Dios de las MILFs: Los Dioses Me Piden Hacer un Harén de MILFs - Capítulo 326
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Capítulo 326: ¿Por qué harías algo así?
Los ojos de Nina también dejaron escapar un destello de esperanza, pensando que tal vez me había gustado la bebida que probé al verme intentar descifrar en silencio el sabor mientras hacía girar la botella. Pero, por desgracia para ella, no le di la respuesta que esperaba, pues miré su rostro esperanzado y le dije con una sonrisa irónica:
—Lamento decir esto, Nina, pero esta bebida no es para mí… Es demasiado amarga para mi gusto… Honestamente, es tan amarga que tuve que esforzarme para mantener el líquido en la boca, porque sentí que mi cuerpo lo rechazaba en cuanto probé lo amargo que era en realidad el jugo de Safra.
—…Quería que me gustara al instante y decir que me encantaba esta bebida, pero eso sería como mentirte sobre algo que de verdad te gusta, y es algo que no quiero hacer —dije con una sonrisa reacia, lo que hizo que Nina también sonriera, como si ya se esperara ese resultado.
—No pasa nada, Kafka… Sé que no es una bebida para todo el mundo y que solo satisface a personas con gustos adquiridos como yo, así que no hay problema si no te gusta. —Aunque Nina tenía una sonrisa en el rostro, era evidente que estaba un poco triste por no haber encontrado en mí un alma gemela.
No era la primera vez que se decepcionaba porque alguien cercano a ella no compartía sus gustos, al igual que a su padre tampoco le gustaba el sabor del jugo, a diferencia de ella y su madre, a quienes les encantaba. Pero esta vez le afectó especialmente y le hizo temblar un poco los labios por alguna razón que no podía entender, ya que ni siquiera había reaccionado así cuando su marido rechazó su sugerencia de que lo probara.
Rápidamente ocultó lo que sentía con una sonrisa forzada y se recriminó a sí misma por sentirse tan abatida solo porque a un chico cualquiera no le gustaba lo mismo que a ella, actuando como una adolescente en pleno torbellino hormonal que la hacía tener emociones inestables.
Pero la fuerza con la que agarraba su propia botella, lo mucho que le había afectado y lo desesperada que estaba por encontrar a alguien que de verdad entendiera lo que sentía, lo dejaban todo bien claro.
No era simplemente porque no me gustara algo que a ella le gustaba; en realidad, provenía de un problema mucho más profundo: lo sola que se sentía en la vida en ese momento, pensando que, tras la muerte de sus padres, ya no quedaba nadie en el mundo que la amara y la entendiera como ellos.
Ella misma no era consciente del asunto, y simplemente pensaba que estaba experimentando algunas emociones no deseadas que la hacían parecer débil, lo cual era lamentable.
—Sinceramente, el hecho de que no escupieras el jugo en cuanto lo probaste y que te esforzaras por beberlo por mí es más que suficiente… Con la de veces que casi me lo han escupido en la cara al ofrecérselo a otros, te agradezco mucho que no me hayas pintado la cara con jugo de Sasfra, porque, por mucho que me guste, no me haría ninguna gracia tenerlo por toda la cara. —Nina se rio, creyendo que mencionaba un momento divertido de su vida, pero en realidad no tenía nada de gracioso y era bastante preocupante. Luego, soltó una risita mientras extendía las manos hacia mí y añadió—: Tampoco tienes que tirar el jugo que queda a la basura, estaré más que encantada de quitártelo de las manos y bebérmelo todo, ya que, a diferencia del resto, soy una rarita a la que por alguna razón le gusta esta bebida.
—…Bueno, solo si estás dispuesto a darme la botella y no te da demasiada vergüenza saber que tu hermana mayor beberá de la misma botella en la que has puesto los labios.
Aunque Nina dijo esas palabras para burlarse de mí y avergonzarme, al final fue ella la que se sonrojó al pensar que compartiría la misma botella que yo, como una niña inocente, y de inmediato se arrepintió de haberlo dicho.
Pero cuando esperaba que le entregara la botella para poder bebérsela de un trago delante de mí y demostrarme a mí y a sí misma que los besos indirectos no le importaban, ya que era una adulta y no una niña ignorante, me vio inesperadamente levantar la botella y bebérmelo todo de golpe con una expresión decidida en mi rostro, lo que la dejó completamente atónita.
Glu~ Glu~ Glu~
No tenía ni idea de por qué estaba bebiendo el jugo que claramente no me gustaba y entró en pánico, rezando para que no me atragantara por lo amargo que sabía.
—¿¡Q-qué estás haciendo, Kafka!? ¿¡Por qué te estás obligando a beber el resto de la botella!?… ¡No tienes que hacer algo así! —exclamó Nina mientras intentaba quitarme la botella, lo cual no consiguió, ya que, por muy alta que fuera, seguía siendo más baja que yo—. ¡Si lo haces por lo que te dije antes sobre obligarte a beberlo, de verdad que no tienes por qué, estaba bromeando… ¡No tienes que obligarte a beberlo!
—Ah… Pero no me estoy obligando a beberlo, Nina. —Solté un fuerte jadeo después de vaciar toda la botella, como si no hubiera sido la tarea más fácil beber tanto de algo que en realidad me quemaba la lengua de lo amargo que era. Luego miré a Nina, que tenía una expresión preocupada, y dije—: …Me estoy terminando esta botella porque quiero.
—¿P-por qué harías algo así? —preguntó Nina con exasperación mientras miraba mi botella, en la que no quedaba ni una gota de jugo, conmocionada, sin esperar que me la terminara entera—. Acabas de decir que te pareció demasiado amargo y que te costó mantenerlo en la boca… Pero, incluso sintiendo un rechazo tan fuerte, ¿por qué te tomaste la molestia de volver a beberlo?
Nina me miró con sus ojos muy abiertos, que buscaban desesperadamente una respuesta a mis extrañas acciones.
—Bueno, como dije antes, de verdad que me cuesta beber este jugo, ya que prefiero las bebidas dulces en lugar de este jugo de Sasfra, que sabe más a medicina que a una bebida refrescante —asentí, dándole la razón. Pero antes de que pudiera decir nada, la miré a la cara nerviosa y le dije con una pequeña sonrisa—: …Pero te olvidaste de una cosa, Nina… Olvidaste que a ti tampoco te gustó el sabor del jugo de Safra la primera vez que lo probaste de pequeña… Solo después de que tu madre te hiciera beberlo para valorar tu cultura fue cuando poco a poco te empezó a gustar su sabor, como mencionaste antes.
—Así que, al igual que hiciste tú de niña, pensé que si empezaba hoy y bebía una botella de jugo de Safra todos los días de ahora en adelante, me acostumbraría al sabor igual que tú y al final empezaría a disfrutar de su amargor —le expliqué mi plan, lo que hizo que Nina me mirara aturdida, con los labios entreabiertos, sin saber exactamente qué pensar en ese momento. Luego continué—: Claro, será difícil beber algo tan amargo todos los días… Pero estoy bastante seguro de que con un poco de determinación y pura fuerza de voluntad puedo obligarme a acostumbrarme al sabor y disfrutar de la bebida igual que tú.
—P-pero ¿por qué, Kafka?… ¿Por qué te tomarías la molestia de hacer algo que no te gusta sin ninguna razón? —Nina dio un paso adelante y preguntó con voz temblorosa, intuyendo ya por qué hacía lo que hacía, pero sin poder creer que fuera verdad. Luego me miró y preguntó con los ojos llenos de preocupación e inquietud por lo que me estaba haciendo a mí mismo—: …¿Por qué te torturarías por algo tan insignificante como que te guste una vieja bebida hecha en un lugar remoto?… ¿P-por qué harías algo tan inútil?
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