Dios de los Embusteros - Capítulo 620
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Capítulo 620: Anafasiia
—Jaja. Este es nuestro poder —rio Zhilov sin control mientras mataba al último monstruo.
—Zhilov. Deja de avergonzarnos —chasqueó la lengua Ana, molesta por sus constantes alardes.
—¿Qué has dicho? —replicó Zhilov, obviamente en desacuerdo, aunque a Ana no le importaron en absoluto sus sentimientos y señaló a Teo y a Agata.
Teo ya estaba de pie sobre los cadáveres con Ava en el hombro. Agata ni siquiera se movió de su posición, pues habían acabado con diez monstruos más rápido que nadie.
—No me importa lo que pienses, pero necesito recordarte una cosa. El hecho de que sigas perdiendo contra Alea significa que tu talento no da para más. Estás muy por encima de la media, pero siempre hay genios que pueden superarte, y yo me incluyo. Si sigues sobreestimándote, acabarás muerto tarde o temprano.
—De todos modos, voy a informar de tu actuación a tu familia sin florituras. Lo que debería preocuparte ahora mismo no es tu pequeña competición, sino cómo explicarle la situación a tu familia.
El tono de Ana era frío y carente de emoción. Su mirada estaba llena de asco.
Zhilov se quedó paralizado unos segundos, como si las palabras de ella le hubieran calado hondo.
Mientras tanto, Teo se había reagrupado con Agata tras tocar todos los cadáveres, antes de acercarse a Lorenzo, quien también había terminado su trabajo.
—Buen trabajo, Teo —sonrió Lorenzo.
—Son débiles. Eso es todo —negó Teo con la cabeza y señaló al frente—. Los monstruos se harán más fuertes después de esto…
—De acuerdo —asintió Lorenzo.
Por su parte, Luka estaba atónito por la actuación de Lorenzo. Vio el Golpe de Espada de Lorenzo dividirse en dos, lo que le permitió matar a los monstruos aún más rápido.
«¿Solo unos meses y se ha vuelto así de fuerte? Parece que la brecha entre nosotros ha aumentado drásticamente… ¿Cómo?». Luka tragó saliva al sentir por fin la presión de Lorenzo. Si este último continuaba progresando a ese ritmo, nadie podría desafiar su puesto de sucesor en un futuro próximo.
No pudo evitar suspirar y murmurar para sus adentros: «Más tarde tengo que investigar cómo puede hacerse más fuerte».
Como todos los grupos habían matado a los monstruos de la zona, se reunieron de nuevo para esperar a Lorenzo, pero de repente Ava levantó la cabeza.
—Kyu. —Ava escuchó unos pasos y señaló al noreste—. ¡Kyu!
Ana y Teo fueron los primeros en reaccionar. Como responsable de esa dirección, Ana se dio la vuelta y vio a siete lobos de color verde que avanzaban hacia ellos a gran velocidad.
—Nos encargamos de esto —dijo Ana levantando la mano, haciéndoles una señal para que se pusieran en formación.
En cambio, Lorenzo suspiró y le dio una palmada en el hombro a Teo. —Deberías observar su actuación. No son menos poderosos que nosotros, especialmente esa tal Anafasiia.
—Nunca la he visto combatir, así que no lo sé. ¿Te importaría hablarme de su poder?
Lorenzo sonrió y la señaló. —Mira eso.
Teo echó un vistazo al Equipo de Rusia.
Ana levantó un dedo y unos picos de hielo comenzaron a salir de la nieve.
Los lobos los evitaron saltando, pero los dos Caballeros del grupo se adelantaron.
—¡Escudo de Pinchos! —El primer Caballero formó un escudo gigante y translúcido que juntó a todos los lobos. El escudo tenía numerosos pinchos que se les clavaron.
Y la segunda Caballero tocó el escudo por detrás, vertiendo su poder mágico en él. —¡Encantar!
El escudo se vio envuelto en un aura rosa y los pinchos crecieron aún más, empalando a todos los lobos.
El primer Caballero golpeó el suelo con su escudo y el escudo gigante imitó el movimiento, intentando aplastar a todos los lobos.
Antes de que el escudo cayera al suelo, dos tipos, Zhilov y su amigo del Zar, aterrizaron sobre él. Zhilov apretó el puño y el viento comenzó a arremolinarse a su alrededor, intentando estrujarlos.
Cuando estaban a punto de ser aplastados por el escudo o por el viento, Alea llegó por detrás de los lobos blandiendo sus espadas y liberó una enorme onda de espada en forma de media luna que los cortó a todos.
Pum.
El escudo cayó al suelo y los aplastó a todos. En otras palabras, acababan de matar a siete lobos en un instante.
—Tienen derecho a ser arrogantes, ya que están más que cualificados para ello. De hecho, utilizan esa arrogancia para competir entre ellos por matar a los monstruos. El trabajo en equipo no les importa nada, siempre y cuando puedan matar a sus oponentes.
—Incluso tu amiga, Alea, debe de haberse visto influenciada por ellos —sonrió Lorenzo con aire de suficiencia y preguntó—: Entonces, ¿quién crees que mató a los lobos?
Teo entrecerró los ojos mientras repasaba la batalla una vez más en su mente.
—Ese Zhilov consiguió uno, el Caballero mató a otro, Alea se encargó de dos, y Ana… tres —dijo Teo, enarcando las cejas con asombro.
Aunque no fue muy visible, otra oleada de pinchos golpeó a los lobos de nuevo antes de que el escudo cayera.
—Aun así… No es una sola habilidad. Los pinchos mataron a uno, pero hubo una ráfaga de hielo que congeló a otro hasta la muerte. Y otro lobo murió por otra cosa… Algo como una serpiente, pero de hielo. —Teo frunció el ceño, al darse cuenta de que Ana había lanzado cuatro habilidades en ese único instante.
—Exacto. Esa es su fuerza. Ana puede usar habilidades una tras otra, muy rápido. De hecho, nadie de su generación puede igualar su velocidad…
—En movimiento —murmuró Teo.
—¿En…? ¿Qué? —Lorenzo ladeó la cabeza, confuso, pues no había oído con claridad lo que Teo había dicho.
—No es nada —negó Teo con la cabeza mientras pensaba para sí: «Usar habilidades una tras otra… Yo también lo he visto y lo aprendí de Fenrir. Sin embargo, mi habilidad actual no es tan rápida. Solo mi control es mejor que el de ella».
—Hay algo más que debes saber. Sus habilidades pueden usarse de forma continua… Es decir, para cuando termina de usar todas sus habilidades, puede repetir la secuencia desde el principio. En otras palabras, es como una fortaleza andante —dijo Lorenzo antes de resoplar—. No es que admita que es más fuerte que yo…
—Jaja. —Teo se rio entre dientes, pues sabía que había mucha gente con talento de su nivel en el mundo. Quería enfrentarse a ellos para conocer sus habilidades y aprender de ellos.
—Aunque es sorprendente que hayas podido ver todas sus habilidades a la primera.
Teo se encogió de hombros, sin decir nada sobre sus ojos especiales.
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