Divine Path of Destruction (ES) - Capítulo 12
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12: Capítulo 11 12: Capítulo 11 El niño pequeño pareció enfurecerse por las palabras de Bai Yingzu.
Sin decir ninguna otra palabra, se abalanzó al ataque tras liberar su poder de cultivo, un cultivo perteneciente a la etapa tardía del reino combatiente.
Esa velocidad fue casi imperceptible para los mortales comunes, pero Bai Yingzu, gracias a su habilidad metafísica, no necesitaba cuidarse de aquellos movimientos rápidos.
Con una sonrisa complaciente, había aumentado la gravedad de sus alrededores.
Como no sabía en qué nivel de cultivo se encontraba aquel niño, decidió solo incrementar la gravedad en 10 veces para estar seguro de poder inmovilizar a cualquiera que se acercara en un radio de 5 metros.
Evidentemente, Bai Yingzu no podía enfrentarse cara a cara con un cultivador; él no era un loco cegado por el orgullo, así que no sentía vergüenza por sus acciones.
Pensó en solo tomar la oportunidad de hacer uso de su habilidad metafísica siempre que pudiera ser una opción, y justo ahora esa opción estaba disponible.
Después de todo, ya sea un mortal común o un cultivador, todos debían caer ante la gravedad, un elemento regente de la ley natural de cualquier mundo.
En el momento en que el niño se acercó a Bai Yingzu con la intención de golpearlo, había entrado al área con la gravedad manipulada.
La expresión del niño cambió al sentir la extrañeza en la velocidad de sus movimientos y el aumento en su peso corporal.
Inmediatamente, sus instintos como cultivador le dijeron que se encontraba en una situación precaria.
Entonces, sin siquiera dudarlo, trató de retroceder, pero lamentablemente fue demasiado tarde.
La gravedad manipulada volvió a aumentar una vez más, pero esta vez lo había hecho caer al suelo.
Cuando Bai Yingzu vio que el pequeño niño todavía podía soportar la gravedad aumentada en 10 veces, no dudó e inmediatamente logró aumentarla hasta 30 veces.
Incluso se estaba preparando por si eso tampoco fuera suficiente, para aumentarla al límite de su capacidad, la cual era solo de 35 veces.
Un aumento más allá estaba fuera de su capacidad actual.
Incluso si lograra forzar un aumento en una sola vez, le traería un grave daño a su cerebro.
Como consecuencia mínima, solo le provocaría un shock y desmayo, seguido de una jaqueca aguda.
Y en el caso más grave, podría sufrir un accidente cerebrovascular, el cual le traería dos opciones de muerte segura: una sería rápida e indolora, y la otra sería extremadamente lenta y dolorosa.
Cualquiera que fuesen las dos opciones de muerte segura, Bai Yingzu no estaba interesado; no estaba tan aburrido como para cortejar a la muerte.
Fue una suerte que con solo el aumento de 30 veces ya había ejercido una considerable presión en el cuerpo del niño, haciéndolo caer al suelo estampando su cara en la tierra.
Viendo la misma escena frente a sus ojos, Bai Hui no pudo evitar llenarse de terror y ponerse a temblar nuevamente.
Los dolorosos recuerdos sufridos volvieron a revivir su miedo, eran tan frescos que incluso podía sentir un poco de dolor en donde alguna vez se encontraron las heridas que ya habían sanado.
—Así que atreviéndote a intimidar a un inofensivo mortal común —Bai Yingzu se acercó al caído Bai Feng que aún luchaba por levantarse.
Obviamente, la gravedad aumentada no significaba un daño para Bai Yingzu; con cada paso que daba, la gravedad volvía a la normalidad a su alrededor, solo afectando al pequeño Bai Feng tirado en el suelo.
Bai Yingzu sonrió.
—No creas que por ser un bebé de piel lechosa y mejillas rosadas no me atreveré a golpearte como lo hice con fatty…
—Bai Yingzu cortó en su última palabra, pareciendo pensativo, pareciendo contemplar las posibilidades.
Después de un corto tiempo, continuó con sus palabras: —Sabes qué.
El día de hoy me siento de muy buen humor, no te patearé de forma indiscriminada.
Solo abofetearé tus mejillas rosadas —dijo con una sonrisa maliciosa.
Bai Yingzu dio vuelta al cuerpo del pequeño niño que había quedado con la cara sobre el suelo.
Ya que había quedado boca arriba, Bai Yingzu se acercó para mirarlo más de cerca.
Primero comenzó a tocar las mejillas rosadas del niño.
Pasó sus dedos sintiendo su suave piel; realmente se mostró tan sorprendido por la sensación tan suave.
—Maldición.
En verdad eres un bebé de piel lechosa.
¿Cómo diablos tienes la piel tan suave?…
¿Podría ser por el cultivo?
—sus últimas palabras fueron dichas entre murmullos.
Bai Yingzu pensó que no era de extrañar que no hubiera visto a ningún cultivador feo desde que había llegado al mundo de cultivo.
Con tales efectos milagrosos, sería extraño encontrar a un cultivador con una apariencia desagradable.
Cuando Bai Feng escuchó las palabras de Bai Yingzu, casi se ahogó por la ira.
Bai Hui y Bai Yi pusieron sus ojos en blanco, dudando de lo que veían y escuchaban.
Debido a las acciones de Bai Yingzu, en la mente de los jóvenes aparecieron pensamientos algo raros, lo que provocó que Bai Yingzu fuera mirado bajo una extraña luz.
Sin conocer lo que los jóvenes pensaban de él, Bai Yingzu continuó acariciando las mejillas rosadas del pequeño niño mientras estaba hundido en sus pensamientos.
Bai Yingzu tenía una sensación agradable, algo así como tocar un pequeño y suave globo lleno de agua tibia, pero con las características de una acolchonada gamuza.
Hundido aún más en sus pensamientos, pronto olvidó la situación en la que se encontraba.
Centrándose solo en el pensamiento de que si lograba sintetizar tales características, podría lograr crear un buen material antiestrés.
—Bien, bien.
Entonces prepárate para tu castigo —Bai Yingzu dijo de pronto, retomando sus pensamientos claros.
Primero comenzó dando suaves bofetadas de derecha a izquierda a las mejillas rosadas del niño por varios minutos.
Posteriormente se detuvo tras mirar que las mejillas de Bai Feng habían quedado tan rojas como el trasero de un babuino.
Se rió con picardía mientras observaba el buen trabajo que había hecho.
Tras un sutil pensamiento preguntándose si no se le había pasado un poco la mano, lo ignoró tras sentirse seguro de haber hecho lo justo.
Claramente recordó que, como un cultivador, no importaba si solo fuera un bebé de piel lechosa; todavía podría resistir unos pocos golpes, o tal vez más.
Después de todo, Bai Yingzu solo era un mortal común, y lógicamente no debía poder hacer un daño real a un cultivador.
Lo que Bai Yingzu ignoraba era que tanto Bai Hui como Bai Feng habían sido inmovilizados tras el aumento de varias veces la gravedad de sus cuerpos de forma tan abrupta.
Por tanto, ellos primero debían centrarse en evitar morir aplastados por sus propios pesos, e ignoraban completamente el tratar de resistir los daños provocados por un mortal común.
En pocas palabras, bajaban todas sus defensas para poder centrar sus fuerzas en resistir el enorme peso extra que se les había colocado de forma tan repentina.
Eso no significaba que podrían morir por los golpes de un mortal común, pero sí podían sentir mucho dolor por dejar sus defensas abiertas.
Lo que explicaba el terror que tenía Bai Hui hacia Bai Yingzu.
Que Bai Hui hubiera resistido el abrupto aumento de gravedad en el primer momento, además del estrés que debía sentir al saber que no podía dejar de usar su poder de cultivo o de lo contrario sería aplastado hasta la muerte, era casi un tipo de milagro por sí solo.
La carga mental que debió soportar ante tales presiones lo llevaron hasta lo máximo de sus límites; por esa misma razón no pudo hacer más que desahogarse al llorar tras su recuperación con la píldora que le había entregado Bai Yi.
En la actualidad, el pequeño niño Bai Feng estaba completamente agitado y muy adolorido.
Además de que su respiración era entrecortada, sentía mucha vergüenza y ardor en las mejillas; no pudo hacer otra cosa más que desmayarse por la ira al pensar en lo que le había hecho Bai Yingzu.
Ignorando al desmayado Bai Feng, Bai Yingzu caminó en dirección a Bai Hui y Bai Yi.
Cuando ambos miraron que Bai Yingzu se acercaba, casi se desmayaban del susto, pero tratando de guardar la calma, se prepararon para correr.
Pero antes de que hicieran eso, Bai Yingzu habló en una voz bastante seria: —No se les ocurra correr, de lo contrario terminarán peor que aquel bebé de piel lechosa.
Si no crees en mis palabras, puedes preguntárselo a fatty —dijo esta última frase mirando a Bai Yi.
Bai Hui se detuvo en seco.
Se giró en la dirección de Bai Yingzu y cayó de rodillas.
—Jefe, perdona mis fallas.
Yo no tenía la intención de tenderte una emboscada, yo…
yo te traje al bebé de piel lechosa y mejillas rosadas.
Sí, quería traerlo hacia ti —Bai Hui sudaba de forma incontrolable mientras decía lo primero que se le venía a la mente.
Bai Yingzu y Bai Yi quedaron estupefactos ante la respuesta de Bai Hui.
Bai Yingzu era el más confundido al no entender lo que Bai Hui quería decir.
De una forma involuntaria, vino a su cabeza un significado extraño de esas palabras.
Su rostro mostró una expresión oscurecida.
—Fatty, explica de qué estás hablando.
¿Qué tratas de insinuar con esas palabras?
—el tono de Bai Yingzu fue severo.
Bai Hui tembló al escucharlo; sabía que esta vez había hecho enojar a Bai Yingzu.
Se preguntó si había malentendido sus acciones, pero poco después negó este pensamiento.
Bai Hui pensó que era claro que este hecho no debía ser dicho de forma tan casual y en público; tal vez debía ser un secreto bien guardado.
Aunque Bai Hui no se sentía bien con esto, tuvo que disimular tal como quería Bai Yingzu en sus pensamientos.
—No estoy insinuando nada.
El bebé…
digo, el hermano Feng tiene en su poder una reserva considerable de piedras espirituales; pensé que tal vez esto sería útil para el jefe.
Bai Yingzu ya estaba frente a Bai Hui mientras lo miraba con duda.
Frunciendo el ceño, dijo: —Así que a eso te refieres.
—Sí.
No sé lo que el jefe pensó que trataba de decir —respondió Bai Hui de forma temblorosa mientras el sudor escurría de su frente en gran cantidad.
Bai Yingzu siguió dudando, pero no quería perder más tiempo con esto.
Pensó que en verdad las piedras espirituales del bebé de piel lechosa y mejillas rosadas le serían muy útiles para su cultivo.
Ya había escuchado que se necesitarían demasiados recursos si quería alcanzar niveles más altos.
Bai Yingzu no tenía conocimiento de que varios meses atrás Ying Long volvió a visitar el clan Bai nuevamente, y que en esa visita había dejado una gran cantidad de recursos con Xia Yanyu; de lo contrario, no pondría en sus ojos esa pequeña cantidad de piedras espirituales en manos de Bai Feng.
Todos estos recursos habían sido entregados a Xia Yanyu para que las administrara, entregando porciones en función del uso que le diera Bai Yingzu.
Como Xia Yanyu había notado que Bai Yingzu no cultivaba, simplemente pensó que todavía no las necesitaba; por esa misma razón tampoco había informado al respecto.
Debido a este malentendido, Bai Yingzu creía que estaba corto de recursos, por lo cual tendría que arreglárselas únicamente con los recursos entregados por el tercer anciano, así como los pocos recursos mensuales que el clan Bai entregaba a todos los miembros cultivadores del clan.
Con estos recursos limitados, Bai Yingzu tuvo que tomarse el cultivo con calma.
¿De lo contrario, cómo podría Bai Yingzu estar tan ocioso?
Desde que había conocido el cultivo, tuvo un gran interés en este, por lo cual tuvo una mentalidad de estricto aprendizaje.
Mientras que Bai Yingzu se debatía entre tomar los recursos del inconsciente Bai Feng, Bai Hui había dado un suspiro de alivio al ver que nada le había sucedido.
—Bien, ya he tomado mi decisión —Bai Yingzu salió de sus pensamientos y dijo en voz alta.
Volteó para mirar a ambos jóvenes y con una sonrisa les dijo—: Ustedes dos vayan y busquen todos los recursos que el pequeño bebé de piel lechosa tenga en sus manos.
Bai Hui y Bai Yi dudaron por un momento, pero luego se decidieron tras mirar las mejillas hinchadas de Bai Feng.
Rápidamente se acercaron al inconsciente Bai Feng y sacaron todas sus posesiones de cada bolsillo que encontraron; por último, sacaron el anillo que tenía puesto en su mano izquierda.
Casi tan rápidos como expertos ladrones, Bai Hui y Bai Yi dejaron a Bai Feng sin ningún tipo de objeto de valor sobre su persona.
Le entregaron todo a Bai Yingzu con sonrisas aduladoras; ambos fueron inteligentes y llegaron a un acuerdo mutuo al instante.
Bai Yingzu tomó todo esto sin decir ninguna otra palabra, pero sintió un poco de pena por Bai Feng.
Sin embargo, al mismo tiempo creía que se lo merecía por tratar de intimidar a alguien más débil que él.
De no ser por la habilidad metafísica que Bai Yingzu poseía, estaba muy seguro de que las cosas hubiesen terminado de forma diferente; por ejemplo, el que estaría tirado inconsciente sería él mismo.
Tras un breve pensamiento, Bai Yingzu volvió en sí y guardó todos los objetos de valor, asintiendo a los dos jóvenes.
—Ahora ustedes dos serán mis secuaces.
Me seguirán a donde sea que vaya sin importar qué, incluso si tengo que lanzarme desde una montaña, ustedes irán conmigo —sus palabras hicieron que ambos jóvenes sintieran un sudor frío en sus espaldas.
A sus oídos, estas eran las palabras de un gran villano.
Cuando Bai Yingzu echó un vistazo, se dio cuenta de que ambos jóvenes parecían dudar.
Inmediatamente entendió que tratarían de negarse, pero, ¿cómo podría Bai Yingzu dejarlos ser?
Sonriendo maliciosamente, les dijo: —No piensen en huir, de lo contrario sus fechorías saldrán a la luz a través de mi testimonio.
Bai Hui y Bai Yi no eran tontos; casi inmediatamente entendieron lo que Bai Yingzu trataba de decir.
Ellos, quienes habían sido los que tomaron las pertenencias de Bai Feng, se encontraban totalmente hundidos en el barro.
Aún así, no parecieron tan convencidos; creían que podían explicar los sucesos de llegar el momento.
Pero entonces Bai Yingzu destruyó todo pensamiento de negarse con sus últimas palabras: —Si quieren sufrir el dolor en vida, pueden negarse.
De cualquier manera, no los obligaré —esta vez sus palabras habían enviado un entumecimiento a los dos jóvenes.
Dando la vuelta para marcharse del lugar, Bai Yingzu les dejó dicho unas últimas palabras: —Mañana pueden ir a buscarme en el sector principal de residencias.
Mi casa es la última del lado sur, a un lado de la residencia del tercer anciano.
Los dos jóvenes se sorprendieron al escucharlo.
Ellos sabían que en el sector principal de residencias solo vivían personas cercanas a figuras influyentes dentro del clan, personas así como su hermano Feng, quien era el nieto del cuarto anciano.
Lo que más les sorprendía era que nunca habían visto a Bai Yingzu, pero si en verdad vivía en el sector principal de residencias, no debía ser una figura pequeña.
—Hermano Hui, ¿en verdad iremos como él nos ha indicado?
—preguntó Bai Yi, aún pensando que tenían alguna opción.
*Suspiro*.
—No tenemos otra opción.
Si faltamos, tal vez nos busque con la intención de hacernos pagar.
Piénsalo bien, tal vez no sea tan malo; es más fuerte que el hermano Feng, y seguro nos brindará su protección al hacernos sus seguidores —Bai Hui se había resignado, pero todavía trató de ver el lado positivo de la situación.
—Eh…
tienes razón.
Veremos lo que sucede.
Primero ayudemos al hermano Feng —Bai Yi dijo mirando el estado miserable de Bai Feng.
Entonces solo pudo dar un suspiro al pensar que no era algo tan malo seguir a alguien tan fuerte como Bai Yingzu.
Sin más pensamientos, sacó otra de sus útiles píldoras de recuperación y la introdujo en la boca de Bai Feng.
—Pero si nos llevamos al hermano Feng, podemos volverlo a encontrar en el camino —Bai Hui comentó con un poco de temor.
Bai Yi negó con la cabeza.
—Recuerda lo que dijo el hermano Feng.
Ese tipo pasea todas las mañanas hasta llegar al mercado de la ciudad; después de eso, se sienta en un parque sosteniendo un libro hasta el mediodía.
—Ahora lo recuerdo —sintiéndose más tranquilo, Bai Hui suspiró y ayudó a llevarse a Bai Feng hacia la residencia del cuarto anciano.
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