Dios de los Embusteros - Capítulo 674
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Capítulo 674: Afrodita
Agata se sobresaltó al ver que su Diosa la contactaba. La cabeza empezó a dolerle, exigiéndole que aceptara la llamada lo antes posible.
Tras buscar un sitio, acabó apoyándose en la pared y sentándose con las piernas cruzadas.
Entonces cerró los ojos para entrar en el espacio de su reunión.
A diferencia de Teo, el espacio para la reunión no era un campo o algo espacioso. En su lugar, era un pequeño dormitorio.
El dormitorio tenía una cama extragrande en el lado opuesto. A la izquierda de la cama había un espejo enorme y un armario. A la derecha, había varias cajoneras alineadas.
Parecía un dormitorio corriente, incluso para Agata. Pero lo que más la sobresaltó fue la mujer que estaba tumbada boca abajo, con la barbilla apoyada en las manos.
La mujer tenía el pelo largo y castaño, que le caía con gracia por la espalda. Sus encantadores ojos castaños miraban fijamente a los de Agata.
—Parece que has recibido mi llamada… —Una sonrisa que podría cautivar a cualquiera se dibujó en su rostro.
Incluso Agata retrocedió un paso, ya que no estaba preparada para una sonrisa que podría encantar hasta a una mujer.
—¿Por qué me has llamado? —Agata apretó los puños hasta que el dolor le permitió mantener la cordura.
—¿Tú qué crees? —sonrió la mujer.
—Si no quieres hablar de ello, entonces devuélveme. —Agata la fulminó con la mirada, empezando a frustrarse.
—Vaya, vaya. No hay necesidad de tener tanta prisa. —Su rostro descansaba sobre las palmas de sus manos mientras seguía sonriendo como si no fuera gran cosa.
Agata apretó los dientes y dio un paso al frente. Levantó la mano, como si se preparara para hacerse daño y así poder abandonar este lugar.
Sin embargo, la mujer abrió la boca, deteniéndola: —Está bien. Siempre eres así… Solo quiero preguntarte si quieres aceptar mi poder por completo. Con mi poder, conseguir a tu amorcito es cosa fácil.
—Es inútil. Él no se dejará seducir por tu poder y yo tampoco pienso usarlo.
—Eso es porque no has experimentado mi verdadero poder —señaló la mujer a su derecha.
De repente, apareció Teo. Tenía los ojos llenos de amor y una expresión sedienta, como si deseara su amor. Extendió la mano con delicadeza y preguntó: —Por favor, cálmate. Hay una explicación para esto.
Pero el tiro le salió por la culata, ya que solo consiguió enfurecer aún más a Agata. Esta no pudo evitar darle un puñetazo en la cara a Teo, como si no le importara. —¡Aléjate!
Teo salió despedido y desapareció.
—Tienes que aceptarlo para aprender mi poder. —La mujer invocó a otro Teo a su lado, que la abrazó con delicadeza y una expresión apasionada. Sus manos se dirigieron gradualmente hacia su seno—. Él solo se ha estado conteniendo todo este tiempo. Estará locamente enamorado de ti, así… Mmmm…
El último gemido que soltó destruyó por completo la paciencia de Agata. Apareció justo delante de la mujer y le golpeó la cara.
Sin embargo, lo que golpeó no fue más que una ilusión. La mujer desapareció en una nube de humo.
Agata miró a la izquierda y apretó los dientes al encontrar a la mujer de pie frente al espejo.
—Originalmente, yo era una Diosa de Guerra… En ese lugar lleno de sangre, me di cuenta de que me había hartado. La gente te llama héroe si derrotas a tus enemigos y te tacha del mayor traidor si pierdes a pesar de haber luchado con todas tus fuerzas.
—No era nada gratificante. En lugar de hacer un trabajo así, prefiero lograr mis metas sin siquiera usar mi poder. Conquisté a hombres y mujeres sin mi fuerza y sin derramamiento de sangre alguno.
—Destruí un país sin desenvainar una sola espada. ¿No fue maravilloso? Después de un tiempo, podía conseguir todo lo que quería. —Miró de reojo a Agata mientras se ataba el pelo en una coleta—. ¿Qué hay de malo en eso? Y entonces… te encontré… Alguien que era igual que yo.
Agata apretó los dientes y gritó: —¡No somos iguales!
—Somos iguales. Has derramado sangre por alguien que te gusta, pero no obtienes nada de él. Ah, no hablemos de otras recompensas… Incluso cuando yo ganaba una guerra, siempre era recompensada con riquezas. Es simplemente tu mismo caso.
—Sigues diciéndote a ti misma que puedes ir paso a paso, pero estás completamente equivocada. Recuerda mis palabras, tu método no logrará nada. —Caminó hacia Agata y se detuvo justo delante de ella, mirándole el rostro de cerca.
—No hay nada malo en luchar… Solo te digo que es imposible que consigas lo que quieres solo luchando —negó con la cabeza—. La única forma de conseguir lo que quieres es conquistar.
—Ponlos a tus pies, haciendo que lo deseen todo de ti.
—No seré como tú. Libraré mi propia batalla —dijo Agata apretando los dientes.
—¿Ah, sí? Entonces, ¿cómo? Tu falta de argumentos solo demuestra que tu espíritu de lucha es demasiado débil como para hacer lo que sea que tengas que hacer.
No pensaba seguir escuchando su sermón, así que Agata usó apresuradamente su humo para crear una guadaña.
Blandió su guadaña para rebanarle el cuello a la mujer.
Consiguió hacerlo, pero el suelo empezó a distorsionarse, formando enredaderas que le envolvieron los pies. A continuación, surgieron cadenas que le apresaron las manos, impidiéndole cualquier movimiento.
Después de eso, un pilar apareció detrás de Agata y de él salieron tentáculos que le envolvieron el cuerpo, el pecho, los muslos y la boca.
—¡Mmmf! —Agata forcejeó para liberarse, pero fue inútil. Incluso usó su humo rosa, pero este desapareció al instante.
—Mira… Si continúo, tu deseo sexual pronto tomará el control. —La mujer reapareció frente a ella y le puso la mano en la mejilla—. Ni siquiera he hecho nada que pueda matarte y pronto caerás.
—Lo que no has querido aceptar todo este tiempo podría ser el poder que necesitas para conseguir a tu ser amado —sonrió—. ¿Qué tal si lo intentas tú también?
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