Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 200
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Capítulo 200: CAPÍTULO 200 Afecto sin filtros
Rihanna
Me desperté a la mañana siguiente con un fuerte cólico y una migraña horrible. Esto no tenía nada que ver con la noche anterior, una noche llena de diversión con Lucas, mi nuevo vecino.
Empezamos a hablar unas semanas después de que se mudara; es una persona bastante conversadora. La semana pasada, mencionó un ascenso y yo le había dicho que creía que lo conseguiría, que se lo merecía.
Sorprendentemente, eso le hizo feliz. Dijo que yo era la primera persona que le decía algo así. Después de eso, prometió esperarme con una botella de champán si al final conseguía el ascenso.
Casi lo había olvidado hasta que lo vi en mi puerta anoche.
Lo celebramos con su champán mientras yo escuchaba a Lucas y sus historias.
Después de un rato, dimos por terminada la noche y me sentí más tranquila. Tenía que agradecérselo a Lucas y a sus historias. Ni siquiera me di cuenta de cuándo se desvaneció la ira de mi pecho; lo siguiente que supe fue que me estaba riendo a carcajadas.
Toda esa tranquilidad desapareció en el segundo en que me desperté, con un cólico espantoso. Suelo tener dolores menstruales, pero esto…, esto era insoportable.
Pensé que podría soportarlo y obligarme a ir a trabajar, pero incluso después de tomar un vaso de agua tibia, empeoró.
Suspirando, conseguí enviarle un mensaje a mi jefe, pidiéndole el día libre. Pero una hora después, todavía no había respondido, y Joel tampoco apareció.
No me di cuenta de que me había quedado dormida en el sofá hasta que los fuertes golpes en la puerta me despertaron.
Me removí y estiré el cuerpo, forzándome a levantarme. Cogí el móvil; aún no había ningún mensaje de Calvin. Mirando hacia la puerta, murmuré para mis adentros. ¿Quién podría ser?
El nuevo puesto de Lucas le exigía estar en el trabajo más temprano de lo habitual y nunca había tenido un motivo para llamar a mi puerta a esta hora.
La persona volvió a llamar, lo que me hizo arrastrar el culo hasta la puerta. La abrí de un tirón, esperando ver a cualquier persona menos a él.
Me quedé con la boca abierta mientras miraba fijamente los penetrantes ojos de Calvin Williams.
—Uhm, señor, usted… —tartamudeé, pero me apartó de un empujón y entró pavoneándose, con la mirada recorriendo toda la habitación.
Me parece bastante extraño que haya venido aquí. ¿Será porque le dije que estaba enferma?
Antes de que pudiera ordenar mis pensamientos y preguntarle por qué estaba aquí, espetó con claro veneno: —¿Dónde está él? —dijo, dejándome completamente confundida.
Enarqué las cejas. —¿Eh, quién? —pregunté con los ojos entrecerrados.
Me fulminó con la mirada y el ceño fruncido. —¡El gigoló que te pidió que mintieras sobre estar enferma para poder faltar al trabajo y pasarte el día entero como una puta!
¿Un gigoló? ¿Como una puta? Eso es demasiado extremo.
Lo miré fijamente, furiosa, mientras intentaba averiguar qué había hecho para que me llamara puta, pero no se me ocurría nada.
Se acercó poco a poco, con los ojos nublados por la furia. —¡Déjate de tonterías, Rihanna, y responde la jodida pregunta! —siseó, lanzándome miradas asesinas.
Ya está.
Estallé. No podía quedarme ahí parada viendo cómo me acusaba de forma ridícula. Y ni siquiera estábamos en el trabajo; mis obligaciones con él terminan allí, justo en Cleins. ¡No iba a permitir que me insultara en mi propia casa, por el amor de Dios!
Lo miré, con los ojos encendidos de ira. —No tengo ni idea de lo que habla, pero lo que sí sé es que no tiene ningún derecho a irrumpir aquí, a faltarme el respeto y a lanzar acusaciones como esas —le espeté.
Apenas reprimió un bufido. —Así que vas a quedarte ahí y a mentirme en la cara diciendo que anoche no había ningún hombre en tu puerta, esperando con una botella de champán —escupió, con la voz elevándose ligeramente por un instante.
Oh, espera. ¿Esto es por Lucas?
¿Cómo se ha…? No, olvídalo, la verdadera pregunta es: ¿qué le importa a él? ¿Así que ahora no puedo tener una vida fuera del trabajo porque soy su asistente o qué?
¡Que alguien me lo explique!
Me mira y resopla. —¿Ah, bueno, te ha comido la lengua el gato?
—¡Era mi vecino! —solté, sin saber muy bien por qué sentía la necesidad de aclarar las cosas—. No es que sea asunto suyo, pero a Lucas lo acaban de ascender y quería celebrarlo conmigo. Búsquelo si quiere —dije, sintiendo que el dolor en el abdomen empezaba a afectarme—. Y yo… yo no mentía cuando dije que estaba enferma. Tenía y sigo teniendo un cólico terrible —me quejé, llevando instintivamente la mano al estómago.
Se pellizcó el puente de la nariz, su rostro se volvió inexpresivo y le oí maldecir en voz baja. —Lo siento, no sabía… —No terminó la frase, pues el dolor me golpeó de nuevo e hice una mueca.
Extendió los brazos para sostenerme. —¿Te duele? —Sus ojos me recorrieron de arriba abajo y, como no dije nada, soltó—: Creo que debería llevarte al hospital —dijo, y percibí algo que nunca había visto en sus rasgos: preocupación.
Palidecí al darme cuenta de que realmente parecía preocupado. ¿Por qué? Simplemente no lo entiendo.
Negué con la cabeza y conseguí decir: —No, no es nada grave. Estaré bien después de hoy —solté.
No es el dolor lo que me preocupa, es él. Me está… confundiendo. En un segundo se preocupa, y al siguiente no. Es tan frustrante y lo odio.
Aparté su mano de mi cintura. No quiero que juegue con mi mente, haciendo que me imagine cosas.
Caminé hasta el sofá y me senté. —Creo que debería irse. Puedo cuidarme sola —dije, con un tono firme pero no desagradable.
Sus ojos se quedaron fijos en mí, como si me estudiara de cerca, y luego, sin decirme una palabra más, sacó el móvil y se fue pavoneándose.
Y solo entonces solté un profundo suspiro, sintiéndome menos intranquila.
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