Dios de los Embusteros - Capítulo 608
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Capítulo 608: Contrato
—Bueno… —Teo se rascó la nuca con una expresión incómoda. Nunca pensó que Agata vendría a visitarlo a estas horas—. ¿Cómo estás?
—Estoy bien. He estado pensando en tu propuesta. —La expresión de Agata se tornó seria, por lo que Teo no pudo saber si eran buenas noticias o no.
Sin embargo, se preparó para lo peor mientras recordaba las reglas que le había impuesto hacía unos días.
En aquel entonces, él estaba sentado frente a ella, entregándole el contrato por escrito. —Este es el contrato.
Agata enarcó las cejas y le echó un vistazo con gran interés. Se quedó sorprendida por el contenido.
Teo resumió el contrato levantando cinco dedos. —En pocas palabras, voy a exigirte que confíes en mi plan. Por supuesto, estoy obligado a darte la información y mis reflexiones sobre mi decisión si tengo tiempo. Tampoco puedes contárselo a otras personas, ya sean tus padres, tus mejores amigos o cualquier otra parte implicada.
—Eso es aceptable —asintió Agata—. Entiendo que no harás algo sin sentido, así que no me importa. Sin embargo, algunos de tus planes juegan con vidas, así que me gustaría añadir que no puedes jugar con ellas a la ligera.
—Es decir, está bien servir de cebo si es necesario, pero si no lo es, me gustaría que te abstuvieras de tomar esa decisión.
—Claro —asintió Teo con una expresión seria antes de señalar su dedo corazón—. Segundo, vas a ayudarme a recopilar la información que quiero. Esto incluye información para mi próxima misión, sobre otras personas, y demás.
—Si es necesario, puedes incluso usar la influencia de tu familia o la tuya propia para conseguir esta información.
—Eso requiere bastante tiempo, pero puedo aceptarlo —asintió Agata.
—Genial. La tercera es que ocultes tu identidad. En otras palabras, no puedes decirle a nadie que eres LA Agata Mota. Espero que también puedas usar tu ilusión para cambiar tu apariencia.
—Bueno, estoy aquí como Agata Mota, no como la mujer más bella de Italia. Sin duda, aceptaré. Además, no quiero que mi apariencia te seduzca ni nada por el estilo. Quiero que hables con el corazón, no con los ojos —sonrió Agata.
—Gracias —le devolvió la sonrisa Teo.
—Bien. ¿Qué es lo siguiente?
—La siguiente cláusula es que aceptes vivir en mi casa. No puedo prometer mucho, pero así te será más fácil contactarme para discutir muchas cosas. Por supuesto, puedes volver a tu casa, pero solo puedo darte dos días al mes.
—También prometo que no te haré nada. Si hago algo así, hay una cláusula que lo estipula —asintió Teo con una expresión seria.
Agata era la mujer más bella de Italia, o del mundo, así que su reputación sufriría un duro golpe si se supiera que vivía con Teo.
También existía la preocupación de que Teo intentara sobrepasarse con ella usando este contrato.
Sin embargo, Agata simplemente asintió. —De acuerdo. Mientras no me prohíbas contactar a mi familia, por mí bien.
—Si puedes abstenerte de informar sobre lo que ocurra en la casa, entonces de acuerdo. Por supuesto, si crees que es excesivo, no hay problema en que lo hagas. Después de todo, no quiero confinarte en esta mansión.
—Me parece justo —aceptó Agata.
—Por último, pero no por ello menos importante, como no eres parte de la familia, no tendrás ninguna misión. Así que vamos a cazar y a hacer misiones juntos, desde misiones nacionales hasta internacionales. Vas a ayudarme con todo eso.
—¿Ah? —Agata pensó por un momento—. Suponiendo que acepte todas estas condiciones, ¿qué beneficio obtendré?
—Te prometo que es un intercambio equivalente. También puedes hacerte más fuerte conmigo, aprendiendo trucos y demás. Y quizá… reunir información sobre mí para tu familia o algo por el estilo.
—¿Eso es todo?
—Por supuesto que no. Hay más. Aunque no puedo decir cuánto obtendrás porque aún no he preparado todo eso, puedo asegurarte que no te arrepentirás de la recompensa total.
—Además, te daré quinientos millones de Zils cada año y tendrás la propiedad de todos los monstruos que mates. Si los necesito, negociaré contigo. —Teo extendió la mano—. Eso es todo. ¿Qué te parece?
—Como esperaba… Sin conocer la recompensa, me resultará difícil decidirme. Sin embargo, sé que no me engañarás, así que es tentador. Además, quiero saber el límite de tiempo de este contrato.
—Hasta que me vaya de este país… No por misiones u otras cosas parecidas, por supuesto —asintió Teo.
—De acuerdo. Entiendo tu contrato. Quiero añadir otra condición. No me involucraré si planeas hacerle daño a mi familia o a la Iglesia, incluida mi mejor amiga.
—Ningún problema.
—Eso es todo. Por desgracia, no puedo darte la respuesta ahora mismo —dijo Agata, negando con la cabeza con impotencia.
—Con eso me basta. Cuando tengas tu respuesta, contáctame. Espero recibirla en el plazo de una semana —dijo Teo, extendiendo la mano.
Agata le estrechó la mano y tomaron caminos separados.
Al recordar lo injusto que era aquel contrato, Teo pensó que iba a rechazarlo. Pero ella no habría venido hasta su casa si hubiera querido rechazarlo. Por eso Teo no sabía qué respuesta le daría.
Ambos permanecieron en silencio durante un rato, lo que volvió la situación muy incómoda.
De repente, Agata sacó el contrato de su bolso y se lo entregó.
—Tras sopesar los pros y los contras, he decidido aceptar tu invitación. Pero necesito tres días para despedirme de mi familia, trasladar mis cosas a este lugar y preparar todo lo necesario. ¿Te parece bien?
—Por supuesto. No vamos a hacer nada importante en los próximos días, así que siéntete libre —sonrió Teo, recibiendo el contrato.
—De acuerdo. Gracias —sonrió Agata.
Cuando estaba a punto de darse la vuelta, Ava saltó al hombro de Teo y habló en lenguaje humano.
—Teo. Ya puedo hablarle así, ¿verdad?
¡¡¡!
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