Divine Path of Destruction (ES) - Capítulo 9
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9: Capítulo 08 9: Capítulo 08 Bai Yonger calmó su agitación.
Borró de su mente el deseo por aquella flor y, respirando profundamente, cerró los ojos.
Ying Long sonrió al ver sus acciones; estaba seguro de que si la flor no le perteneciera, Bai Yonger habría saltado para arrebatársela.
No podía culparlo.
De no ser porque era la medicina para su hija y nieto, él mismo habría usado la flor para incrementar su cultivo.
El médico Chenfang inyectó parte de su energía a la flor, lo que hizo que esta se volviera translúcida como cristal puro, del tipo que atraería miradas codiciosas en cualquier lugar.
Al acercarla a la frente de Bai Yingzu, la flor comenzó a desvanecerse como si fuera una piedra espiritual.
Los ojos apagados de Bai Yingzu se iluminaron repentinamente.
Mientras tanto, en un espacio extraño donde Bai Yingzu se encontraba actualmente, el lugar temblaba de forma inestable.
Este sitio era como un sueño: una extensa tierra virgen con árboles y plantas que se extendían hasta donde alcanzaba la vista.
El suelo de este hermoso lugar ahora se resquebrajaba, dejando todo en caos.
Extrañas estructuras caían de grietas en el cielo, como si para este mundo imaginario hubiera llegado el apocalipsis.
Tras su gran avance, Bai Yingzu estaba sentado bajo un árbol en medio de un campo de flores.
Podía sentir vagamente lo que ocurría en el exterior: cómo su cuerpo se llenaba de energía y la sensación de ser arrastrado fuera del agua.
Tras alcanzar la siguiente etapa de cultivo, había abierto los ojos en este lugar desconocido.
Sentía que con solo un pensamiento podía volver a su cuerpo físico inmóvil en la cama, pero no tenía prisa.
Quería consolidar su base aquí antes de explorar los alrededores.
Aunque ahora no era el momento adecuado.
Permaneció quieto, observando cómo el lugar se transformaba.
En lo profundo de su ser, sabía que esto solo podía significar una cosa: finalmente sería libre de moverse a voluntad.
Ya no sería un inválido dependiente de cuidados externos.
No es que sintiera hostilidad hacia Xia Yanyu -la consideraba algo molesta, pero había reconocido que era una buena persona-.
Lo que más anhelaba ahora era comenzar a ejecutar sus planes, entre ellos investigar este nuevo mundo y sus secretos aún ocultos.
Su pasión como investigador ardía como antorcha.
Mientras sus pensamientos vagaban hacia el futuro, el entorno se agitaba cada vez más.
Las estructuras seguían derrumbándose, destruyéndolo todo…
excepto el campo de flores, que parecía inmune al caos.
Desde las grietas, en el extremo derecho del campo, había caído una torre de miles de pisos cuya punta se perdía en el cielo.
En el extremo izquierdo, un gigantesco santuario mostraba en su entrada una estatua de un hombre y una mujer tomados de las manos, como una pareja enamorada.
A pesar de su deterioro, estas estructuras emanaban una presión y santidad indescriptibles.
De manera breve la mirada de Bai Yingzu se quedó quieto en la estatua de aquella pareja, su mente vagó por un tiempo antes de ser despertado por la caída de otras construcciones menores cerca.
Estas al tocar el suelo comenzaron a hundirse o a agrietarse, se veían tan frágiles como papel ante la majestuosidad de las estructuras principales.
Un destello de luz distrajo a Bai Yingzu.
Una flor cristalina flotaba a centímetros de él.
Con solo estirar la mano podría tomarla.
Dudó un instante, fascinado por su belleza.
Información fluyó a su mente: sabía qué hacer, pero no tenía prisa.
Siguió contemplándola.
“Hermosa flor de cristal, cuya vida es tan efímera…
tratas de ayudarme a salir de aquí, pero eso significaría tu fin.
¿Realmente valgo tanto como para que tal belleza perezca por mí?” Un viento extraño surgió de la flor, rozando su rostro con frescura.
Estas palabras habían salido de su boca inconscientemente, sorprendiéndose a sí mismo.
Tras recuperarse, esbozó una sonrisa audaz.
El sacrificio requerido sería enorme para cualquiera…
pero él era diferente.
Podría soportarlo, pues tenía la capacidad de volver a la cima.
“Entonces quédate aquí, junto a mis demás flores”.
Alzó la mano, tomó la flor y cavó un hoyo donde plantó parte del tallo.
La flor se movió como en tímido agradecimiento.
El espacio que se desmoronaba se detuvo abruptamente, como si el tiempo se congelara.
Solo el latido de un corazón resonó en la nada.
*Crujido*.
El núcleo espiritual de Bai Yingzu emitió un sonido similar a cristales rompiéndose.
Sintió cómo algo lo halaba, como emergiendo de las profundidades del océano al recuperar el aliento.
La vida volvía a él.
El reloj congelado reanudó su marcha: tic, tac.
tic, tac.
Con debilidad extrema, Bai Yingzu abrió los ojos.
Esta vez, brillaban con la intensidad máxima de su alma.
…
El crujido del núcleo espiritual fue audible para todos en la habitación.
Ying Long palideció como si lo hubiera alcanzado un rayo, mientras Bai Yonger y Bai Lie quedaron estupefactos.
En pánico, Ying Long se acercó: —Viejo Chenfang, ¿qué ha sucedido?
—preguntó, sintiendo la extrema debilidad de Bai Yingzu.
Han Chenfang estaba desconcertado.
Según sus conocimientos, esto no debería ocurrir.
Era algo anormal.
Sin perder tiempo, inyectó energía en los puntos vitales de Bai Yingzu.
Horas después, suspiró al lograr estabilizarlo.
—Viejo Long, ahora todo está bien —dijo con sonrisa aliviada.
Ying Long lo miró interrogante.
Mientras aplicaba el tratamiento, Chenfang había notado cómo los músculos de Bai Yingzu se tensaban por el dolor -algo imposible para un inválido-.
Su experiencia le decía que era una recuperación.
Aunque el tratamiento había funcionado, las consecuencias eran graves: el cultivo de Bai Yingzu estaba destruido.
Energía se filtraba de su núcleo a través de los poros.
Al escuchar esto, los presentes se sorprendieron al confirmar que realmente había cultivado.
Pero Ying Long no lo lamentó demasiado; mientras su nieto estuviera bien, podrían reconstruir su cultivo con los recursos adecuados.
Bai Yingzu comenzó a moverse lentamente por la debilidad.
Sus ojos se abrieron brillantes como antorchas, pero pronto volvieron a la normalidad.
Se sentó en la cama con la cabeza gacha.
Ying Long se acercó con cautela y emoción: —Xuan’er, ¿estás bien?
—llamó en voz casi susurrante.
—Xuan’er…
¿quién es ese?
—murmuró Bai Yingzu casi inaudible—.
Ah, ya recuerdo…
Mi nombre Bai Yingzu me lo dio el clan Bai, y Ying Xuan me lo dio mi madre…
Algo poco práctico, si me preguntan.
Podría causar confusión como ahora.
Siguió murmurando para sí, ignorando la pregunta.
Comenzó a mover partes de su cuerpo: dedos de manos y pies, luego giró la cabeza, alzó brazos, movió piernas y finalmente levantó la vista hacia quienes contenían la respiración.
—Estoy despierto.
Pero algo cansado —dijo, y sin más, se recostó y durmió inmediatamente.
En la habitación solo se escuchó un suspiro colectivo, seguido de un silencio tan profundo que se podría oír caer un alfiler.
—Esto está bien.
Ahora no hay de qué preocuparse.
Vayamos a la siguiente habitación —dijo Bai Yonger saliendo.
Aunque era lamentable la pérdida de su base de cultivo, tras asimilarlo, a nadie pareció importarle demasiado.
Ya habría tiempo para aclarar dudas.
Para los cercanos a Bai Yingzu, lo primordial era su bienestar.
Han Chenfang dio unas palmadas en el hombro a Ying Long, sacándolo de su ensimismamiento: —Vamos.
Tu hija espera.
Bai Yonger los guió a un lugar más alejado del edificio principal.
Al entrar, se sentía una energía densa en el ambiente.
Caminaron por un pasillo profundo hasta un muro sin salida.
Bai Yonger movió unos bloques de la pared, activando mecanismos ocultos.
Una puerta secreta se abrió, revelando una habitación con un altar de piedra cubierto de telas suaves donde yacía una mujer de belleza indescriptible -el tipo que haría sentir insignificante a cualquier otra que se jactara de hermosura-.
El médico Chenfang repitió el método usado con Bai Yingzu, pero esta vez el proceso tardó horas sin mostrar el mismo resultado.
Cuando la mujer finalmente abrió los ojos, estos estaban vacíos, carentes de alma.
Todos suspiraron resignados.
Ying Long pareció afectado profundamente.
Su hija podía moverse, pero su mirada seguía apagada.
Ni siquiera usando una segunda flor había logrado recuperarse.
—Mayor Ying, no pierda esperanza —dijo Bai Lie con voz firme—.
Este es el mismo estado en que Ying estuvo.
Muchos dijeron que nunca despertaría, pero contra todo pronóstico, lo logró.
Sus palabras reavivaron la determinación en Ying Long: —Bien.
Regresaremos al clan Ying.
Ahora que Lingxi está estable, buscaremos mejores tratamientos con nuestros médicos.
Tomó a la mujer en brazos y se dirigió a la salida.
Nadie objetó nada.
Bai Lie se acercó: —Mayor Ying, ¿eso significa que también llevará a Ying?
—No —negó Ying Long—.
Con Lingxi es manejable, pero el caso de Xuan’er es más complejo.
Quedará nuevamente bajo tu cuidado.
Bai Lie asintió: —Lo entrenaré cuando despierte.
Sin duda podrá recuperar su cultivo.
—Tómalo con calma —dijo Ying Long, levitando levemente.
Un sirviente se acercó a Bai Yonger: —¿Ya repararon la barrera?
—preguntó el gran anciano.
—Mi señor, la barrera está intacta.
Solo fue desactivada temporalmente —respondió el sirviente.
—Ja.
¿Creíste que destruí tu barrera?
¿Qué clase de persona me crees?
No soy un bárbaro sin modales —se burló Ying Long.
Bai Yonger sonrió: —Por supuesto que el gran anciano Ying Long no es un bárbaro.
Jamás se presentaría en un festejo sin anunciarse para luego amenazar a los invitados, no, claro que no —su sarcasmo arrancó una sonrisa al médico Chenfang.
—*Tos* Déjalo ya.
Volveré, pero será para llevarme a mi nieto.
Así que cuídenlo bien; no quisiera borrar al clan Bai del sur inferior —sus últimas palabras llevaban un dejo de amenaza que hizo temblar a los sirvientes.
Bai Yonger, impasible, respondió: —Mi clan Bai cuida bien a todos sus miembros —dejando claro que Bai Yingzu pertenecía tanto al clan Bai como al clan Ying, y que el primero sí lo reconocía, a diferencia del segundo.
Fue una réplica ingeniosa a las amenazas.
Ying Long no se molestó; reconocía su derrota en ese aspecto.
Todo lo dicho por Bai Yonger era cierto: el clan Ying había negado la existencia de Bai Yingzu.
Al subir al albatros, Ying Long partió con un poderoso aleteo que levantó ráfagas de viento, desapareciendo en la distancia.
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