22 El Acero de la Isla Tecnológica
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22: El Acero de la Isla Tecnológica 22: El Acero de la Isla Tecnológica El amanecer recibió a los chicos con una brisa extraña.

Ya no olía a salitre y mar, sino a algo metálico, como si el aire estuviera cargado de electricidad.

Jaime estaba en la proa con los ojos entrecerrados observando el horizonte.

—¡Isla a la vista!

—gritó Kenji, pero su voz no sonaba emocionada, sino confundida—.

Diego, tienes que ver esto.

No se parece en nada a lo que hemos visto antes.

Diego se acercó a la barandilla y se quedó con la boca abierta.

Frente a ellos no había palmeras ni arena blanca.

Era una montaña de metal, llena de edificios con luces de neón azules que parpadeaban incluso de día.

Grandes tuberías soltaban vapor hacia el cielo y se oía un zumbido constante que hacía vibrar el casco del barco.

—¿Qué es este sitio?

—preguntó Irene, agarrándose del brazo de Diego—.

Parece…

una ciudad del futuro.

—Es una isla tecnológica —dijo Jaime, consultando un mapa antiguo que apenas coincidía con lo que veíamos—.

Se dice que aquí experimentan con armas que ni siquiera podemos imaginar.

Atracaron el barco en un muelle de metal frío.

No había rastro de Dobi, lo cual alivió un poco a Diego, pero la tensión en su pecho no desaparecía.

Sus sueños le habían advertido de peligros, y este sitio gritaba “peligro” por todas partes.

—Si vamos a encontrar el cuarto huevo aquí, tenemos que estar preparados —dijo Diego, mirando sus manos—.

Vamos a entrenar un poco antes de entrar en la ciudad.

No quiero que nos pillen desprevenidos como los piratas.

Nos fuimos a una explanada de metal oxidado cerca del puerto.

Kenji y Jaime empezaron a cruzar sus armas, mientras Diego se concentraba en sus puños.

—¡Diego, atácame con todo!

—gritó Kenji moviendo su bastón a toda velocidad.

—¡Allá voy!

¡PUÑETAZOS DE SANGRE ÍGNEOS!

—gritó Diego lanzándose al ataque.

Entrenaron durante horas.

Sudaban a pesar del viento frío de la isla.

Irene ayudaba vigilando el perímetro y dando agua a los demás.

Diego se sentía más fuerte, pero algo le decía que no era suficiente.

Y entonces, ocurrió.

Un estruendo metálico sacudió el suelo.

De un edificio cercano salió un hombre alto, vestido con una armadura negra que brillaba con luces rojas.

Sus ojos estaban cubiertos por un visor tecnológico y en su mano derecha llevaba un cañón de energía que zumbaba con una fuerza terrible.

—Vaya, vaya…

intrusos en mi isla —dijo el villano con una voz distorsionada por su casco—.

Soy Mecha-Sombra, y nadie sale de aquí con vida.

—¡No te tenemos miedo!

—gritó Diego, lanzándose al ataque con rabia.

Fue un desastre.

Mecha-Sombra era demasiado rápido.

Cuando Diego intentó darle un puñetazo, el villano activó unos propulsores en sus botas y se colocó detrás de él en un parpadeo.

Le dio una patada en la espalda a Diego que lo mandó a volar contra una pila de cajas metálicas.

—¡Diego!

—Irene corrió hacia él, pero Mecha-Sombra disparó una ráfaga de energía al suelo frente a ella, obligándola a retroceder.

—¡Deja a mis amigos en paz!

—Kenji y Jaime atacaron juntos, pero el villano activó un escudo de energía que rebotó sus armas como si fueran de juguete.

Con un solo movimiento de su cañón, lanzó una onda de choque que dejó a todos tendidos en el suelo, doloridos.

—Sois débiles —se burló Mecha-Sombra—.

Volved a vuestro barco si no queréis morir hoy.

Se dio la vuelta y se marchó, desapareciendo entre el vapor de la ciudad.

Diego se levantó como pudo, con el brazo temblando y la cara llena de hollín.

Le dolía todo, pero la rabia de Diego era más fuerte que el dolor.

—Nos ha humillado —dijo Jaime, limpiándose la sangre del labio—.

Sus armas son demasiado avanzadas.

—No vamos a rendirnos —dijo Diego, mirando a sus amigos—.

Hemos entrenado, pero tenemos que ser más listos.

Kenji, Jaime, Irene…

escuchadme.

Tenemos un plan.

Se sentaron en círculo y planearon cada movimiento.

Sabían que el escudo de Mecha-Sombra tenía un punto débil: tardaba dos segundos en recargarse después de un disparo potente.

Esa era la única oportunidad.

Diego entrenó ese movimiento específico una y otra vez con los demás, coordinando sus fuerzas hasta que el sol empezó a ponerse tras los edificios de metal.

—Es hora —dijo Diego, poniéndome en pie—.

Vamos a por él.

Caminaron hacia la plaza central de la ciudad.

Mecha-Sombra los estaba esperando, sentado sobre un tanque destruido.

—¿Habéis vuelto para que os dé otra paliza?

Qué persistentes.

—Esta vez será diferente —contestó Jaime, lanzando dos dagas que el villano bloqueó fácilmente.

Pero eso era solo la distracción.

Kenji saltó desde un tejado lateral, obligando a Mecha-Sombra a disparar su cañón hacia arriba.

¡Ese era el momento!

El escudo bajó por un instante.

—¡AHORA, DIEGO!

—gritó Irene a pleno pulmón.

Diego corrió con todas sus fuerzas.

Sentía como su sangre hervía, pero esta vez no era solo calor, era una explosión interna de energía que nunca había sentido.

Los puños de Diego se volvieron de un rojo casi blanco.

—¡¿Qué?!

—exclamó Mecha-Sombra intentando recargar su escudo—.

¡Es imposible!

—¡Nada es imposible para nosotros!

¡ EXPLOSIÓN DE SANGRE ÍGNEA TOTAL!

—gritó Diego.

Diego le dio un puñetazo directo en el pecho, justo donde estaba su núcleo de energía.

El impacto fue tan fuerte que el metal de la armadura empezó a derretirse y a agrietarse.

Hubo una explosión de luz y el villano salió despedido contra una pared de acero, quedando incrustado en ella.

Las luces rojas de su visor se apagaron y su cañón echó humo antes de quedar en silencio.

Se quedaron en silencio, respirando con dificultad.

Lo habían logrado.

Habían perdido la primera vez, pero la voluntad de Diego y sus amigos fue más fuerte que la tecnología.

—Buen trabajo, Diego —dijo Kenji, apoyándose en su bastón y sonriendo.

—Lo hemos hecho juntos —dijo Diego, mirando a Irene, que le dio un beso en la mejilla—.

Pero no podemos quedarnos aquí.

Ese huevo tiene que estar cerca, y después…

tenemos que irnos rápido.

Siento que Dobi se está acercando.

Jaime asintió, mirando hacia las profundidades de la ciudad tecnológica.

—Vamos.

El cuarto huevo nos espera.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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