Dios de la Tecnología: Creando Internet en Otro Mundo - Capítulo 370
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Capítulo 370: ¿Qué hiciste?
—¡¿Una proyección?!
El aprendiz estaba realmente sorprendido.
Pero pensándolo detenidamente, mirando más de cerca y probando con el brazo… Efectivamente, era una proyección de verdad.
—Nunca pensé que, en el poco tiempo que estuvimos fuera, los proyectores tecno-mágicos se desarrollarían hasta este nivel —no pudo evitar suspirar finalmente el aprendiz.
—Ni que lo digas. —El mago salvaje también estaba bastante sorprendido—. Nunca imaginé que pudieran hacer proyecciones tan realistas. Me pregunto quién lo habrá hecho, pero desde luego parece tener alguna utilidad.
—¿Qué utilidad? —preguntó el aprendiz con una sonrisa.
Al aprendiz también le sorprendió la aparición de esta proyección, pero así de primeras no se le ocurría para qué podría servir.
Por muy realista que fuera, no dejaba de ser una proyección; algo que solo servía para mirar.
—Podríamos instalar uno de estos en la plaza más grande de cada ciudad, conectarlos a través de la Red Mágica y luego hacer que la gente de la Iglesia del Amor y la Belleza haga retransmisiones especiales en directo y proyecte hologramas en 3D. Así anunciamos y promocionamos nuestros productos, como los vehículos impulsados por magia. De esa forma, cada vez que desarrollemos un nuevo modelo de vehículo impulsado por magia, podremos exhibirlo directamente en el centro de cada ciudad.
El mago salvaje sonrió. —Claro, este tipo de exhibición es solo para mirar, pero en comparación con las imágenes de la Red Mágica, sin duda sería mucho más nítido.
—Pero ¿cómo garantizas que estas imágenes puedan transmitirse a través de la Red Mágica? La Red Mágica siempre ha transmitido vídeos e imágenes. Transmitir imágenes tan realistas probablemente sería…
Antes de que el aprendiz pudiera terminar, y mientras el mago salvaje todavía estaba pensando, una voz se oyó cerca. —No sé cuál es el principio, pero las imágenes que estáis viendo ahora mismo las estoy retransmitiendo a través de la Red Mágica y el nuevo proyector.
—Lo sabía. Solo tú podrías haber desarrollado un proyector como este. —El mago salvaje miró a la persona que se acercaba y sonrió—. Nos la has colado bien con ese truco.
—Sinceramente, a mí me ha sorprendido más la idea que acabas de tener. Nunca pensé que este proyector 3D pudiera usarse de esa forma.
El inventor de proyectores sonrió. —Pero ahora que lo dices, suena bastante bien. Quizá podríamos producir una remesa y vendérsela a los ricachones del Gremio de Comerciantes Dorados.
—Si el coste no fuera todavía demasiado alto, quizá podríamos popularizarlo aún más. En plan, que al ver una retransmisión en directo, el presentador se materialice en tres dimensiones delante de ti… Aunque supongo que los únicos que podrían permitírselo serían los nobles de más alto rango. Mejor ni pensarlo.
—¿No era ese tu plan original?
El mago salvaje sintió curiosidad. —¿Entonces por qué lo desarrollaste?
—¿Me creerías si te dijera que solo fue una coincidencia? —dijo el inventor de proyectores con cierta impotencia—. Hace un tiempo, ¿no apareció una película de magia en la Red Mágica?
Todos se conocían muy bien y trabajaban por los mismos objetivos. Además, se conocían como la palma de su mano, así que el inventor de proyectores no se anduvo con rodeos y les explicó directamente en qué había estado trabajando últimamente.
Le había prometido al nuevo teatro que desarrollaría unos proyectores más nítidos; de esos con los que, aunque mil personas estuvieran mirando a la vez, todas pudieran verlo con claridad. Así que, cada vez que tenía tiempo libre, se dedicaba a mejorar su proyector.
Pero, de forma inesperada, mientras el proyector se volvía más nítido, de algún modo también se volvió tridimensional.
Y así fue como consiguió lo que estaban viendo en ese momento.
Lo había fabricado la noche anterior y hoy había decidido probarlo por los alrededores del laboratorio.
—¿Entonces piensas enviar este proyector al teatro? —preguntó de inmediato el aprendiz. Había estado escuchando a un lado y nunca se esperó que el proceso hubiera sido así.
—No, en realidad ni siquiera se me había ocurrido para qué podría servir hasta que el mago salvaje ha dicho todo eso. —El inventor de proyectores se encogió de hombros—. El nuevo teatro no necesita un proyector como este, a menos que inventen algún nuevo tipo de espectáculo.
—Aún tengo que seguir investigando mi proyector más nítido. En cuanto a cómo usar este en concreto, la verdad es que no pienso ocuparme de ello. Más tarde se lo entregaré a la gente de la Asociación de Gestión de Inventos. Total, si de verdad lo producen y lo venden, seguro que me darán dinero, ¿no?
La llamada Asociación de Gestión de Inventos era en realidad un departamento de la Compañía del Grupo Territorio Roster. Antes era independiente.
Pero cuando la Compañía del Grupo Territorio Roster salió a bolsa, fue absorbida.
Esta asociación solo tenía una tarea: prestar servicio a cualquiera en el territorio que inventara o creara algo, ya fuera personal de I+D, personal técnico, trabajadores de la línea de producción o cualquier otra persona.
Cualquiera que inventase algo podía enviárselo. Ellos lo investigaban y evaluaban, determinaban si debía enviarse a la fábrica para su producción, cómo debía venderse una vez producido, etcétera.
Siempre que se determinara que tenía valor, tras todo un proceso, una vez se vendía y generaba beneficios, le enviaban al inventor su parte de las ganancias.
Era precisamente gracias a esta organización que la Compañía del Grupo Territorio Roster no paraba de producir un excelente conductor mágico tras otro.
La forma de pensar del inventor de proyectores era de lo más simple. Inventar algo y enviarlo. Si da dinero, el dinero llega solo. Si no da dinero, que se preocupen otros. Él tenía tiempo, así que más le valía seguir investigando.
Quién sabe, ¡quizá acabaría desarrollando un producto superventas!
—Es verdad, de todos modos no tenemos que preocuparnos por la comercialización. —El mago salvaje asintió—. Entonces, date prisa y quita el proyector. ¿No querías que volviéramos al laboratorio? No habréis hecho explotar el laboratorio mientras no estábamos, ¿verdad?
—¡Qué va! —El inventor de proyectores negó con la cabeza frenéticamente, con tono firme—. En este tiempo en el laboratorio, solo hemos tenido cuatro explosiones pequeñas. No le causarían ningún daño al laboratorio.
¡¿Cuatro explosiones pequeñas?!
—¡¿Entonces por qué no lo dijisteis por el chat del trabajo?! —El mago salvaje tuvo de repente un mal presentimiento e instó al inventor de proyectores a que quitara rápidamente la proyección.
En realidad, sabían que el mago salvaje vería el estado del laboratorio tarde o temprano. Hicieran lo que hicieran, en el mejor de los casos solo podrían ocultarlo durante un corto periodo de tiempo.
Pero no se dio cuenta de que, a veces, lo peor no era ver la desgracia de inmediato, sino ver algo bueno e inmediatamente después ver algo malo. Ese tipo de impacto, ese contraste, era realmente aterrador.
En el instante en que el proyector 3D se apagó, también resonó el rugido del mago salvaje. —¿¡A esto lo llamáis una explosión pequeña!?
El espacio abierto alrededor del laboratorio se solía usar para exhibir vehículos y demás. Aunque no era precisamente liso, como mucho tenía algunos baches y socavones.
¿Pero ahora?
Todo lo que podía ver era tierra negra y calcinada.
Aproximadamente una quinta parte del laboratorio se había derrumbado, y todo estaba carbonizado.
También había unos cuantos trabajadores cerca haciendo reparaciones.
El mago salvaje se sintió mareado y casi se desmayó. —¿Qué habéis hecho? ¿Cómo ha podido tener tanta potencia? ¡¿El Vizconde Roster sabe de esto?!
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