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Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 137

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137: CAPÍTULO 137: La adicción más mortal 137: CAPÍTULO 137: La adicción más mortal Bella
Pasé el resto del día en la nueva casa de Ivy, mientras cuidábamos juntas de los niños.

Debo decir que han sido un torbellino, pero no lo querríamos de otra manera; verlos jugar, reír y hablar hace que todo valga la pena.

Dean dijo que tenía algo muy urgente de lo que ocuparse.

De hecho, me llamó de camino al trabajo para pedirme la dirección de la casa de Ivy.

Supuse que querría venir a ver a los niños, así que se la envié en un santiamén.

Estoy en el sofá, ojeando un libro que había cogido de la habitación de Ivy, mientras ella va a ver a los niños durante su siesta.

Oigo los pasos de Ivy mientras regresa al sofá y, cuando levanto la vista para mirarla, veo una sonrisa de complicidad.

—Tienes que ver esto —dice, dejándose caer a mi lado y extendiéndome su teléfono.

Lo cojo y veo que es un vídeo.

Le lanzo una mirada antes de pulsar sobre él.

Mi corazón da un pequeño vuelco al ver a Dean en una rueda de prensa.

Me enderecé, con el interés totalmente despierto.

Dean estaba junto al atril, vestido con su traje de tres piezas, listo para dirigirse a la audiencia.

Una pequeña sonrisa se dibuja en la comisura de mis labios.

Se veía tan seguro de sí mismo, tan fuerte y tan increíblemente sexi… Apenas pude resistir el impulso de morderme los labios.

—Quiero aclarar las cosas con respecto a las fotos que han estado causando el caos desde ayer —dice Dean, con voz segura y firme—.

Bella Brennan no es una cazafortunas, y esas fotos fueron fabricadas para desprestigiarla.

Ya se ha presentado la demanda correspondiente al respecto.

Mi pecho se inundó de calidez y contuve las lágrimas que amenazaban con escaparse.

Dean está dando la cara por mí, defendiéndome públicamente sin ningún prejuicio.

Qué detalle tan increíble por su parte.

Ni siquiera yo…

Me obligo a respirar y sigo mirando.

La multitud estalló en murmullos, pero en el momento en que Dean se aclaró la garganta, se hizo un silencio sepulcral.

El poder que tiene este hombre.

—En cuanto al divorcio, me gustaría desmentir esas mentiras, porque Bella y yo nunca nos divorciamos.

Somos dos personas enamoradas, navegando juntas por la vida y siendo los mejores padres para nuestros hijos.

Un calor recorrió mi pecho, subiendo por mi cuello y extendiéndose por mis mejillas.

En el momento en que Dean mencionó que teníamos hijos, la multitud se alborotó.

Murmullos, susurros e incluso conversaciones en voz alta estallaron entre los presentes; parecía que no se esperaban oír eso.

Al mirar a Dean, sentía el corazón acelerado de orgullo.

No puedo evitar amar a este hombre todavía más.

—Señor Brennan, ¿está diciendo que tiene hijos con una mujer que supuestamente lo engañó?

—resopló un reportero con una risita, con la intención de hacer añicos la confianza de Dean.

Dean no se enfada; en su lugar, se yergue y se mete una mano en el bolsillo.

—Creo que ya he mencionado las demandas presentadas contra los autores de la difusión de noticias falsas.

Nadie está exento —una sonrisa de superioridad cruza su rostro y veo cómo el reportero se queda pálido—.

Y para responder a su pregunta: sí, tenemos dos hermosos mellizos y no lo querría de ninguna otra manera.

La multitud, que parecía haberse reunido para atacarme aún más, cambió de parecer y se puso a aplaudir y a vitorear mientras Dean se marchaba.

Estaba clarísimo que, después de esto, nadie se atrevería a sacar el tema de nuevo.

La etiqueta de cazafortunas despiadada y todo tipo de nombres horribles se acababan aquí.

En aquel entonces, esto era exactamente lo que quería que Dean hiciera: que diera la cara por mí, que me defendiera de su madre, de Ashley y del mundo entero.

Oírselo decir ahora con absoluta confianza me reconforta el corazón sin medida.

Ivy me da un golpecito en el hombro y, cuando la miro, su sonrisa de complicidad se ensancha.

—Se puede decir que te has conseguido un partidazo, hermana.

Dejando a un lado mi indiferencia hacia su género, hago una excepción solo cuando se trata de Dean Brennan.

Me encanta la forma en que te quiere —dijo con un suspiro, y su sonrisa de complicidad se convirtió en una sonrisa genuina.

Pongo los ojos en blanco.

—Anda ya, hermana.

No digas eso, todavía hay muchos hombres buenos por ahí.

Ivy me lanza una mirada elocuente y niega con la cabeza.

—Confía en mí, hermana.

Te has quedado con el último, y la verdad es que no me importa si hay miles de ellos por ahí; no tengo ningún interés en ellos de todos modos —dice Ivy con un tono firme, y no puedo evitar preguntarme: ¿cuál será su historia con el papá de Aria?

¿O quizá debería preguntarle sin más?

No, esperaré a que esté lista para hablar de ello.

Ella coge su teléfono, devolviéndome a la realidad.

—¿Parecías perdida por un segundo, estás bien?

Exhalé.

—Eh…

sí, claro…

Solo estaba…

—el sonido del timbre me interrumpe y ambas nos giramos para mirar la puerta.

—¿Esperas a alguien?

—me pregunta, y yo niego con la cabeza.

Ivy es nueva aquí, apenas conoce a nadie, de ahí su pregunta.

Ladeo la cabeza.

—Podría ser Derrick.

Yo abro la puerta —digo, levantándome, y ella asiente, tecleando en su teléfono.

Abrí la puerta y, de pie ante mí, no estaba Derrick, sino un repartidor con una sonrisa amable.

—¿Señorita Bella Brennan?

—pregunta, mirándome.

Pongo los ojos en blanco al oír el apellido «Brennan».

Dean me había llamado así esta mañana.

Aunque me encanta.

Es solo que…

Johnson, mi apellido de soltera, me ha acompañado durante los últimos cinco años.

De nuevo, es algo a lo que tendré que acostumbrarme otra vez.

Ofrezco una pequeña sonrisa y asiento.

—Sí, soy yo —digo mientras me extiende una tablilla con papeles.

—Esto es para usted, señora.

Solo necesito su firma aquí, aquí y aquí —dice, señalando la tablilla que tiene en las manos.

Después de firmar, se despide y me deja allí de pie, confundida con el paquete en mis manos.

Vuelvo al salón y le lanzo a Ivy una mirada de confusión.

—Es para mí, pero no tengo ni idea de quién ha podido enviarlo —digo, volviendo a acomodarme donde estaba—.

Será mejor que eche un vistazo.

—Sabia decisión —dice Ivy con una risita.

Saco del paquete una caja de tamaño mediano y la abro lentamente.

Ambas nos quedamos boquiabiertas cuando saco un impresionante vestido rojo y un par de tacones elegantes.

Y entonces, en el fondo de la caja, había una nota corta.

«Te quedará precioso, cariño.

Por favor, póntelo para nuestra cita de esta noche.

Dean».

La leo junto a Ivy, y solo entonces una sonrisa de oreja a oreja se dibuja en mi rostro.

El pecho se me hincha de una alegría indescriptible y las mariposas revolotean salvajemente en mi estómago.

Me quedo quieta, recordándome a mí misma cómo respirar.

Dios, ¿qué voy a hacer con este marido mío?

Es, sin duda, mi adicción más dulce y mortal.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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