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Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 92

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92: CAPÍTULO 92 Un agravio de más 92: CAPÍTULO 92 Un agravio de más Bella
Observo cómo mis hijos saltan sobre Dean, contándole todo sobre su día en la escuela, mostrándole dibujos y, por no mencionar, a Jasmine sacando el tema de Blossom tal y como dijo que haría.

Nada me desconcierta más que lo cómodos que parecían a su lado; es como si lo conocieran de toda la vida.

¿Y Dean?

Parecía estar disfrutando cada segundo.

Su sonrisa no ha abandonado su rostro desde que cruzó esa puerta.

Intenté por todos los medios evitar su mirada, solo hablaba cuando me hablaban y, por supuesto, mis hijos superhiperactivos no me lo pusieron nada fácil, haciendo constantemente que hablara con Dean.

De vez en cuando, una sonrisa se dibujaba en mi rostro al ver a Dean con los niños, pero ponía cara de póquer cada vez que su mirada se desviaba hacia mí.

Mis hijos sonreían mucho; tenían una enorme y radiante sonrisa en sus caras.

Miré a Jav y a mi hijo le brillaban los ojos mientras miraba a Dean con tanta admiración; tenía una amplia sonrisa pegada a la cara todo el tiempo.

Se sentía tan bien verlos así de felices y, sin embargo, la inquietud se instalaba en la boca de mi estómago, y sé por qué.

Pero no puedo negar que verlos se sentía correcto, más que cualquier otra cosa en mucho tiempo.

A pesar de mis intentos por parecer indiferente y despreocupada, no pude evitar que mi sonrisa se extendiera.

Me di cuenta de lo mucho que disfrutaba viéndolos.

Los tres formaban la imagen más perfecta; hizo que mi corazón se hinchara en mi pecho, aunque mi miedo aún persistía.

Pasé un buen rato mirándolos, pero luego pensé en mantenerme ocupada mientras les permitía tener su momento.

Cogí mi portátil y empecé a enviar correos de seguimiento a algunos clientes.

Pero mientras estaba profundamente inmersa en el trabajo, no pude evitar sentir la mirada ardiente de alguien quemándome la espalda.

Sabía que era Dean y no me atreví a mirarlo.

Lo ignoré, centrando toda mi atención en mi trabajo hasta que…?

—¿Señor Dean?

—lo llama Jasmine—.

¿Puede leernos un cuento para dormir?

Me detengo y me giro para mirarlos.

No estaba segura de qué expresión tenía, pero fuera la que fuera, hizo que Dean tartamudeara, con la mirada en cualquier parte menos en mí, como si pidiera permiso en silencio.

Por supuesto que debería habérmelo esperado, viendo lo emocionados que estaban por su visita.

Era de esperar de mi pequeña princesa, pero aun así no me sentó muy bien.

Vale, admito que últimamente he estado demasiado cansada para leerles cuentos como solía hacer, pero Anne siempre me ayuda con eso.

Y nunca se han quejado, ¿o quizá solo estoy exagerando?

Pedirle a Dean que les leyera un cuento no era nada, ¿verdad?

—¿Señor Dean?

—lo llama Javier, y Dean desvía rápidamente la mirada hacia ellos.

Tomé una brusca bocanada de aire, mi cuerpo entero gritándome que estaba bien permitírselo.

—Está bien.

Puedes hacerlo si quieres —solté, con los ojos fijos en mi portátil.

—¿Ves?

Mami ha dicho que puedes.

¿Y bien?

—dice Jasmine.

Apuesto a que revoloteó las pestañas mientras esperaba su respuesta.

La respuesta de Dean no se hizo esperar.

—Por supuesto…, claro que me encantaría —responde, ganándose una risita de los gemelos.

Solté un bufido.

Sinceramente, no sé qué decir al respecto.

Con mis hijos, siempre hay un desvío imprevisto.

Bueno, aunque no estuviera planeado, Javier y Jasmine literalmente arrastraron a Dean a la mesa del comedor y le pidieron que se uniera a nosotros para cenar.

Vale, quizá no lo arrastraron, pero es imposible que les hubiera dicho que no a esos adorables chiquitines míos.

Parece que le tienen aún más cariño de lo que pensaba.

¿Qué puedo decir?

A Javier le cayó bien desde el segundo en que le dijo «hola» en el centro comercial.

Una hora más o menos después de la cena, Dean estaba exactamente donde le habían pedido que estuviera: en su habitación, leyéndoles un cuento para dormir.

Decidí ir a ver cómo estaban y, cuando abrí la puerta de la habitación de Jav, Dean estaba arropándolos con una manta sobre sus pequeños cuerpos, depositando suavemente un beso en sus frentes.

Se acerca a mí en silencio.

—Están dormidos —dice con voz ahogada—.

Apagué la luz, no estaba seguro de si debía dejarla encendida.

—Así está bien, gracias —digo, evitando el contacto visual sin saber muy bien por qué.

Cerró la puerta y yo di un paso atrás, dándome la vuelta para irme, pero entonces oí que me llamaba.

Dudé si debía detenerme.

No lo hice.

Lo ignoré por completo; su trabajo aquí había terminado, de todos modos.

—Bella —me llama, agarrándome suavemente del brazo para que me detenga, y lo hice.

Me giro, lanzándole una mirada feroz.

—¿Qué?

—gruñí con irritación evidente, y vi cómo tragaba saliva.

Suspiró hondo, pasándose una mano por el pelo.

—No puedes seguir evitándome así —dice con frustración.

Mis labios se curvaron en una breve sonrisa burlona que se desvaneció en un abrir y cerrar de ojos.

—Oh, claro que puedo, y lo haré.

Me sostiene la mirada un segundo más y entonces su rostro se descompone.

—Lo siento —suelta, para mi gran sorpresa—.

Sé que me lo merezco, pero…, ¿por favor?

—Su voz es baja y tensa.

Casi resoplé.

—Estás aquí solo porque mis hijos querían que vinieras, no tientes a la suerte —espeté, con tono firme.

Su expresión vacila con profundo arrepentimiento y da un cauteloso paso adelante.

—Sé que fui un completo idiota, te hice daño, pero fue todo por la ira; las fotos, las pastillas, todo me confundió la cabeza.

Sé que no es una excusa por actuar como lo hice, pero, por favor, dame una oportunidad para arreglar esto…

—No, Dean.

¡La única oportunidad que tendrás es la de largarte de mi puta casa!

—me burlé, claramente irritada.

Guarda silencio un segundo, con los ojos fijos en mí, y luego da un paso atrás.

—Tengo una petición, y por favor, escúchame —murmura, con la voz ligeramente estrangulada.

Lo miro de arriba abajo, preguntándome cómo diablos se le ocurre pensar que tengo tiempo para escuchar a saber qué.

—Sé que probablemente no debería preguntar esto ahora, pero…

eh…

¿podrías por favor explicarme lo que no quise escuchar ese día?

Parpadeo.

Al menos, eso creí haber hecho.

Decir que me quedé de piedra sería quedarse corto.

¿En serio?

No.

¡Tiene que estar bromeando!

Mi sorpresa inicial duró un segundo o dos y luego toda emoción que sentí fue engullida por la irritación.

Mi cuerpo entero se tensó, con la furia aflorando a la superficie.

—La única explicación que necesitas es la de tu madre y tu queridísima novia.

Yo no te debo ninguna, así que lárgate —exhalé, con la irritación filtrándose por cada poro de mi cuerpo.

Enojada, le di la espalda y no me atreví a mirar atrás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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