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Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 166

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166: CAPÍTULO 166 En mi cara 166: CAPÍTULO 166 En mi cara Calvin
—A ver si lo he entendido bien —ladea Christian la cabeza—.

¿No soportas a tu nueva asistente?

—pregunta, frunciendo el ceño, confundido.

—Es irritante y me enfurece —digo entre dientes.

—Pero si nunca has soportado a ninguno de tus anteriores asistentes, ¿a qué viene tanto jaleo?

—dice, poniendo los ojos en blanco.

Sí, la misma pregunta que me hizo Derrick anoche e, incluso ahora, sigo sin poder entender por qué estoy dejando que se me meta en la cabeza.

Llevo el vaso a mis labios y me bebo la mitad del contenido de un trago.

Aprieto el puño a mi lado.

—No lo entiendes —suelto—.

Es como si me estuviera sacando de quicio a propósito, y con esa estúpida sonrisa que suele llevar —se me contrae el rostro al recordar la que me lio en la última reunión, haciendo que los inversores la elogiaran y la adoraran.

Para ella, salvó la situación, pero mi odio hacia ella no hizo más que crecer.

No estoy acostumbrado a que mis empleados intenten encajar, sobre todo mis asistentes; siempre me tienen miedo, todos se acobardan ante mi mera presencia.

Pero esta no.

No le doy miedo, y ni siquiera mi dura fachada le afecta en lo más mínimo, y ese es el puto problema.

—¿Te has fijado en su sonrisa?

—me mira Christian con los ojos muy abiertos—.

¿Prestas atención?

—Le hago una peineta.

—¡No empieces!

Se ríe brevemente.

—¿Te das cuenta de que llevas hablando de esa chica desde que he llegado?

—enarca una ceja.

—¿Y?

—¿Y aun así no crees que es raro?

—me devuelve la pregunta, inclinándose sobre su silla, con sus ojos azul gélido clavados dolorosamente en mí.

Suelto un profundo suspiro.

—Bueno, es que es así de irritante —digo en mi defensa, o de lo contrario Christian se va a burlar de mí toda la noche.

—Excepcionalmente irritante, diría yo; si no, dime por qué mi todopoderoso, malvado y carente de emociones amigo no parece poder dejar de hablar de ella.

—Deja de buscarle tres pies al gato, estoy hablando en serio —gruñí con cara seria—.

Tú siempre estás serio, relájate un poco y deja que la chica haga su trabajo.

—¿Así que yo soy el problemático?

—le digo, poniendo los ojos en blanco, y él niega con la cabeza.

—No pongas palabras en mi boca —dice, levantando las manos, y luego baja la voz—.

Pero, en serio, debería venir a ver a esta chica por mí mismo y quizás así lo entienda mejor —me guiña un ojo y sé lo que eso significa.

—No lo hagas —la palabra se me escapa antes de que pueda contenerme—.

¿Conoces mi regla sobre meterte con mis empleadas?

—suelto, pero conociendo a Christian, sabía que se burlaría de mí; le encanta hacerlo.

Christian sonríe con aire de suficiencia.

—¿Ah, así que ahora la estás protegiendo?

—dice, mientras una sonrisa traviesa se extiende por su rostro.

No puedo decir que no me esperara que dijera eso.

Protegerla mis cojones, lo único que quiero es borrarle esa sonrisita de la cara de una bofetada.

Maldije y me llevé el vaso de whisky a la boca, apurándolo hasta la última gota.

—Haz lo que quieras, entonces.

Él niega con la cabeza, pero no dice nada, solo me observa de cerca con una sonrisita de suficiencia.

—El documento que solicitó, señor.

—Oí la voz que he llegado a odiar tanto en seis meses.

Sí, seis meses.

Es la primera que dura tanto, y eso ha provocado un revuelo silencioso entre el personal.

Y me jode que nada de lo que hago la haga enfadar, y que todavía no he tenido ningún motivo para despedirla.

Levanto la vista y me la encuentro sonriéndome desde arriba, con el documento en la mano.

Y entonces, hice algo que nunca pensé que haría.

Me detuve en sus rasgos, empezando por su brillante y largo pelo castaño miel que caía en rizos sueltos por su espalda, y sus pantalones negros de oficina que estaban literalmente pegados a la parte inferior de su muy curvilíneo cuerpo como una segunda piel.

—¿Señor?

—me llama, y solo entonces me doy cuenta de que me le había quedado mirando.

Me regañé mentalmente al instante, dándome un millón de razones por las que no debería hacerlo.

Y con eso, mi rostro se endurece mientras cojo el documento que me ofrecía.

Apenas lo había ojeado cuando le lancé la carpeta de vuelta.

—¿Qué es esta sarta de estupideces?

—bramo, y veo cómo palidece.

Ah, ¿he olvidado mencionar que he hecho literalmente de todo para frustrarla, pero que aun así se ha mantenido resuelta?

—Pero…

yo lo hice como me indicó, señor —dice, con la mirada clavada en los papeles esparcidos por el suelo.

—¿Y eso es todo lo que se te ha ocurrido?

—espeto, con la voz tensa—.

Si estás cansada de este trabajo, ¿por qué no renuncias?

—rujo, esperando una reacción.

Pero no llega.

Me mira, pero no dice ni una palabra; en su lugar, se agacha y recoge los papeles esparcidos mientras yo la observo con una sonrisa de satisfacción.

Una vez que termina, se levanta y se gira para mirarme de nuevo.

—Lo siento, señor, lo revisaré y se lo traeré de vuelta —dice, con voz baja, pero puedo sentir la frustración tras sus palabras.

—Cinco minutos, tienes cinco minutos para hacerlo —suelto, con voz fría.

Ella asiente y se va, mientras yo me quedo mirando a la nada.

Suspiré y aparté la vista de la puerta, maldiciendo por lo bajo, gruño.

Se veía…

bueno, bien, sexy.

Y odio haberme dado cuenta, no debería haberlo hecho.

Y el hecho de que Derrick y Christian piensen que le presto demasiada atención me estresa de cojones.

¡Pues claro que no!

Simplemente soy observador.

¿Por qué iban a suponer que me gustaría alguien tan irritante como ella?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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