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Dios de las MILFs: Los Dioses Me Piden Hacer un Harén de MILFs - Capítulo 303

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  4. Capítulo 303 - Capítulo 303: ¿Merece todo el esfuerzo?
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Capítulo 303: ¿Merece todo el esfuerzo?

—Mmm… Los pervertidos como tú que van detrás de las mujeres casadas no merecen recordatorios amables; todos merecen que los pateen así —bufó Nina y me miró con desdén—. También te he dado tiempo más que suficiente para que revisaras mi figura e incluso te he dejado desahogarte un poco por tu cuenta, viendo lo desesperado que estabas, así que ¿por qué sigues en el suelo…? ¡Levántate ya!

—¿Mmm…? Esto no era lo que esperaba —dije, levantándome y sacudiéndome el polvo de los pantalones mientras miraba la cara de Nina, que no tenía ningún indicio de vergüenza como antes—. Estaba seguro de que tu cara se pondría como un tomate después de todo lo que dije sobre ti y del pequeño manoseo que le di a tu trasero mientras mirabas desde arriba… Pero, viendo lo tranquila que pareces ahora, se ve que ninguno de mis intentos por hacerte abochornar funcionó.

Aunque dije eso, yo sabía, por lo fuerte que oía latir el corazón de Nina y lo cálida que sentí su piel cuando la abracé con fuerza, que estaba terriblemente avergonzada por la situación en la que se había metido y que simplemente estaba actuando para aparentar que no le afectaba en absoluto. Pero decidí dejar que pensara que no había notado nada extraño y darle el beneficio de la duda, para que no se volviera demasiado recelosa conmigo y me apartara por su propia seguridad.

—¡Por supuesto, Kafka! —exclamó Nina con una sonrisa de satisfacción en el rostro, al ver que su actuación funcionaba—. ¿De verdad pensabas que podías hacerme sentir algo con esas palabras vulgares tuyas y tus manos largas que tan obviamente se estaban aprovechando de mí?… ¡Ni en esta vida!

—…Eso solo pasó porque yo te dejé, viendo lo desesperada que estabas por sentir el cuerpo de una adulta —se inventó Nina su propia excusa para demostrar que en realidad era ella quien tenía la posición dominante aquí—. Siendo la hermana mayor increíble que soy, simplemente te dejé hacer lo que quisiste por un minuto para poder satisfacer tus deseos pervertidos.

—…Y menos mal que lo hice; si no, ¿quién sabe a quién andarías acosando por ahí, diciendo tonterías como que quieres formar un ejército de niños con ellas? —Nina me miró como si fuera mi ángel de la guarda y parecía decirme que estuviera agradecido de tener a alguien como ella velando por mí.

—Espera… ¿Entonces eso significa que puedo hacer contigo todo tipo de cosas que tengo en mente y tú simplemente lo aceptarías por mi bien, Nina? —sonreí y usé su declaración en su contra, lo que hizo que su expresión de orgullo se congelara por un segundo y se tornara en desconcierto.

—¡No, Kafka! ¡No! —replicó Nina de inmediato, agitando las manos hacia mí por si de repente me abalanzaba sobre ella para llevar a cabo mis deseos ocultos. Luego se inventó otra excusa y dijo, como si lo tuviera todo resuelto—: Escucha, Kafka, así como a un niño se le debe dar una galleta de vez en cuando…, tampoco se le deben dar un montón de galletas todo el tiempo para que no se malcríe, y solo se le debe recompensar cuando hace algo bueno o satisfactorio.

—…Esto es parecido a tu caso, Kafka, ya que hiciste algo que me alegró un poco y te di una pequeña recompensa al final. Y eso de ninguna manera significa que te daré una recompensa cada vez que la pidas, sino solo cuando hagas algo que me haga sentir que mi hermanito necesita un premio.

Nina asintió con la cabeza, como si estuviera satisfecha consigo misma por haber ideado una forma tan brillante de decirme que podría dejar que intimara con ella de vez en cuando o que le dijera algunas palabras lascivas cuando estuviera con ella, pero que en realidad no significaba nada importante y que simplemente debía tomarse como una hermana mayor premiando a su hermanito por ser tan buen chico, casi como si me estuviera tratando como a un perro.

Sabía que tenía que establecer esas condiciones tras darse cuenta de que, en el futuro, era inevitable que momentos que le aceleraban el corazón volvieran a ocurrir si iba a estar cerca de mí, pues bastaron unas pocas palabras mías para que ella tuviera pensamientos sobre estar en la cama conmigo, y no quería arriesgarse a que yo descubriera que estaba empezando a verme como un hombre.

Y usando esta excusa de dar premios de vez en cuando, podría actuar como si todo fuera idea suya si algo como lo que acababa de ocurrir volviera a pasar en el futuro.

Nina incluso negó con la cabeza mientras se preguntaba si valía la pena poner tanto esfuerzo solo para que su relación con un chico que aún estaba en el instituto no sobrepasara los límites que ella temía.

Pero cuando vio el hermoso rostro frente a ella, que tenía un brillo diferente al de los demás y que de alguna manera siempre la hacía sonreír con solo mirarlo, sabiendo que estaba a punto de pasar un rato delicioso si alguna vez veía acercarse ese mismo rostro, llegó a aceptar que todo el esfuerzo que ponía en mantener esa relación tan inestable con él valía la pena.

Se dio cuenta de que la felicidad, la alegría y la paz que le proporcionaba el chico que tenía delante, que simplemente no podían medirse con ninguna moneda ni valor, era algo por lo que se esforzaría sin medida y que, sin duda, valía el precio que pagaba al inventar un montón de excusas para equilibrar la relación en cuestión.

—Entonces, ¿estás diciendo que la razón por la que me permitiste tocarte el abdomen fue porque lo consideraste una recompensa por haberte hecho feliz? —pregunté, a lo que Nina asintió mientras se frotaba el abdomen como si todavía pudiera sentir el calor de mis manos sobre él. Entonces, continué preguntando—: Ya veo… Entonces, ¿qué fue exactamente lo que te dije que te hizo sentir que merecía algo a cambio, Nina?

—N-No lo sé… Debe de ser porque elogiaste mi figura, Kafka, algo que no suelo oír de los demás. —Nina expresó una ligera vergüenza, reconociendo que había reaccionado al cumplido de un niño sobre su cuerpo—. Normalmente, las señoras que vienen por aquí siempre me dicen que necesito comer más porque estoy muy delgada, y llevo oyendo esas mismas palabras desde que era pequeña, así que fue agradable ver que había alguien que apreciaba la figura de la que yo misma me sentía orgullosa.

Nina me miró con una expresión peculiar, como si se preguntara si debía estar agradecida de que por fin alguien que la apreciaba por quién era hubiese aparecido en su vida, o si debía preguntarse qué clase de destino le había tocado para que esa misma persona fuese un estudiante de instituto.

—Espera… Entonces, ¿eso significa que me darás muchos más «premios» si vuelvo a elogiar tu figura? —pregunté con una mirada ávida, dando un paso al frente, como si estuviera listo para soltar un aluvión de cumplidos e ir a por otra ronda de toquetear su esbelto cuerpo—. Si es así, ya tengo mil cosas que decir sobre tu espectacular figura que sin duda serán suficientes para que me des una recompensa lo bastante grande como para que acabemos en tu dormitorio.

—¡Sigue soñando, mocoso!

Nina dio un paso al frente con cara de fastidio y me dio un coscorrón en la cabeza para sacarme de mis fantasías.

Luego me reprendió con severidad:

—Ya te dije que darle demasiadas galletas a un niño lo vuelve malcriado y desagradecido… Así que ni se te ocurra pensar que voy a seguir cediendo a tus deseos lascivos, que estoy bastante segura de que tienes de sobra sobre mí en esa mente pervertida tuya cada vez que me pones un poco contenta.

—¿Y si te pongo «muy» contenta, Nina?… ¿Y si te pongo tan alegre y encantada que solo quieras saltar sobre tu cama y patalear en el aire de lo eufórica que estás? —pregunté mientras me frotaba la cabeza, pues aunque Nina tenía las manos muy suaves, sus puños no eran ninguna broma—. ¿Me dejarías entonces satisfacer uno de mis deseos?

—Eso… Yo… —La mirada de Nina se desvió con vacilación, pues no sabía qué decir. Aunque lo que yo decía tenía sentido según las condiciones que ella misma había establecido, no quería aceptarlo directamente porque sentía que estaba cayendo en una trampa. Así que, al final, se cruzó de brazos y concluyó—: Lo pensaré… Si de verdad haces o dices algo que me ponga loca de contenta, me plantearé devolverte el favor, Kafka, como la buena hermana mayor que intento ser.

Simplemente sonreí al oír las palabras de Nina, lo que la hizo tragar saliva y preguntarse si no acababa de cavar un hoyo aún más profundo del que ya no podía salir, en el que se había metido desde el momento en que decidió subestimarme.

Nina no pareció querer insistir más en un tema que la hacía sentir como si la estuvieran manipulando a su antojo sin que ella se diera cuenta, así que sacó a relucir otra cosa que llevaba un tiempo queriendo preguntarme.

—Si vas a recibir un favorcito de mi parte o no, eso ya lo veremos, Kafka… Primero, dime por qué me comparaste con una sandía y me llamaste gorda —preguntó Nina con los ojos entrecerrados, clavándomelos directamente en el alma y con el ceño ligeramente fruncido, como si me advirtiera que tuviera cuidado con mi respuesta si no quería que me echara a patadas—. Y dime también la parte más confusa: por qué primero dijiste que era redonda como una sandía y luego elogiaste mi esbelta figura.

—¿Es algún tipo de juego mental que usas con las chicas para confundirlas y hacer que caigan en tus redes?… Porque si lo es, te diré que está funcionando de maravilla, ya que no tengo ni idea de a qué estás jugando.

Nina me miró con recelo, como si hubiera descubierto que la estaba sometiendo a algún tipo de manipulación mental y, sinceramente, me tenía un poco de miedo, pues sabía que era el tipo de persona que se fiaría de cualquier cosa que le dijera alguien que le gustara y caería ciegamente en su trampa.

—Claro que no, Nina… Todo esto es un simple malentendido y, sinceramente, un dilema en el que te has metido tú sola —dije con un profundo suspiro mientras cogía una de las dos latas que había puesto sobre la mesa.

Entonces le hice un gesto para que me diera la mano, lo que provocó que me mirara con suspicacia, pensando que este también era uno de mis trucos para hacerla caer en mis artimañas.

Pero al ver la sinceridad en mi mirada, y pensando también que la forma cortés en la que le tendía la mano parecía la de un príncipe escoltando a la reina de un país de la que no podía evitar enamorarse, me tendió la mano mientras negaba con la cabeza por tener una imaginación tan bochornosa.

La sujeté~

Cuando sintió mi mano aferrar la suya con bastante delicadeza, como si sostuviera una frágil pieza de jade, no pudo evitar sonrojarse y sentirse avergonzada; más incluso que cuando la había sujetado por la cintura por alguna extraña razón, a pesar de que esto era mucho más recatado en comparación.

Pero no podía dejar que yo supiera lo cohibida que se sentía en ese momento, así que se calmó rápidamente y puso cara de aburrimiento, como diciéndome que me diera prisa con lo que fuera que estuviera intentando hacer.

Tras sujetar su suave mano, acerqué la lata que sostenía en la otra mano a su muñeca hasta que la superficie de la lata quedó junto a su piel, que parecía un vitral teñido de un color verde claro. Entonces miré a Nina, que se sentía bastante nerviosa por estar cogidos de la mano a pesar de ser ya una adulta, y le dije:

—Mira, Nina. Mira el color de tu piel y el color de esta lata de zumo… ¿No crees que se parecen?

—¿Eh?… A-Ah, sí, la verdad es que se parecen.

Nina salió de su ensimismamiento y respondió, pues, al mirarlos de cerca, reconoció que la lata sí que coincidía con el tono de su piel.

Una expresión de comprensión apareció entonces en el rostro de Nina, como si por fin hubiera entendido lo que yo intentaba decir antes, y me dijo a toda prisa:

—Espera… Kafka… ¿Eso quiere decir que, cuando dijiste que me parecía a esta lata, te referías al color del dibujo de la sandía y no a la forma de la sandía en sí?

—¿Pues qué te creías, Nina?… ¿Acaso piensas que soy el tipo de idiota que llamaría gorda a la chica que le gusta?… ¿De qué me serviría, aparte de conseguir que dicha chica me odie? —pregunté con una sonrisa irónica, aunque era culpable de haber llamado gorda a mi madre nada más conocerla.

—Cierto… Eso tiene mucho más sentido. —Nina asintió, como si por fin lo hubiera entendido todo. También se leía el alivio en su mirada ahora que sabía que yo no había intentado herirla antes de ninguna manera. Luego me miró con expresión de disculpa y dijo—: Lo siento, Kafka… Igual que antes, me he vuelto a hacer una idea equivocada de ti.

—…Es que no estoy acostumbrada a que la gente hable del color de mi piel, ya que todo el mundo lo considera un tema delicado que sacar delante de los humanos variantes, así que ni se me pasó por la cabeza que estuvieras hablando de mi piel y en su lugar pensé que comparabas mi figura con una sandía.

Nina me apretó la mano con más fuerza mientras se disculpaba, como si lamentara de verdad haber dudado de mí repetidamente por culpa de sus propias inseguridades. Parecía muy arrepentida por tratar de una forma tan ingrata a alguien que no dejaba de animarla, y se prometió en su fuero interno no volver a hacer algo así nunca más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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