Divorcio Millonario: La Cacería Mundial del Exesposo - Capítulo 8
- Inicio
- Divorcio Millonario: La Cacería Mundial del Exesposo
- Capítulo 8 - 8 ¿Qué le hizo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
8: ¿Qué le hizo?
8: ¿Qué le hizo?
La rabia de Jasper por fin se encendió.
Su atractivo rostro se ensombreció tanto que parecía que se hubieran acumulado nubarrones de tormenta.
Su gran mano agarró la barbilla de Luna y la obligó a mirarlo.
Estaba tan furioso que se echó a reír, con una voz afilada y cruel.
—Luna, ¿te has vuelto loca por el dinero?
¿Tú, que no has hecho más que comer y holgazanear desde que nos casamos?
¿Tú, que te quedas en casa como una esposa consentida, que solo sabe gastar y despilfarrar el dinero, y ahora tienes el descaro de hablar de repartir mi fortuna?
¿Has ganado alguna vez un solo céntimo?
Luna apretó los puños.
De repente, pareció ocurrírsele una idea.
Sus ojos se llenaron de una burla absoluta y sus palabras fueron un ataque verbal.
—¿Por qué tanta prisa por divorciarte?
¿Piensas volver a cooperar con ese «buen» tío tuyo para encontrar a otro incauto al que venderte por un precio mejor?
Luna estaba tan furiosa que su pecho subía y bajaba con agitación.
Sabía que no debía esperar nada amable de su sucia boca, pero nunca imaginó que sus crueles palabras pudieran caer tan bajo.
Sus ojos se enrojecieron y su visión se nubló por las lágrimas contenidas.
Pero cuando Jasper la miró, fingió indiferencia y curvó los labios en una sonrisa burlona.
—Presidente Hawthorne, no creerá de verdad que por decir eso voy a renunciar a la repartición de bienes, ¿o sí?
Mientras hablaba, se le ocurrió una idea y sus ojos se llenaron de una luz gélida.
—Considerando lo que fuiste capaz de hacerme…, incluso llevarme la mitad me parece que soy yo la que sale perdiendo.
«Si no hubiera escapado esa noche, no estaría aquí negociando un divorcio y la repartición de bienes.
¡Me lo habría llevado por delante!».
Jasper frunció el ceño, con un destello de confusión en sus ojos oscuros, mientras pensaba: «¿Qué le he hecho para que esté tan enfadada?».
Luna le apartó la mano con fuerza y habló con toda la fuerza de su convicción.
—No firmamos un acuerdo prenupcial.
Eso significa que, desde el momento en que firmaste esos papeles y te casaste conmigo, la mitad de cada céntimo que has ganado es mía.
Si no lo tienes claro, ¡no me importaría que mi abogado te instruyera sobre algo llamado derecho matrimonial!
«¿Por qué no iba a cogerlo?
Si no lo hago, todo irá a parar a su amante, ¿no es así?».
«¡Que otra se haga la mártir!
¡Yo no lo haré!».
Jasper se rio, completamente indignado.
Las comisuras de sus ojos se enrojecieron mientras la miraba, rechinando los molares con saña.
—Bien.
¡Me gustaría ver cómo intentas quitarme la mitad de mi fortuna!
Jasper se fue hecho una furia.
Luna se apoyó en la pared un momento para recuperar un poco de fuerza.
Justo entonces, vio a Fred salir del reservado, cargando varias bolsas de diferentes tamaños.
No sabía cuánto había oído él, pero Luna no se molestó en preguntar.
Esperó a que él hablara primero.
Fred, sin embargo, actuó como si no pasara nada.
No hizo ninguna pregunta, sino que dijo: —Vamos.
Te llevaré a casa.
De camino al apartamento, la conversación de Fred giró por completo en torno al bienestar de ella: cómo tomar los suplementos para la salud, cuán devota había sido su tía al rezar por un Talismán de Fertilidad.
No dijo ni una palabra sobre la escena de hacía un momento, actuando como si nada hubiera pasado.
Justo antes de llegar, Luna no pudo contenerse más y sacó el tema ella misma.
—Tío, me voy a divorciar de Jasper.
En cuanto las palabras salieron de su boca, sintió una sensación de alivio, pero también se preparó para la tormenta que se avecinaba.
A Fred, sin embargo, no pareció importarle.
—Dices que quieres el divorcio cada vez que os peleáis, pero ¿no os reconciliáis siempre al poco tiempo?
—dijo—.
Apuesto a que esta vez no duras ni tres días.
Venga, cuando te calmes, ve a arreglar las cosas con tu marido.
No puedes culpar a Jasper por estar tan enfadado.
Le has hecho perder mucho prestigio…
Luna se quedó helada.
No fue porque su tío mencionara que el acuerdo de divorcio se había revelado en una reunión de la junta directiva y había avergonzado a Jasper.
Fue la constatación de que, en este matrimonio, ella había sido humillada hasta convertirse en polvo.
Había amenazado con el divorcio tantas veces, solo para ser ella quien buscara con afán la reconciliación.
Era el clásico caso de la fábula del pastorcito mentiroso.
Después de tantas veces, ya nadie le creía: ni su tío, y desde luego tampoco Jasper Hawthorne.
…
En el apartamento…
—Esa tía tuya…
—dijo Willow mientras rebuscaba en la pila de suplementos caros—.
Lo único que le entusiasma es que tengas un bebé.
Normalmente es tacaña a más no poder, pero está dispuesta a gastarse una fortuna en todo esto para ti.
—Por otro lado, hay que invertir un poco para ganar mucho —añadió con una risa sarcástica—.
Una vez que lleves al heredero de los Hawthorne, tu éxito se convertirá en su éxito.
Podrá colgarse de tus faldones directos a la mina de oro de la Familia Hawthorne.
Los labios de Luna se crisparon, pero no dijo nada.
Willow soltó una risa hueca, como si se hubiera dado cuenta de que había hablado de más.
Cambió rápidamente de tema.
—De verdad que hoy has llevado a Jasper al límite.
Probablemente no aceptará el divorcio fácilmente.
¿Cuál es tu plan ahora?
Luna abrazó un cojín y se encogió de hombros con indiferencia.
—Obviamente…, voy a seguir presionándolo hasta que supere su límite.
A las cinco y media de la mañana del día siguiente, Luna Sinclair se despertó de golpe por una serie de diez alarmas.
Cogió su teléfono y marcó el número de Jasper.
Su reloj interno era increíblemente preciso.
No importaba cuándo se acostara, siempre se despertaba a las seis y media.
Y tenía fama de tener muy mal humor al despertar.
Así que cuando contestó al teléfono, su voz era un gruñido bajo e irritable.
—¿Qué?
Luna fue directa al grano.
—Presidente Hawthorne, ¿cuándo vamos a solicitar el divorcio?
—Luna, ¿siquiera has mirado la hora?
Sin inmutarse, Luna simplemente colgó.
Al día siguiente, a la misma hora exacta, volvió a llamar con la misma pregunta.
El hombre espetó: —¿Has considerado pedir cita con un psiquiatra?
Al tercer día, descubrió que él había bloqueado su número.
Sin dudarlo un instante, cambió al teléfono fijo de su habitación y volvió a llamar.
—Luna Sinclair, ¿qué te pasa?
¿Va a terminar esto alguna vez?
—Terminará cuando aceptes el divorcio —respondió Luna.
Cinco días después, el hombre contestó al teléfono.
Luna apenas había pronunciado una sola palabra cuando él la interrumpió, con la voz fría, cada palabra sonando como si quisiera despedazarla.
—Mañana en la oficina.
A las nueve de la mañana.
El rostro de Luna se iluminó al instante con una amplia sonrisa y su voz se volvió dulce como la miel.
—¡De acuerdo, cariño!
¡Que duermas bien, cariño!
«BIP.
BIP.
BIP…»
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com