Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 72
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72: CAPÍTULO 72 ¿Quién podrá ser?
72: CAPÍTULO 72 ¿Quién podrá ser?
Bella
Miro mi reloj de pulsera y me vuelvo hacia Anne.
—Por favor, haz que bajen a cenar, Tío Calvin debería llegar en cualquier momento —digo mientras ponemos la mesa.
Anne deja los platos y se limpia las manos.
—De acuerdo —masculla antes de salir del salón para seguir las instrucciones.
—Buenas noches, mami —saludó Jasmine alegremente mientras se acercaban a la mesa del comedor, pero noté que Javier tenía un aspecto sombrío incluso después de saludar.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro.
—Buenas noches, pequeños.
He preparado lasaña, ¿os gusta, verdad?
—dije radiante, con una mirada cálida mientras se acercaban.
—¡Yupi!
—chilló Jasmine, con los ojos muy abiertos por la emoción, pero Javier permaneció en silencio, con la mirada fija en el suelo.
Me he dado cuenta de que ha estado callado desde ayer y, cuando por fin habla, casi siempre es con Jasmine.
Al principio, no le di mucha importancia, pero ahora, que no muestre ni una pizca de emoción al oír que he preparado lasaña confirma mi sospecha.
Javier comería lasaña a cualquier hora y cualquier día; es uno de sus platos favoritos y me ha estado insistiendo para que la preparara.
Definitivamente, algo le pasa.
Y no puedo evitar preocuparme.
Pero, por suerte, tengo tiempo de sobra para hacer que hable.
Así que mantengo la sonrisa y me acerco para ayudarles a subir a sus sillas, pero antes de que pudiera llegar hasta él, ya se ha subido a la suya y se ha acomodado con facilidad.
Miro a Jav, y parece estar muy enfurruñado.
—Oye, cariño, ¿qué pasa?
¿No quieres lasaña?
—le digo, arqueando las cejas con aire interrogante.
Como respuesta, se limita a encogerse de hombros, evitando mi mirada.
—Mami, ¿qué le pasa a Javier?
—pregunta Jasmine con expresión preocupada.
Suspiro, con los ojos clavados en Jav.
—No lo sé, cariño —confieso, devanándome los sesos sobre cuál podría ser el problema—.
Ni siquiera quiere mirarme.
Al darme cuenta de que soy quien mejor conoce a mi hijo, me inclino hacia él, acariciándole las mejillas con suavidad.
—¿Qué pasa, mi niño, habla con mami, vale?
—lo animo, con la sincera esperanza de que coopere.
Lentamente, se vuelve para encontrarse con mi mirada, y veo cómo su expresión decae.
—No le has pedido perdón al señor guapo —dice haciendo un puchero.
Vaya, ¿así que esto es por Dean otra vez?
Por un momento pensé que lo olvidarían; al fin y al cabo, son niños, y los niños tienden a olvidar estas cosas.
Pero no mis pequeños, ellos están bastante intrigados por Dean, incluso sin que él se lo proponga.
Lo miro, irguiéndome con firmeza.
—Sí que lo he hecho, cariño.
Incluso le di las gracias por salvarte —explico con sinceridad, aunque en un tono suave.
Jasmine ladea la cabeza.
—¿Entonces por qué no quiere ser nuestro amigo?
—pregunta, arqueando sus pequeñas cejas con asombro.
Trago saliva.
Es que no lo entiendo, ¿por qué querrían ser amigos de alguien a quien realmente no conocen?
—¿No quiere ser nuestro amigo?
—pregunta Javier a la vez que su hermana, con sus ojos curiosos fijos en mí.
Anne regresa de la cocina con unos vasos en la mano, me lanza una mirada preocupada y luego la desvía.
Vuelvo a mirar sus rostros expectantes y me encojo de hombros.
—Mirad, pequeños, por supuesto que querrá.
Pero es un adulto, y estoy segura de que tiene otras cosas que hacer —explico.
Javier frunce el ceño.
—Pero yo quiero que lo sea, me cae bien —dice con un puchero.
Mi corazón da un vuelco al oír eso.
Veo el profundo anhelo en sus ojos, en los de ambos, y eso me encoge el corazón.
Respiro hondo y respondo: —Lo sé, ya veremos.
Pero ¿sabes que mami puede ser tu amiga ahora y para siempre?
—replico, sosteniéndole la mirada, esperando que esto funcione.
Asienten lentamente.
No sé si ha funcionado, pero veo que se les caen un poco los hombros.
Esbozando una pequeña sonrisa, le digo a Javier: —Venga, anímate y regálale una sonrisa a mami.
Él me mira y su rostro se ilumina con una cálida sonrisa, lo que me tranquiliza.
—Eso es, mi niño bueno —murmuro, dándoles un besito en la mejilla a ambos.
—Me encanta, mami.
—Los ojos de Javier se abren como platos de repente.
—¿Eh?
—exclamo, poniendo los ojos en blanco.
—La lasaña —la señala—.
Siento haber sido borde antes —dice con una mirada de disculpa, agachando la cabeza.
Se me escapa una risita.
—Disculpas aceptadas, cariño —le sonrío, alborotándole el pelo mientras Jasmine nos mira con una amplia sonrisa.
—El Tío Calvin no tardará en llegar —revelo, sentándome en una silla junto a ellos y, casi como si fuera una señal, llaman a la puerta.
Anne se apresura a abrir y, poco después, Calvin entra, elegantísimo con sus vaqueros y su camisa de mangas ligeramente remangadas.
—¡Tío Calvin!
—chillan Javier y Jasmine desde sus sillas, con los ojos chispeantes mientras Calvin se acerca a ellos con una gran sonrisa.
Se inclina hacia delante, poniéndose a su altura.
—¿Cómo están mis calabacitas?
—les sonríe de oreja a oreja.
—Bien, Tío Calvin —dicen a coro—.
Pinté un árbol en el colegio y la profesora Jane dijo que lo había hecho muy bien —presume Javier radiante.
La sonrisa de Calvin se ensancha.
—Bien hecho, Jav —le dice, chocando los cinco.
Yo suelto una risita mientras los observo.
La mirada de Calvin se posa en mí.
—Gracias por invitarme —dice, sentándose justo enfrente.
—El placer es todo mío, Calvin —respondo con una cálida sonrisa—.
A comer.
*—Buenas noches, Tío Calvin —dicen Jav y Jas cuando acaba la cena.
—Que durmáis bien, pequeñines —responde con una sonrisa antes de que Anne los acompañe arriba.
Acompaño a Calvin hasta la puerta, metiéndome sutilmente con él por no haber podido con la ración extra de comida como había presumido.
—Buenas noches, Calvin —digo, tan pronto como cruza el umbral.
—Gracias de nuevo, Bella.
Me lo he pasado genial —responde, clavando su mirada en la mía con una intensidad que me pilla por sorpresa.
—Nos vemos el Lunes, Calvin —digo deprisa, en un intento de disipar la tensión que empieza a acumularse.
Asiente lentamente, dedicándome una sonrisa vacilante antes de darme la espalda.
Lo observo hasta que se pierde de vista.
Suelto el aire que no me había dado cuenta de que estaba conteniendo antes de cerrar la puerta.
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