Dios de las MILFs: Los Dioses Me Piden Hacer un Harén de MILFs - Capítulo 368
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Capítulo 368: Hazme sangrar
—¿Por qué no empezamos por que me beses primero las puntitas, Kafka?
Dijo Nina mientras se sostenía sus pesados pechos y los acercaba al rostro de Kafka, como si lo desafiara a morder sus frutos prohibidos. Luego lo provocó acariciándole los labios con sus propios pezones, como si pintara sobre ellos con las puntas, y continuó hablando, con una mirada provocadora en sus relucientes ojos verdes:
—Te gustaría, ¿a que sí?… Te encantaría darles un beso a los traviesos pezoncitos de tu esposa, ¿a que sí, Kafka, mi querido esposo?
—Sería el mayor placer de mi vida darles un beso a tus pezones, Nina.
Kafka inclinó la cabeza ante la petición de Nina de una manera respetuosa, como un caballero a punto de ejecutar la orden de su dama.
Esa pequeña inclinación provocó que los pezones de Nina, que se frotaban contra los labios de Kafka, se movieran hacia arriba y le rozaran la nariz, lo que casi hizo que Kafka estornudara por lo cosquilloso que fue.
También pudo aspirar otra vez el aroma de sus pezones, que olían a leche dulce, a pesar de que ella no estaba lactando en absoluto, y eso le hizo preguntarse si esa era la fragancia natural de sus turgentes pechos.
—Entonces, ¿cuál quieres besar primero, Kafka? —dijo Nina con una mirada juguetona mientras sacaba pecho frente a él, como si le pidiera que eligiera qué dulce quería—. ¿Quieres besar primero el pecho de mi izquierda o crees que la bolsa de leche de mi derecha parece más apetecible?
—… ¿O quieres darles un beso a los dos al mismo tiempo, cosa que puedes hacer fácilmente si hago algo como esto? —. Nina se sujetó ambos pechos y los apretó uno contra el otro hasta que sus pezones se tocaron. Era una visión de lo más erótica: sus areolas redondas formando un infinito de color púrpura y sus rígidos capullos que se cruzaban como espadas.
—Te has convertido en toda una mujer lujuriosa, ¿no es así, Nina, ahora que ya no te contienes? —preguntó Kafka mientras deslizaba un dedo entre las dos uvas de su pecho y jugaba con él como si fuera un juguete.
—Solo para ti, Kafka~… Solo delante de ti y de nadie más~.
declaró Nina con una mirada firme, diciéndole que él era el único en el mundo que llegaría a ver esa faceta suya que volvería loco a cualquier hombre.
A Kafka le conmovió el gesto y, para demostrar que sentía lo mismo por ella, le apartó el pelo y le dio un beso en la frente, lo que hizo que Nina sonriera tan ampliamente que parecía una niña probando un helado por primera vez en su vida.
—De uno en uno, Nina… ¿Por qué tendrían tus dos capullos que compartir mi amor cuando puedo besarlos tanto como quiera?
dijo Kafka mientras sujetaba con delicadeza sus tiernas areolas, lo que significaba que tenía un pecho entero en cada mano, con las cerezas moradas que los acompañaban. Luego acarició el pequeño fruto de su izquierda con el pulgar, como si cuidara de una flor, y continuó diciendo:
—También creo que voy a empezar por el de tu izquierda, ya que siento que está más vivaz, al estar más cerca de tu corazón desbocado.
A Nina no le importaba por cuál empezara, siempre y cuando recibiera el beso que esperaba. Así que, cuando vio los labios de Kafka moverse hacia el pezón más cercano a su corazón y finalmente posarse sobre él, no pudo evitar que una oleada de satisfacción la recorriera.
Chu~
Si ese beso frío en la punta de su cálido seno no era ya suficiente para hacerla sentir en el séptimo cielo, Kafka remató la faena al levantar sus labios y pasar al otro capullo de al lado para besarlo también, y que así no se sintiera triste porque su vecino fuera el único en recibir amor.
Chu~
Nina tuvo que admitir que sentir cómo le chupaban los pechos era realmente excitante y despertaba en ella muchas emociones que no sabía que existían. Pero después de que le besaran los pechos con la delicadeza de ahora, tenía que decir que prefería el pequeño pico que Kafka le había dado, en comparación con la saña con la que antes le chupaba las tetitas hasta casi secárselas.
No era que el que le trataran el pecho con tanta delicadeza le produjera más placer carnal en comparación a cuando abusaban de ellos, ya que el que le tiraran de los pezones como a un animal definitivamente le humedecía más las bragas y hacía que sus piernas temblaran de expectación.
Es solo que los besos que Kafka le daba estaban llenos de una especie de magia que hacía que todo su cuerpo se sintiera cálido, casi como si estuviera envuelta en una manta en un frío día de invierno.
Esa sensación de calidez que recibía era algo que había perdido desde que sus padres decidieron irse al cielo, y recibir esa misma sensación de consuelo de los besos de Kafka.
Era simplemente el regalo de sus padres desde el más allá, disfrazado de un chico guapo… O al menos eso es lo que ella pensaba.
Kafka no se detuvo después de dar un beso a cada una de sus dos flores moradas, que relajaron a Nina de una forma que él no podría ni imaginar, y continuó con lo que se suponía que era su compensación por haberle mordido los dedos: morderle el carnoso pezón, lo que hizo que Nina soltara un gemido de dolor.
Ñac~
—¡Nnnn!♡~ ¡D-Duele!♡~ ¡Ahh!♡~ ¡De verdad que duele!♡~
Kafka no dejó que los lastimeros quejidos de Nina ni la forma en que ella se agarraba a su pelo por el dolor de sus dientes hundiéndose en su carne se interpusieran en su camino y, lentamente, hundió sus dientes aún más en las puntas moradas.
Mordisqueo~
Sabía que, por mucho que Nina gimiera por la aguda sensación que provenía de la punta de sus pechos, esto era exactamente lo que ella quería que hiciera.
—¿Duele demasiado, Nina?… ¿Quieres que pare?
Kafka murmuró con una uva morada entre los dientes, por si acaso Nina se arrepentía de lo que había pedido, ya que no soportaría hacerle daño de verdad.
—¡N-no, Kafka!♡~ ¡Ahhh!♡~ ¡No hagas caso de lo que digo!♡~
Nina se mordió los labios y entrecerró los ojos mientras miraba hacia abajo para ver cómo los afilados dientes de Kafka le desgarraban los pezones.
—Solo sigue haciendo lo que haces y hunde más los dientes en mis pechos, hasta que… ¡Ahhh!♡~… h-hasta que vea una marca visible en mis pechos que me diga que acabas de posar tus labios en ese mismo lugar.
—… Ni siquiera me importaría que hicieras sangrar ese lugar y cubrieras mis pezones morados con mi sangre roja; si eso es lo que necesitas para enviar un mensaje a cualquiera que mire mi cuerpo de que este cuerpo mío es tuyo.
Nina pronunció inesperadamente una declaración aterradora mientras tenía una ferocidad animal en sus ojos verdes y una sonrisa salvaje en el rostro, demostrando que, por muy inocente y crédula que fuera, en el fondo era en realidad una Tigresa que pertenecía a la selva salvaje…
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