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Dios de las MILFs: Los Dioses Me Piden Hacer un Harén de MILFs - Capítulo 398

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  3. Capítulo 398 - Capítulo 398: Pensé que te gustaba rudo
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Capítulo 398: Pensé que te gustaba rudo

—¡Y-Yo también, Kafka!… ¡También quiero que me trates de la misma manera!

Dijo de repente mi madre, después de observar en silencio cómo trataba el trasero de Camila con una bolsa de guisantes congelados en la mano.

Luego se dio la vuelta y se inclinó sobre la encimera justo al lado de Camila, exactamente como Camila estaba haciendo ahora, y me miró con una mirada expectante, como si esperara que le subiera el vestido y expusiera también su trasero.

Ahora mismo, tanto mi madre como Camila estaban inclinadas ante mí sobre la encimera de la cocina y empujaban sus jugosos traseros hacia mí, demostrando qué gran parte del sustento que obtenían al comer iba a parar a sus posaderas.

Una sacaba su trasero medio blanco, medio rojo que estaba completamente expuesto hacia mí y miraba a la otra con confusión, preguntándose por qué de repente la imitaba. Mientras tanto, la otra meneaba su redondo trasero en mi cara, como si quisiera que le levantara la ropa y le diera una buena tunda de azotes por lo mala chica que había sido.

—¿De qué hablas, mamá? Pensé que te gustaba cuando era rudo con tu culito —dije, pensando que ella quería que tratara su trasero con delicadeza también, como había pedido Camila, mientras le acariciaba el culo para que dejara de temblar de emoción—. Entonces, ¿por qué de repente quieres que también sea delicado contigo?

—No hablo de eso, Kafi —dijo mi madre, negando con la cabeza con expresión tímida antes de añadir de manera decidida—: Te pido que me apliques esos guisantes helados en el trasero a mí también, ya que nunca me has tratado antes y no sería justo que solo Camila reciba este tipo de tratamiento.

—¡Mamá quiere que Kafi la trate como a una paciente también!

Mi madre exclamó de manera infantil, como si no fuera a moverse de su posición si no le aplicaba hielo en el trasero a ella también, lo cual nos dejó atónitos tanto a Camila como a mí.

—Bien, bien, si eso es lo que de verdad quieres, mamá —dije y empecé a levantarle el vestido blanco, lo que la hizo esbozar una radiante sonrisa.

Camila llevaba pantalones, así que todo lo que tuve que hacer fue bajárselos hasta los muslos y su trasero desnudo quedó expuesto ante mí. Pero mi madre llevaba un vestido con volantes que se extendía en una falda larga, así que tuve que subirle la falda por encima de la cintura para revelar sus posaderas.

Esto también significaba que, después de bajarle también la ropa interior, en ese momento podía ver el trasero moreno de mi madre, así como un poco de su vagina, ya que estaba agachado.

Camila, al percatarse de esto, tragó saliva y me observó fijamente mientras aplicaba la bolsa en las nalgas de mi madre.

Sabía que mi madre y yo teníamos una relación que iba mucho más allá de la que tendrían una madre y un hijo normales. Pero aun así se quedó asombrada cuando vio a mi madre poner el trasero en pompa para mí en persona y no podía creer que estuviera presenciando una escena tan incestuosa que estaba haciendo que todo su cuerpo entrara en calor.

—Será mejor que dejes de mirarnos así, Camila, o empezarás a gotear de ahí abajo cuando se supone que deberíamos estar preparando el desayuno.

Dije mientras alternaba entre traseros y volvía a colocar la bolsa de hielo en el trasero de Camila, preguntándome si una persona se convertiría en mujer lobo si su trasero con forma de luna quedara expuesto al aire libre.

—¡¿De qué estás hablando, Kafka?! ¡¿Por qué iba yo a hacer una co-?!

Camila estaba a punto de quejarse, diciendo que le estaba lanzando acusaciones innecesarias y mancillando su nombre delante de su hermana pequeña.

Pero se calló rápidamente cuando, de repente, sintió algo cálido deslizándose por sus labios inferiores y entonces me miró con el rostro sonrojado, sabiendo que yo había leído sus tendencias incestuosas como un libro abierto.

—¿Qué gotea, Camila?… ¿Es el grifo?

Preguntó mi madre inocentemente mientras sentía la bolsa de guisantes deslizarse contra su carne temblorosa y dejar un rastro húmedo, que se sentía bastante agradable.

—No es nada, Abi… Kafka está diciendo tonterías que ni yo misma entiendo.

Dijo Camila mientras me lanzaba una mirada penetrante, diciéndome que guardara silencio sobre el asunto para que yo no quedara mal delante de mi madre.

—…Y Kafka, ¿qué demonios intentas hacer metiendo los dedos en mi culo?

Camila miró hacia atrás y preguntó con curiosidad, cuando de repente sintió mi mano entrando entre sus nalgas y pareció que intentaba separarlas.

—Bueno, ya he enfriado la parte exterior de tu culo con la bolsa de hielo hasta el punto de que probablemente se te congelaría el trasero si la mantuviera ahí más tiempo…

Camila asintió con la cabeza, ya que sentía que la sensación de escozor había desaparecido en su mayor parte y lo que quedaba era su culo cubierto de agua, lo que hacía que su blanco trasero desprendiera un brillo lustroso como si sus nalgas fueran dos perlas enormes. Entonces continué, con una sonrisa maliciosa en el rostro:

—…Así que por eso pensé que debería pasar también a tu ano y frotarlo con la bolsa de guisantes, por si acaso se hincha y te dificulta ir al baño.

.

..

…

—¡¿Que vas a hacer qué?!

Camila tardó unos segundos en darse cuenta de lo que estaba diciendo, pero aun así tuvo una reacción bastante fuerte cuando comprendió por qué intentaba separar sus nalgas.

Mientras Camila se preguntaba por qué demonios intentaba tratarle el ano también a ella, sabiendo que no había forma de que mi nalgada hubiera alcanzado un lugar tan oculto, mi madre parecía intrigada por mi idea, y también su ano, a juzgar por cómo se contraía al oír que podría ser tratado con algo de cuidado después de todo el abuso que había sufrido a mis manos la semana pasada…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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