Dios de las MILFs: Los Dioses Me Piden Hacer un Harén de MILFs - Capítulo 339
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Capítulo 339: ¿Qué color va a besar primero?
—¡Vamos, Kafka!~ ¡Dime ya dónde quieres besarme!~ —exclamó Nina mientras tiraba con entusiasmo de la mano de Kafka, deseando saber cuán sucios eran sus pensamientos—. ¡Dímelo ya!~ ¡Me muero por saber dónde querría besarme un pervertido como tú!~
—Te lo diré, Nina. Te lo diré… No tienes que apurarme —respondió Kafka rápidamente a las insistencias de Nina y disolvió todos los horribles pensamientos que estaba teniendo sobre lo que haría si alguien llegara a herir a Nina, los cuales harían que hasta al diablo se le erizara la piel. Luego miró los preciosos ojos verdes que esperaban una respuesta de su parte con expectación y dijo: —…Pero antes de hacerlo, me gustaría preguntar si hay algún límite… Es decir, si se me permite besarte en cualquier parte del cuerpo, sin importar lo oculto que pueda estar ese lugar, o si hay algunos sitios que están prohibidos.
—¡Mis labios, Kafka! ¡No puedes besarme en los labios! —dijo Nina deprisa mientras se cubría sus tiernos labios y negaba frenéticamente con la cabeza, pensando que un beso directo en los labios le haría tener pensamientos extraños sobre Kafka de los que no podría deshacerse y que cambiarían su relación para siempre.
—Bueno, qué lástima… Lo primero que se me vino a la mente cuando se mencionó un beso fueron tus labios rosados, Nina, que parecen tan suaves y tersos, y el lugar perfecto donde posar los míos. —Kafka jugueteó con el labio inferior de Nina con el pulgar, mientras ella miraba, azorada, la escena de sus labios siendo provocados. Luego continuó diciendo: —Pero si no puedo besarte en los labios, eso significa que tengo que besarte en otra parte de tu cuerpo, que puede ser cualquiera, ya que en realidad no me has dicho ningún otro lugar donde no pueda besarte aparte de tus labios.
—…¿O es que quieres añadir algo más que no pueda besar, Nina, ya que una chica como tú que se avergüenza tan fácilmente probablemente se desmayaría si te diera un beso en cualquier otro sitio?
Kafka le dio a Nina la opción de retractarse sin peligro y le advirtió indirectamente de lo que ocurriría si no mencionaba ningún otro lugar de su espectacular figura que estuviera prohibido.
A Nina le temblaron las orejas y sintió que se le calentaba la cara al oír lo que dijo Kafka, sabiendo exactamente lo que implicaba. Incluso consideró decirle que solo podía besarla en alguna otra parte de su cara y en ningún otro sitio, ya que la sola idea de que Kafka posara sus labios en algún lugar de su cuerpo desnudo la estaba mareando, tal y como había dicho Kafka.
Pero sabía que si lo hacía, perdería la oportunidad de descubrir los deseos que Kafka sentía por ella y lo que haría si se le diera la oportunidad de hacer con ella lo que quisiera.
Tampoco le gustaba que la tratara como a alguien que no podía soportar un poco de intimidad, a pesar de que era una adulta hecha y derecha y quería demostrarle que se equivocaba.
Así que al final, se decidió y, mientras apretaba con fuerza sus puños temblorosos, dijo nerviosamente:
—S-Sí, Kafka, es tal y como he dicho… Te doy permiso para besarme donde quieras, sin importar en qué parte de mi cuerpo sea, así que no tienes que contenerte delante de mí y puedes b-besarme donde quieras, por muy v-vergonzoso que sea para mí.
—Mmm… ¿Sabes que al decir eso me estás dando permiso para posar mis labios en lugares muy traviesos, Nina?
Kafka dijo con una sonrisa ladina mientras deslizaba lentamente la mano por su cintura y empezaba a acariciarle la entrepierna por encima de los pantalones, intentando transmitir lo peligrosa que era en realidad la posición en la que se encontraba.
Luego miró el deslumbrante rostro de Nina, que prácticamente echaba humo de lo abochornada que se veía en ese momento, y preguntó una vez más:
—…¿Estás segura de que quieres correr el riesgo por si no puedo contenerme y te devoro entera?
Kafka esperaba que Nina se asustara y se echara atrás después de advertirle sobre lo que podría pasar, sabiendo exactamente qué tipo de persona era. Pero, sorprendentemente, Nina no lo apartó como él pensaba.
Acariciar~ Acariciar~ Acariciar~
Para su sorpresa, ella empezó a acariciarle la cabeza con una mirada amable en su rostro y continuó diciéndole a Kafka en un tono bastante cálido, como si estuviera hablando con alguien en quien confiaba con todo su corazón:
—Eres un buen chico, Kafka… Mi hermanito es un buen chico, y sé a ciencia cierta que es verdad.
—…Así que sé que no hay forma de que me hagas algo que realmente me incomode, y puedo estar tranquila de que, aunque estuviera desnuda delante de ti, no harías algo que me hiciera arrepentirme de haber depositado toda mi confianza en ti.
Nina alborotó el pelo de Kafka y, aunque su imagen era principalmente la de una mujer muy vivaz y activa que expresaba sus sentimientos abiertamente sin importar las circunstancias, en ese momento parecía genuinamente una hermana mayor cariñosa que mimaba a su hermanito.
Kafka también pudo sentir el amor en las palabras que ella pronunció, y cuando estas fueron acompañadas por la tierna mirada en sus ojos, él mismo no pudo evitar sonrojarse un poco y apartar la vista, avergonzado.
No podía creer que él tuviera que inventar historias, decir mentiras, distorsionar la verdad, jugar juegos mentales y hacer todo tipo de trucos para que Nina se enamorara de él, y que todo lo que Nina tenía que hacer era acariciarle el pelo y sonreírle para hacerle sentir como si el corazón se le fuera a salir del pecho, lo que le hizo esbozar una sonrisa de impotencia ante lo injusto que era el amor.
—Bien, Nina, ya que de verdad insistes en saber qué parte de ti quiero besar, te diré la verdad y lo que voy a hacerte —dijo Kafka con un brillo de confianza en los ojos, como si hubiera encontrado la determinación para llevar a cabo la tarea que tenía entre manos, lo cual también asustó un poco a Nina, al saber lo que venía después. Luego continuó, mientras miraba profundamente los ojos verdes de Nina: —…Lo que quiero hacerte, Nina, es besar cada color de tu cuerpo, sin importar lo oculto que esté.
—Eso es también lo que voy a hacerte ahora, sin importar lo que digas o cuánto te resistas, ya que ya me diste permiso para hacerlo, y solo puedes culparte a ti misma por lo que está por venir —terminó de decir Kafka, como si estuviera haciendo un juramento.
Y cuando Nina oyó lo que él quería hacerle, su corazón no pudo evitar acelerarse furiosamente hasta el punto de que Kafka pudo sentir su pecho, que estaba presionado contra su brazo, vibrar y sacudirse.
Ella sabía exactamente lo que significaba que él besara todos los diferentes colores de su cuerpo y lo humillante que sería la experiencia para ella, ya que esos colores estaban muy bien escondidos y en lugares que normalmente nunca veían la luz del día.
Pero aunque estaba avergonzada hasta el extremo al oír semejante petición, también sintió una cierta emoción recorrer su cuerpo cuando imaginó a Kafka besando sus partes más íntimas, algunas de las cuales ni siquiera sus manos podían alcanzar porque estaban en un lugar muy oculto y solo podía ver esos colores en el espejo.
Al final, se sentó en silencio en su regazo sin una palabra de protesta, lo que indicaba su aprobación silenciosa de lo que estaba por venir, y esperó obedientemente a ver por qué color de su cuerpo iba a empezar Kafka, esperando que no comenzara directamente con la otra parte rosa de su cuerpo además del interior de sus orejas…
—K-Kafka, ¿de verdad vas a besar todos los colores de mi cuerpo? ¿…Como poner tus labios en esas zonas? —preguntó Nina con los ojos temblorosos por la anticipación de lo que el chico, sobre quien estaba cómodamente sentada, iba a hacerle.
—Sí, Nina, mis labios tienen que tocar tu piel para que se pueda llamar beso, y definitivamente voy a besar todos los diferentes tonos de tu cuerpo… ¿Por qué lo preguntas? ¿No estás de acuerdo con que siga adelante con lo que quiero hacer, a pesar de que fuiste tú la que sugirió que cumpliera mis deseos?
Kafka miró a Nina con un brillo frío en su mirada, lo que por alguna razón hizo que Nina diera un pequeño respingo, a pesar de que ella era la adulta y él simplemente un niño inofensivo.
—¡N-no, Kafka, no soy de las que se retractan de sus promesas, así que puedes hacer lo que quieras! —dijo Nina a toda prisa para que Kafka dejara de mirarla como si fuera una presa indefensa a la que le había echado el ojo. Luego bajó la mirada de forma bastante tímida y dijo—: …S-solo que algunos de los lugares de mi cuerpo donde hay un color diferente están en realidad bastante s-sucios y no son un sitio donde se suela dar un beso. Por eso me preguntaba si de verdad te parecía bien p-poner tus labios sobre esos lugares que no están hechos para los besos.
—Esos lugares también podrían oler un poco raro si te acercas demasiado, ya que son básicamente «h-heridas abiertas» en mi cuerpo que siguen emitiendo un cierto olor por mucho que las lave… P-por eso no sé si te resultará muy agradable —dijo Nina con las mejillas sonrojadas, revelando información bastante íntima sobre su cuerpo y el dulce olor que desprendía.
No decía esas cosas para impedir que Kafka besara su cuerpo. Sino que le estaba advirtiendo para que no se asqueara al darse cuenta de lo que estaba a punto de hacer y la mirara con desprecio, algo que ella no podría soportar.
—Bueno, estás de suerte, Nina, ya que soy alguien que disfruta de la fragancia natural de una mujer, así que no solo te daré un besito ahí abajo, sino que también me zambulliré para olfatear bien el aroma que desprende tu cuerpo —dijo Kafka con una mirada lasciva, lo que dejó a Nina atónita por lo pervertido que era Kafka en realidad.
Pero, al mismo tiempo, eso le dio cierto alivio y la hizo sentirse mucho más segura al exponerse a Kafka, considerándolo como alguien que nunca discriminaría los rasgos de su cuerpo y que solo los apreciaría, como siempre había hecho desde que la conoció.
—También me gusta la sensación tabú de besar lugares que no están hechos para ser besados, así que puedes estar segura de que no hay un solo recoveco de tu sexi cuerpo donde no esté dispuesto a darte un poco de mi amor —dijo Kafka mientras le miraba fijamente la entrepierna, lo que hizo que Nina, azorada, juntara las piernas, haciendo lo posible por cubrir el lugar que Kafka intentaba traspasar con la mirada.
—Entonces, ¿qué lugar vas a besar primero, Kafka? ¿…T-tengo que quitarme la ropa para que puedas llegar a ese lugar? —preguntó Nina tímidamente a Kafka mientras se sujetaba la blusa, como si estuviera dispuesta a desnudarse en el momento en que él se lo pidiera.
—No dejas de llamarme pervertido, pero aquí estás haciendo tu segundo intento de enseñarme tu cuerpo desnudo, Nina… Me pregunto quién es el verdadero pervertido aquí.
Niega~ Niega~ Niega~
Nina negó con la cabeza desesperadamente, como si le dijera a Kafka que lo que decía no era cierto en absoluto, y le pellizcó ligeramente el brazo en señal de protesta por haberse burlado de ella.
Él continuó diciendo, mientras miraba la expresión malhumorada en el rostro de Nina, que le pareció bastante adorable:
—…Pero por mucho que quiera ver tu cuerpo desnudo, Nina, no tienes que desnudarte ahora, ya que primero voy a besar el interior rosado de tus orejas; y a menos que uses alguna tela para cubrirte las orejas, lo que se vería bastante adorable en tus largas orejas, no creo que sea necesario que te desnudes.
—¿Eh? ¿…También vas a besarme las orejas? —preguntó Nina, sorprendida, mientras estas se agitaban, como si estuvieran impactadas por que también fueran a recibir algo de amor.
—¿Por qué estás tan sorprendida, Nina? ¿…No quieres que te bese las orejas? —preguntó Kafka con las cejas arqueadas, ya que Nina estaba actuando de forma un poco extraña.
Ella solo había mostrado una reacción de vergüenza, con su rostro cambiando de color, cuando escuchó que sus labios iban a tocar su parte más íntima.
Pero cuando él le mencionó que le besaría las orejas, su forma de actuar fue mucho más exagerada, con sus ojos temblando de timidez y cómo no podía evitar apartar la mirada cada vez que se encontraba con la suya, como una doncella pura que sentía el calor del amor por primera vez en su vida.
—¡No, Kafka! ¡No es que no quiera que me beses la oreja!… De hecho, sinceramente, no pude evitar sentirme un poco mareada de emoción cuando oí que ibas a hacerlo.
Nina exclamó con pánico para que Kafka no la malinterpretara y, avergonzada, incluso soltó sus verdaderos pensamientos, lo que no pudo evitar lamentar al ver cómo Kafka le sonreía en ese momento.
Luego continuó diciendo, mientras intentaba ignorar la mirada cómplice de Kafka:
—…E-es solo que mi padre solía besar las orejas de mi madre todo el tiempo en el pasado como señal de afecto, y recuerdo que siempre me sonrojaba y salía corriendo avergonzada cuando lo hacían, ya que se veían tan acaramelados cuando empezaban a coquetear, y era demasiado para mí.
Nina se sonrojó al recordar todas las muestras de amor que sus padres le habían mostrado en el pasado, algo que su mente inocente no podía soportar.
—Y cuando le pregunté a mi madre más tarde por curiosidad, me dijo que era la forma que tenía mi padre de demostrarle su amor, ya que sus largas orejas, que parecían tan elegantes a los ojos de mi padre, fueron una de las principales cosas que hicieron que se enamorara de mi madre en primer lugar. —Nina sonrió con calidez al recordar la amorosa relación de sus padres, lo que la hizo acurrucarse inconscientemente aún más en el abrazo de Kafka; luego lo miró con una expresión coqueta en el rostro, como si fuera a decir algo realmente vergonzoso, y añadió con vacilación—: …Ella también me dijo que en el futuro conocería a alguien que me amaría tanto que no podría resistirse a besarme las orejas.
—Dijo que, así como mi padre estaba perdidamente enamorado de una mujer tan temperamental como ella, alguien llegaría a mi vida que me amaría por quien soy con todo su corazón. Se convertirá en la persona con la que forme mi propia familia y también en la persona de la que mis propios hijos se quejarán por lo mucho que me besaría delante de ellos, igual que yo me quejaba a ella entonces por ponerse siempre tan íntimos delante de mí —dijo Nina en voz baja mientras recordaba las amables palabras de su madre y también la sonrisa pícara en su rostro, cuando pensaba en que su hija tuviera su propio amante.
Nina miró entonces a Kafka, que escuchaba atentamente y azorado, y dijo:
—Por eso no pude evitar recordar lo que mi madre dijo entonces, cuando me pediste que te besara en las orejas… ¡a-aunque la posibilidad de que te conviertas en esa persona en mi vida es imposible, ya que ya tengo a alguien en ese lugar!
Nina se apresuró a decir la última parte de su declaración, como si le dijera a Kafka que no se hiciera ideas raras y que se conformara con cómo lo estaba tratando ahora.
Kafka simplemente sonrió en respuesta, como si le estuviera diciendo «Veamos cuánto dura eso», mientras le apretaba la cintura y la atraía hacia él.
Nina se sintió amenazada por su sonrisa y se preguntó si no debería haberle contado nunca tal cosa.
Pero cuando sintió el calor del cuerpo de Kafka mientras él la acercaba más, no pudo evitar pensar que había merecido la pena ahora que podía sentir su cuerpo mucho más cerca del suyo, algo por lo que estaba dispuesta a cambiar cualquier cosa debido al reconfortante consuelo que le proporcionaba, y que, sencillamente, no podía negar…
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