Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 213
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Capítulo 213: CAPÍTULO 213: Antídoto pecaminoso
Calvin
Hice algo para dejar de pensar en Rihanna, pero eso solo avivó mi hambre. Me costó todo de mí no ceder al impulso que me obligaba a impedir que se fuera cuando me lanzó ese adiós.
Suspirando, cogí mi portátil y salí de la oficina, conduciendo directamente a casa. Necesitaba despejar la cabeza. Pero entonces, sobre las nueve menos diez, Christian compartió una noticia sorprendente conmigo por teléfono. —No te vas a creer con quién acabo de ver a Anthony en la Noche Rock.
Fruncí el ceño. ¿Por qué iba a pensar Christian que me interesaría con quién está Anthony o cualquier cosa que le concierna, para el caso?
Dejó de ser mi hermano en el segundo en que robó mi idea y fundó su empresa. No puedo perdonar semejante traición.
A regañadientes, pregunté. —¿Quién? —dije, con aire desinteresado.
—Rihanna, tu asistente con ese culo sexi —replicó.
Al oír que Rihanna, la mujer que había provocado este torrente interminable de emociones en mí, estaba en el club, bailando con un hombre, y no con un hombre cualquiera, sino con Anthony, se me hizo un nudo en el estómago.
La sola idea hizo que la sangre me hirviera de ira.
Por una fracción de segundo, olvidé que Christian seguía ahí hasta que su voz volvió a sonar.
—No es broma, tío, tienes que ver esto —dijo, y colgó. Casi de inmediato, me llegó un vídeo corto.
Con una sensación de hundimiento y la respiración entrecortada, hice clic, y me tensé al ver a Rihanna, bailando tan despreocupadamente, restregándose con fuerza contra él. ¡El idiota la tenía encima, tocando lo que es mío!
Y… su vestido tan corto, que exponía gran parte de sus hermosos muslos y piernas. Y la mitad de su pecho estaba a la vista de todos.
¿Por qué demonios lleva un vestido tan provocativo? ¿Para que todos los hombres la miren boquiabiertos, para impresionar a Anthony? ¿Es eso?
La ira tensó cada músculo de mi cuerpo, apreté los puños, agarrando mi teléfono con más fuerza. Estaba a punto de explotar.
Con ira, incredulidad y otra emoción que apenas podía comprender, salí disparado. —Señor…
—Conduzco yo —le dije a Joel y él asintió, entregándome las llaves del coche.
Normalmente se tarda unos treinta minutos o así en llegar a la Noche Rock, pero yo llegué en quince. Salí del coche y me dirigí a la entrada; no me costó encontrarla.
Allí estaba ella, con ese maldito vestido, tan cerca de ese gilipollas que podrían besarse fácilmente desde el ángulo en que su cuerpo estaba contra el de él.
Parecía tan cómoda con él, hablando y sonriendo como si se conocieran de toda la vida… Le sonreía abiertamente, mientras que lo que yo había recibido todo el día era todo lo contrario.
¿Cómo podía dejar que un tipo al que apenas conoce la tocara de esa manera?
¿Y el imbécil? Veo la forma en que sus ojos están fijos en ella, como si no pudiera esperar a cenársela. ¡Puedo decir, con solo mirarlo, que la desea!
Una sensación tan aguda y punzante me golpeó directamente en las entrañas; es tan intensa que arde mucho más que la ira y la decepción que siento.
¿Celos?
Sin pensarlo ni un jodido segundo, mis piernas se movieron, caminando furiosamente hacia ellos, incapaz de controlarme.
Hice lo que cualquier otro hombre habría hecho en esa situación. La aparté de él de un tirón y la saqué de allí a rastras.
Estaba tan cabreado. Tenía tantas cosas que decirle.
Quería regañarla, cantarle las cuarenta por ser tan imprudente.
Lo hice, pero me detuve en el momento en que me hizo esa pregunta. —¿Por qué demonios te importa?
Fue en ese momento cuando caí en la cuenta. ¿Por qué?
Me hice la misma pregunta, dándome cuenta de lo que había estado haciendo todo el tiempo. Estaba actuando como un novio celoso y perdidamente enamorado cuando ni siquiera somos nada.
Dios, estoy jodido. Ahora sé que me he enamorado de ella, profunda e irremediablemente, y no se podía negar.
No puedo seguir engañándome a mí mismo.
¿Y lo que es más? Perdí contra Christian.
Alcé la vista hacia esos preciosos ojos de ensueño y perdí todo puto sentido de control, toda resistencia.
Llevaba queriendo hacer esto desde siempre.
Al segundo siguiente, la atraje hacia mí y reclamé sus labios, besándola con fuerza y desesperación. Estaba perdiendo la puta cabeza y ella era el antídoto.
Me di cuenta de que se quedó helada, sorprendida por el beso, pero no me apartó; pude oír su gemido contra mis labios.
Pero entonces la cortarollos de Edith lo arruinó.
Maldije, la acomodé en el sofá y me aparté de ella.
Me giré hacia Edith, que parecía alterada después de ver eso. —Límpiala y asegúrate de que esté cómoda. Volveré a ver cómo está —dije, notando el bulto en mis pantalones.
Dios, va a ser una noche jodidamente larga.
Suspirando, me alejé, sin volver a mirar a Rihanna.
¿La pura verdad? Quiero hacer más que besarla, follármela hasta dejarla sin sentido, castigarla por dejar que otro hombre la tocara así, por volverme tan loco…, pero no puedo. Está borracha y la quiero sobria cuando la posea en cada rincón de esta casa.
Ethan
Dije que iba a ir con todo y lo decía en serio. He investigado, y Ivy no es realmente una extrovertida, pero tampoco suele estar encerrada en su casa todo el día como yo pensaba.
Investigué más y descubrí que tenía una cafetería favorita a la que suele ir, no con mucha frecuencia entre semana, pero sí muy a menudo los fines de semana.
Deja a Aria en sus clases y se detiene allí; se queda como máximo media hora o una hora.
Apenas habla con la gente, no tiene un vecino favorito, lo que hace que ganármela sea aún más difícil.
El único lugar que visita es Bella’s y no es que ocurra muy a menudo; la mayoría de las veces envía a Aria.
Intenté averiguar a través de mi madre si sabía un par de cosas sobre Ivy sin que sospechara nada, pero la verdad es que no sabe. Lo único que sabe, aparte de su nombre, es que es una madre soltera que quería tener un bebé por su cuenta.
Al parecer, el padre de su bebé no está en el panorama. No creo haber recibido nunca una noticia con tanto agrado como esa.
No he visto a ningún hombre cerca de ella, aparte del idiota que intentó acosarla la otra vez. Después de ese incidente, di por sentado que era el padre de Aria. Pero saber que no está activamente en sus vidas me hace sentir mucho más tranquilo.
Afortunadamente, ella tampoco ha descubierto que la presidenta es mi madre, lo que hace que trabajar y pretenderla sea un poco menos inalcanzable.
La puerta de la oficina se abre y Grayson entra, interrumpiendo mis pensamientos. —El archivo que solicitaste —dice, dejándolo sobre mi escritorio.
—¿Grayson? —lo llamé, y me miró con una ceja arqueada—. El edificio de al lado del de Ivy sigue vacío, ¿verdad?
Él asiente. —Sí, pero tenemos una compradora interesada, la llevarán a una inspección a finales de esta semana —revela.
Lo despido con un gesto. —No habrá necesidad de eso —digo con firmeza. Las cejas de Grayson se alzan en señal de pregunta, pero yo fui más rápido.
—Me mudaré allí pasado mañana —dije sin más.
Grayson me lanza una mirada elocuente, pero asiente de todos modos. —De acuerdo, señor, entonces la llevaremos a otro lugar —dice, bajando la voz—. ¿Necesita ayuda con la mudanza?
—No, yo me encargo —le digo—. ¿Cuándo es la próxima reunión con la señorita Reynolds? —El jueves que viene a las 2 p. m.
—De acuerdo, la reunión debería programarse en un restaurante chino —replico. Descubrí que a Ivy le encanta la comida china.
Me dedica un educado asentimiento y se va.
Me hundo en mi silla giratoria y reflexiono. Sabía que si quería llegar a Ivy, tenía que tomarme las cosas con calma e ir poco a poco.
Necesito que confíe en mí, y siento que su hostilidad hacia mí no se debe solo a que no le guste como persona, es algo más profundo.
Quizá son los hombres los que no le gustan. En su bufete y su empresa, la mayoría de sus trabajadoras son mujeres, y los hombres que hay allí son siempre mucho mayores.
Me deja pensando: ¿le habrá roto el corazón un hombre?
Dejo escapar un profundo suspiro. Si es eso, entonces va a ser difícil para mí, un hombre que ha roto incontables corazones.
Tengo una clara reputación de ser un mujeriego; joder, me he acostado con chicas de las que ni siquiera recuerdo sus caras. Algo que encontraba emocionante y aventurero ahora se ha vuelto en mi contra para pasarme factura.
¿Qué tan difícil será convencerla de que he dejado atrás esa vida y que fue por ella? ¿Que después de aquella noche con ella, no pude follarme a ninguna otra mujer en tres años?
¿Que era en lo único que podía pensar? Exhalé un suspiro.
¿Me creería si yo fuera ella?
No estoy seguro de que lo haría, pero tengo que encontrar una manera de redimirme.
Me mudé como dije que haría. Quería vigilarla de cerca, estar cerca de ella, de ellas; quizá así vería que no tengo malas intenciones.
No he hecho nada exactamente para desacreditarme.
Ha pasado un día y no la he visto, bueno, no hasta la mañana siguiente.
Lleva puesto este vestido elegante, tomada de la mano de Aria mientras la guía hacia el coche.
Dudé sobre si presentarme o no como su nuevo vecino. Quiero decir, de todos modos está destinada a descubrirlo.
Esperé a que ayudara a Aria a entrar en el coche y cerrara la puerta antes de acercarme un poco más.
—Hola —digo con una cálida sonrisa, de pie detrás de su coche. Estoy seguro de que Aria no se ha dado cuenta de mi presencia y, al ver la cara de sorpresa de Ivy, supuse que ella tampoco querría eso, así que mantengo la voz baja.
—¿Por… por qué estás… aquí? —Su voz es baja, casi un susurro, mientras mira a Aria por la ventanilla del coche. La pequeña e inteligente niña tiene los ojos en un libro y ni siquiera se ha dado cuenta de nada. Genial.
Me vuelvo hacia Ivy con la misma cálida sonrisa. —Solo quería…
Me interrumpe a medio camino. —Tomaré acciones legales si sigues acosándome. No me importa si somos socios de negocios —espeta, con la voz apenas audible. Y es casi para reírse, porque sigue diciendo eso y al final no hace nada.
—No te estoy acosando, Ivy. Vivo aquí, solo quería saludarte y… por favor, no seas demasiado dura con este nuevo vecino —le digo y veo cómo se le va el color de la cara.
Durante unos segundos, se me queda mirando como si acabara de soltar un chiste malísimo.
Abre la boca para decir algo, pero la cierra de golpe. Cuando la volvió a abrir, yo fui más rápido.
Miro mi reloj y replico. —Tengo que irme, tengo una reunión en diez minutos. Por favor, dale mis saludos a Aria. Que tengas un buen día, vecina. —Hay una sonrisa en mi voz mientras digo esto e Ivy está demasiado atónita como para responder.
Le dedico una sonrisa aún más amplia y, con eso, le doy la espalda y me alejo. Seguro que se acostumbrará a verme todos los días. De verdad espero que esto funcione.
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