Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 47
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47: CAPÍTULO 47 Su elección, no la mía 47: CAPÍTULO 47 Su elección, no la mía Bella
—Muy bien, Sr.
Alfred, será un placer hacer negocios con usted —dijo Cynthia, extendiendo la mano hacia nuestro nuevo cliente.
Asiento con una sonrisa, aparentemente satisfecha con el resultado de la reunión.
—El placer es todo mío —responde el Sr.
Alfred con una sonrisa, tomándole la mano.
En cuanto sale de la sala, me giro hacia Cynthia y le ofrezco una cálida sonrisa.
—Lo has hecho genial —le digo.
—Gracias —dice ella con tono displicente, cogiendo su tableta para marcharse.
He notado que Cynthia ya no es tan fría conmigo como solía ser, y eso es un alivio.
Ahora podemos coexistir como compañeras de trabajo sin resentimientos.
La cuestión es que ese día no respondió a mi pregunta.
A diferencia de la Cynthia que tan bien conozco, no intentó rebatirme; simplemente se marchó, no sin que antes viera un destello en su mirada, lo que sugiere que, después de todo, puede que yo tuviera razón.
~~
Paso la tarjeta de acceso y entro en mi despacho.
La reunión ha sido una grata distracción para mi mente, que no paraba de darle vueltas a todo.
El peso de las palabras de Dean vuelve a abrumarme mientras me dejo caer en la silla.
Mi mente entra en una espiral mientras sus palabras resuenan en mi cabeza una y otra vez.
~~~
Flashback de hace dos horas.
—¡Claro que sí!
Sigues casada conmigo —espetó, con una frustración que empezaba a notarse en su voz.
Sus palabras me pillaron por sorpresa y, por un segundo, me quedé helada.
Pero me recuperé rápidamente y respondí con los ojos como platos.
—¿Que estamos…
que estamos qué?
—Mis palabras salieron entre tartamudeos, mientras luchaba por articularlas.
Me clavó la mirada, con una expresión en su rostro que no supe identificar.
—¿Me has oído?
¡Seguimos casados!
—¡Te has vuelto loco, Dean, y ni siquiera lo sabes!
—escupí, con la voz tensa y claramente irritada, mientras me daba la vuelta para irme, buscando la puerta de mi coche.
Pero nada me preparó para sus siguientes palabras.
—No he firmado los papeles del divorcio, seguimos legalmente casados —dijo bruscamente, en un tono casual, pero con un matiz, una mezcla de algo que aún no lograba descifrar.
Y por un momento, me quedé como clavada en el suelo, incapaz de asimilar lo que acababa de decir, de procesarlo.
Lentamente, me volví para mirarlo y vi esa expresión en su rostro, con las cejas completamente fruncidas.
La revelación me golpeó como un tren de mercancías.
«¿No ha firmado los papeles del divorcio?», repito en mi mente.
Todos los nervios de mi cuerpo gritan: ¿por qué?
Pero no se lo pregunto.
Necesito alejarme de aquí, de esta conversación, de él.
Sé que probablemente debería alegrarme al oír esto, pero en lugar de eso estoy cabreada, muy cabreada.
Lo que más me saca de quicio es la forma condescendiente en que lo dijo.
Está ahí de pie, mirándome como si me hubiera hecho un favor enorme, como si probablemente esperara que le diera un abrazo o algo así.
Como si debiera estarle agradecida por no haberse divorciado oficialmente de esta esposa infiel.
Pero necesito que sepa esto.
Realmente no me importa cuál fuera su motivo.
Lo nuestro se acabó en el momento en que me demostró lo poco que pensaba de mí, lo que de verdad sentía por mí, en el momento en que decidió creer todas esas mentiras en lugar de a mí.
Ahora, la expresión de asombro de mi cara ha desaparecido, reemplazada por una mirada indiferente.
—Yo firmé esos malditos papeles, Dean.
Si tú aún no has hecho tu parte, ¡es problema tuyo!
No me importa, lo nuestro se acabó hace mucho —espeté y me metí en el coche, cerrándole la puerta en las narices.
Qué tontería.
Fin del flashback.
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Si hay algo que sé sobre Dean es que no bromea con cosas como esta.
Si dijo que no ha firmado los papeles del divorcio, entonces no lo ha hecho.
Pero, ¿por qué?
Él sacó el tema del divorcio y ahora todavía no…
Mi mente trabaja a toda marcha.
¿Lo sabe Judy?
¿Y si usa esto en mi contra?
Sacudo la cabeza para desechar la idea.
No me importa.
Hemos terminado.
Sean cuales sean sus razones, ese es su problema, no el mío.
Unos suaves golpes en la puerta me sacan de mi ensimismamiento.
Levanto la vista y, para mi sorpresa, entra Calvin.
—¿Calvin?
—lo llamo, con las cejas arqueadas.
Él sonríe mientras se acerca.
—No volvías hasta mañana —le recuerdo, con la mirada fija en él.
Estoy muy sorprendida de verlo.
Hablamos anoche y no lo mencionó.
Su sonrisa se ensancha.
—Digamos que quería darte una sorpresa.
—Si ese es el caso, entonces lo has conseguido.
Estoy bastante sorprendida —replico, logrando esbozar una pequeña sonrisa—.
Por favor, siéntate.
Diría que Calvin ha llegado justo a tiempo.
Realmente necesito detener todos estos pensamientos intrusivos, aunque dudo que lo consiga.
Pero que esté aquí es justo lo que necesitaba en este momento.
Se acomoda en la silla justo frente a mí, sin quitarme los ojos de encima.
Mi sonrisa se ensancha.
—Bienvenido de nuevo, Calvin.
La oficina no ha sido la misma sin ti por aquí —le digo con sinceridad.
Él sonríe de oreja a oreja.
—Ya estoy aquí —replica, y luego arruga el ceño al mirarme—.
¿Cómo has estado, de verdad?
—pregunta, y sé que tiene a Dean en mente cuando lo hace.
Considero contárselo, pero antes de que pueda hacerlo, mi teléfono vibra sobre la mesa.
La pantalla se ilumina con un mensaje, desviando mi atención hacia él.
Echo un vistazo; es un mensaje de un número desconocido.
Miro a Calvin y luego de nuevo a mi teléfono antes de tocar la pantalla.
Número desconocido: ¡Zorra!
Quieres arruinármelo todo, ¿verdad?
Dean es mío, así que aléjate de él.
Te juro que si no lo haces, iré a por ti y a por todo lo que te importa.
Me pongo de los nervios al leer esto.
Ashley.
Su nombre se me escapa de los labios.
¿Cómo demonios consiguió mi número?
Esto me da muy mala espina.
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