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Diego, el mejor héroe del mundo - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 LA ISLA TORTUGA
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26: LA ISLA TORTUGA 26: LA ISLA TORTUGA El Red Phoenix se deslizaba sobre aguas cristalinas, pero el ambiente en la cubierta era sombrío.

Diego estaba apoyado en la barandilla, mirando sus manos como si no le pertenecieran.

El recuerdo de la parálisis frente a Dobi lo atormentaba como una brasa ardiente.

—Diego, ¿estás bien?

¿Qué te pasa?

—preguntó Irene con voz preocupada, acercándose a él.

—Nada…

estoy pensando en la pelea de ayer con Dobi —confesó Diego sin apartar la vista del mar.

Irene le puso una mano en el hombro, intentando transmitirle fuerzas.

—Lo hicimos lo mejor que pudimos —dijo ella, tratando de animar a Diego.

Diego negó con la cabeza, frustrado.

—Ya, pero no es solo la batalla.

Fue todo muy raro.

Yo quería moverme y no podía, estaba paralizado…

y de un momento a otro, me estaba moviendo perfectamente.

Como si alguien más manejara mis hilos.

—Y ese no era Dobi —intervino Jaime, que se había acercado en silencio—.

Era solo una sombra suya.

Diego se giró hacia él, sorprendido.

—¿Tú también lo notaste, Jaime?

—Sí —asintió el guerrero con gravedad—.

Él no era ni un 10% de lo que es en realidad.

Si hubiera sido el verdadero Dobi, no estaríamos aquí contando la historia.

—Ya…

a saber dónde está el original —dijo Diego preocupado.

La idea de que su hermano fuera diez veces más fuerte de lo que ya habían visto le pesaba como una montaña de plomo.

De repente, un grito de Kenji desde la proa rompió la atmósfera.

—¡Chicos!

¡¿Qué es eso?!

—exclamó sorprendido.

El grupo corrió hacia el frente.

En el horizonte, lo que parecía una isla montañosa empezó a moverse.

Dos aletas gigantescas emergieron del agua, levantando olas que mecieron el barco.

—Es una isla tortuga —dijo Diego confundido.

—¡Que guapo!

—dijo Jaime sorprendido.

—¿Cómo que “qué guapo”?

¡Es maravilloso!

¡Es una monada!

—gritó Irene con los ojos brillando—.

¡Vamos, vamos!

Kenji ya estaba preparando las cuerdas para desembarcar, pero Diego se quedó clavado en el sitio.

Una punzada de dolor le atravesó la sien.

—¡Esperad!

Esto lo soñé —dijo Diego con la voz temblorosa.

—¿Y qué pasó, Diego?

—preguntó Jaime preocupado.

Diego cerró los ojos, tratando de dar forma a las sombras de su premonición.

—Solo me acuerdo de que había alguien…

o algo…

sonriendo mientras yo estaba en el suelo, derrotado.

No sé quién era, pero su risa…

su risa todavía me zumba en los oídos.

A pesar de la advertencia, el hambre de respuestas los obligó a desembarcar.

El caparazón de la tortuga no era de tierra, sino de una placa ósea milenaria cubierta de musgo que brillaba con una luz extraña.

Avanzaron hacia el centro, donde una estructura de piedra antigua se alzaba como una corona.

De repente, el suelo vibró.

De la estructura emergió una figura que no parecía humana: un guerrero acorazado con una máscara blanca que tenía una sonrisa eterna grabada.

—Soy Testudo, el guardián del caparazón —dijo el villano con una voz cavernosa.

Sin previo aviso, Testudo se lanzó al ataque.

Su velocidad era tal que Diego apenas pudo reaccionar.

El villano lanzó un mazo de piedra gigante que impactó en el hombro de Diego, mandándolo directamente al suelo.

—¡DIEGO!

—gritó Irene Diego estaba en el suelo, tal como en su sueño.

El dolor en su hombro era insoportable, pero ver a Testudo dirigirse hacia Irene encendió algo en su interior.

No era solo fuego; era una rabia dorada que hacía que el aire alrededor de él vibrara.

—¡No la toques!

—rugió Diego, impulsándose desde el suelo con una explosión de calor.

Sus puños se volvieron de un rojo casi blanco.

—¡puño infernal!

Diego descargó una ráfaga de puñetazos sobre la armadura de Testudo.

Cada golpe sonaba como una detonación.

Jaime apareció por el flanco, usando sus hilos de sangre para inmovilizar los brazos del gigante, mientras Kenji invocaba pilares de hielo que bloqueaban su retirada.

Testudo intentó rugir, pero Diego no le dio respiro.

Con un último grito, Diego concentró toda su energía en un golpe directo al pecho del villano.

La armadura de hueso estalló en mil pedazos y Testudo salió disparado hacia el mar, desapareciendo bajo las olas.

Diego cayó de rodillas, agotado, con el vapor saliendo de su piel.

Había cambiado el final de su sueño.

No se quedó en el suelo; se levantó para proteger a los suyos.

En el centro de la estructura de piedra, donde antes estaba el villano,  —Lo hemos logrado —susurró Kenji, ayudando a Diego a ponerse en pie.

—Sí —respondió Diego—.

Pero si Dobi solo era el 10%, tenemos que entrenar más duro que nunca no hay que estar relajados

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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