Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 57
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- Capítulo 57 - 57 CAPÍTULO 57 Detrás de la máscara
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57: CAPÍTULO 57 Detrás de la máscara 57: CAPÍTULO 57 Detrás de la máscara Dean
Así que es la tarde de Viernes, el día que Ashley había pedido venir a mi casa para aclarar las cosas.
Personalmente, me había preparado para esta noche, porque algo muy dentro de mí me dice que Ashley no puede aceptar un rechazo sin más, su respuesta casi suena como si hubiera segundas intenciones detrás.
Bueno, esta noche lo sabría.
—Está todo listo —dice Ethan, su voz interrumpiendo mis pensamientos.
Doy un sorbo rápido a mi bebida antes de girarme hacia él.
—Gracias, amigo —digo con sinceridad, y casi como si fuera una señal, suena el timbre.
Ethan y yo cruzamos una mirada; él esboza una sonrisa socarrona mientras se encoge de hombros y se acomoda en el sofá.
—Supongo que es la hora —digo con una sonrisa maliciosa, alzando mi copa de vino.
La bajo con cuidado y salgo de la habitación de invitados para abrir la puerta.
Llego a la puerta y echo un vistazo rápido por la mirilla.
Ashley está ahí de pie, con una botella de champán en la mano.
Sin dudarlo más, giro el pomo y abro la puerta, dejando ver a Ashley.
Su rostro esboza una sonrisa falsa, una que oculta su verdadera intención.
—Ofrenda de paz —dice, alzando la botella de champán mientras su sonrisa se ensancha.
Para seguirle el juego, dejo que una sonrisa se dibuje en la comisura de mis labios, asegurándome de que no parezca forzada.
—Adelante —digo con tono tranquilo, haciéndome a un lado para dejarla pasar.
Entra con paso seguro, sus ojos explorando el lugar con rapidez, y luego ambos nos dirigimos al salón.
Nos acomodamos en el sofá, sentados uno frente al otro.
Se hace un silencio tenso, pero dura poco, porque ella baja la botella de champán y frunce el ceño hacia mí.
—Mira, Dean —dice, su voz rompiendo el silencio—.
He aceptado tu decisión, de verdad que no pasa nada si ya no quieres que estemos juntos, ¿pero podemos al menos no ser enemigos?
—pregunta sin apartar sus ojos de mí.
Esta no parece Ashley en absoluto.
No es muy buena actriz.
Miro su rostro expectante y fuerzo una sonrisa.
—Claro.
Gracias por comprenderlo —le sigo el juego, con voz firme.
—Pero si me permites un consejo, por favor, no vuelvas a ser víctima del engaño de Bella —soltó de repente, bajando la voz—.
No olvides lo que te hizo.
No dejes que su cara bonita te engañe.
Solo te cuido de la mejor forma que puedo —dice y, al notar mi silencio, añade—: como amiga.
Imito su falsa preocupación, el tic nervioso que tiene mientras echa pestes sobre Bella.
La verdad es que sigo sin entender por qué tiene tanto que decir sobre Bella.
Es extraño, sobre todo porque solían ser las mejores amigas; casi parece que le guarda un rencor personal.
Y ahora, dudo que alguna vez haya sido leal a su amistad.
Entiendo que no apoye los turbios asuntos de Bella, pero sus puyas a veces me suenan raras, como si provinieran del rencor más que de la preocupación.
Y lo que es peor, está haciendo lo mismo por lo que delató a Bella.
Es que no lo entiendo.
A pesar de mis conflictos internos, asiento, luchando por mantener la sonrisa.
—Lo tendré en cuenta —le digo, pero mi voz no suena firme.
—Vale, entonces.
¿Qué tal si brindamos por la amistad?
—dice, señalando la botella de champán.
Su sonrisa se ensancha mientras clava su mirada en mí.
Asiento de nuevo.
—Claro.
Iré a por unas copas —le digo, poniéndome de pie.
Regreso con dos copas y ella nos sirve de beber.
De repente, mi teléfono vibra y lo saco del bolsillo.
Miro a Ashley y le digo: —Perdona, tengo que coger esta llamada.
—Claro, adelante —dice con una sonrisa, su voz tranquila.
Contesto la llamada, me levanto y me alejo un poco, hasta quedar fuera de su vista.
Me tomo mi tiempo y, cuando llega el mensaje de Ethan, empiezo a volver al salón y, tal como estaba planeado, suena el timbre.
—¿Puedes abrir la puerta, por favor?
—le pido en voz baja, con el teléfono todavía pegado a la oreja—.
Debe de ser el repartidor, he pedido pizza —añado, asegurándome de que mi voz suene lo más convincente posible.
Veo cómo se le iluminan los ojos poco a poco y chilla de alegría.
—¿Mi favorita, te acuerdas?
—Sonrío—.
Por supuesto que sí.
En cuanto sale del salón, me guardo rápidamente el teléfono y cambio las copas.
Acto seguido, me acomodo de nuevo en el sofá y doy un sorbo a mi copa.
Me lanza una mirada al volver con la pizza y se acomoda en el sofá, pero no sin que yo alcance a ver una sonrisa triunfante en su rostro, que desaparece tan rápido como ha aparecido.
La observo mientras coge la copa, se la lleva a la boca y da un sorbo, y luego otro, y otro más.
Me limito a mirarla fijamente, profundamente irritado, pero mantengo la compostura.
Ahora, a ver qué hay detrás de esa máscara de fingimiento.
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