Dios de las MILFs: Los Dioses Me Piden Hacer un Harén de MILFs - Capítulo 352
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Capítulo 352: Cuerpos lujuriosos
—N-no, Nina. Aún voy a guardarme esa parte para el final, ya que no quiero apresurar la forma en que voy a explorar todos y cada uno de los colores de tu cuerpo, puesto que de verdad quiero avanzar lentamente hacia el final —dijo Kafka con una expresión nerviosa, pues temía que Nina pudiera abalanzarse sobre él y arrebatarle la inocencia en cualquier momento.
Además, tampoco podía adelantarse como Nina quería, porque el objetivo principal de todo esto era montar un espectáculo que los Dioses pudieran disfrutar. Si de repente pasaba de la mitad de la obra al mismísimo final, de seguro disgustaría a los Dioses y acarrearía su castigo, justo como su madre, allá arriba, parecía desear.
—P-pero voy a darte un beso indirecto como te dije antes, para demostrarte que de verdad no encuentro ninguna imperfección en tu cuerpo y también para satisfacer tus caprichos antes del final, así que no tienes que preocuparte en absoluto.
Se apresuró a decir Kafka al ver la llama verde en los ojos de Nina arder con intensidad y sentir también cómo sus afiladas uñas se clavaban en su cuello al oír que no iba a complacer sus deseos.
—¿Eh?… ¿Un beso indirecto?… ¿Cómo funciona eso?
Las orejas de Nina, que estaban gachas en señal de hostilidad, se irguieron al oír que iba a recibir un beso, y sus ojos también se despejaron, llenos de felicidad y emoción al saber que iba a conseguir lo que quería de una forma u otra.
—En realidad es bastante simple, Nina. —Kafka se calmó al ver que Nina ya no estaba en celo y de inmediato tomó el control de la situación para que no volviera a ese estado.
Luego retiró la mano con la que le sujetaba su pesada nalga y juntó los dedos índice y corazón sobre sus suaves labios, para sorpresa de Nina.
Chof~
—Primero tienes que usar dos dedos para tocar los labios de la persona que más amas, casi como si tomaras una huella de sus labios en tus dedos… —dijo Kafka mientras hundía suavemente los dedos en los rosados labios de Nina; ella, con las mejillas sonrojadas, bajó la mirada al tiempo que la humedad de sus labios dejaba una huella en los dedos de él—. …Y luego tienes que retirar los dedos después de que sepas que has capturado la dulzura de los labios de tu pareja en tus dedos y luego ponerlos en los tuyos para saborear esa misma dulzura.
Kafka hizo tal como explicaba y se llevó los dedos a sus propios labios, absorbiendo el aroma de los de ella, que olían como un jardín lleno de flores y, lo más importante, sabían a la miel que se escurre de una colmena que cuelga de un árbol alto.
—Y bien, ¿qué te parece eso, Nina?… ¿Crees que un beso indirecto se siente tan bien como uno normal?
—preguntó Kafka, mientras Nina no podía evitar mirarle los labios, aturdida, casi como si fuera ella quien le acabara de dar un beso, lo que la hizo sonrojarse profusamente.
Ella pensó que el beso indirecto era algo que Kafka se había inventado sobre la marcha y que solo era una excusa para evitar besarla en su lugar más secreto.
Pero quién habría pensado que, desde el mismo momento en que él se tocó los labios hasta que lo vio lamerse los dedos como si estuviera probando la esencia de ella, experimentaría tantas emociones vívidas que no solo calentaron su cuerpo como una compresa caliente, sino que también hicieron temblar sus labios como si fuera ella misma quien lo hubiera besado.
—M-me gusta, Kafka… De verdad que sí —dijo Nina con sinceridad, pero no fue lo suficientemente honesta como para decir que ella también quería hacer lo mismo con él, probar el sabor de sus labios en los suyos—. Pero esto es solo un beso indirecto entre dos labios.
—…C-cómo vas a hacer lo mismo con un lugar que está mucho más escondido que mis labios?
Nina le recordó a Kafka lo que ella realmente quería mientras lo miraba con su rostro deslumbrante y sus pechos contoneantes, a pesar de que había disfrutado mucho lo que acababa de experimentar.
—¿A qué te refieres con «cómo»? ¿No acabas de ver lo que hice?… Así es exactamente como voy a besar indirectamente tu culo también.
—dijo Kafka con bastante audacia mientras se lamía los restos de saliva del dedo, lo que hizo que el agujero inferior de Nina se contrajera al oír su escandalosa idea. Luego la miró con una sonrisa maliciosa en el rostro y preguntó:
—¿Por qué si no crees que me esforcé tanto en perforar tu culo hasta el fondo y en meterte minuciosamente dos de mis dedos en el agujero?… ¡Es exactamente por esto!
—P-pero Kafka, si haces eso, no estarías simplemente besando ese lugar, sino que también estarías besando el interior de mi c-culo, ya que has metido los dedos muy adentro.
—dijo Nina, azorada, pues por los chapoteos que oía cuando Kafka meneaba el dedo dentro de ella, sabía que su dedo estaba bastante húmedo y cubierto de los fluidos que salían del interior de su ano.
Se había enterado por sus amigas de que una vagina podía humedecerse si se la estimulaba de verdad, y ahora lo estaba experimentando en carne propia, pues podía sentir lo empapada que estaba su ropa interior en ese momento, a pesar de que Kafka ni siquiera había puesto las manos en sus labios inferiores.
Pero nadie le había informado de que su culo también podía hacer lo mismo, y entró en pánico ante la idea de que Kafka se pusiera en los labios los dedos cubiertos de sus fluidos.
Sinceramente, ni siquiera Kafka conocía este hecho, y solo después de su experiencia anal con su propia madre se dio cuenta de que las mujeres de este mundo tenían una anatomía diferente a la de la Tierra.
Tras investigar un poco, descubrió que las mujeres de este mundo no solo tenían canales vaginales que llegaban hasta el útero, razón por la que pudo penetrar a su madre tan profundamente, sino que las chicas de aquí estaban hechas casi especialmente para el juego anal, ya que sus cuerpos liberaban una sustancia viscosa en el culo cuando se excitaban, la cual no solo actuaba como una especie de lubricante para deslizar ciertos «objetos» con más suavidad, sino también como un desinfectante natural que mantenía su interior perfectamente limpio.
Kafka, sinceramente, se quedó estupefacto cuando descubrió la verdad sobre tales asuntos y pensó que las mujeres de este mundo eran las creaciones perfectas sobre las que uno podía desatar su Lujuria.
Pero, al mismo tiempo, se compadeció de los hombres de este mundo, que no podían apreciar plenamente el don que se les había dado y que eran incapaces de aprovechar el verdadero potencial de sus parejas debido a un «pequeño» problemilla que todos tenían, el cual, sinceramente, era de risa cuando pensaba en ello y que, de hecho, dejaba claro por qué todos los hombres de este mundo eran tan inseguros…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com