Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer - Capítulo 98
- Inicio
- Divorcio por error: Reconquistando a mi exmujer
- Capítulo 98 - 98 CAPÍTULO 98 Una bomba de tiempo
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
98: CAPÍTULO 98 Una bomba de tiempo 98: CAPÍTULO 98 Una bomba de tiempo Ashley
Aprieto el móvil con más fuerza mientras me bajo del coche, y Kendra intenta alcanzarme a toda prisa.
Camino de un lado a otro por la entrada, marcando el número de Judy; suena, pero no hay respuesta.
Aprieto el puño contra el móvil, sintiendo cómo me hierve la sangre.
Ha estado ignorando mis llamadas desde anoche.
Sorprendentemente, Dean nos delató a Raymond y a mí, y a nuestra pequeña indiscreción.
Sinceramente, no me lo vi venir.
Así que podéis imaginar mi sorpresa cuando reveló que lo había sabido todo el tiempo.
Fue, bueno…
Pero Judy se está comportando de forma ridícula, como si yo hubiera hecho la mitad de lo que he hecho por mi cuenta.
¡Así que debería afrontarlo y dejar de actuar como una maldita santa!
No me importa lo que piense.
Puede fingir que me odia, pero ella sabe tan bien como yo que está metida en esto conmigo.
Si yo caigo, ten por seguro que la arrastraré conmigo.
Camino de un lado a otro.
Por mucho que me haya convencido de que Judy me necesita pase lo que pase, aún puedo sentir una pizca de inquietud en mi interior.
—¡Coge el puto teléfono!
—maldigo, sintiendo cómo la ira sube a la superficie.
—Hola, dulzura —oigo una voz familiar a mis espaldas, y me giro furiosa para ver al idiota que tuvo la audacia de amenazar a Dean.
Romeo.
Tiene esa sonrisa arrogante y molesta en la cara mientras se acerca a mí, como si el lugar fuera suyo.
¡Maldito cabrón!
Me muero de ganas de borrarle esa sonrisita de su estúpida cara y eso es exactamente lo que hago.
Doy unos pasos hacia delante y le planto una sonora bofetada en su cara de suficiencia.
—Eres un pedazo de mierda inútil —bufo, con la furia nublándome la vista—.
¿Cómo te atreves?
Kendra observa y estoy segura de que sabe que es mejor no interrumpirme.
Romeo mueve la mandíbula, acariciándose la mejilla con la palma de la mano, luego me sostiene la mirada y esa sonrisa repugnante aparece de nuevo.
—¿Veo que te lo han contado, eh?
—dice, y su sonrisa se ensancha, intensificando mi ira—.
Bueno, digamos que no iba de farol.
Dije cada palabra muy en serio.
Levanto el brazo para darle otra bofetada, pero el golpe nunca llega a su destino.
Para mi sorpresa, Romeo me sujeta la mano, deteniéndome en pleno movimiento.
Parpadeo, clavando la mirada en sus ojos furiosos.
Romeo nunca me había desafiado, siempre había sido dócil.
Lo fulmino con la mirada y él me la devuelve con la misma intensidad, soltando mi mano lentamente.
—No vuelvas a intentarlo o de lo contrario…
—¿O de lo contrario qué?
—espeto, con la irritación a flor de piel mientras le sostengo la mirada con dureza.
Veo cómo se le crispa la cara y da un paso más hacia mí, su voz se convierte en un gruñido grave.
—Yo de ti no tendría prisa por saberlo —sonríe con malicia—.
Pero ya que estás dispuesta, tengo fotos
de nuestros sórdidos momentos.
No es así como quería que salieran las cosas, cariño —chasquea la lengua y, en ese momento, lo único que quiero es volarle los putos sesos y dárselos de comer a mis perros.
Él imita mi expresión y su rostro se tensa.
—Vas a darme lo que quiero o publicaré esas fotos en la prensa —amenaza.
La furia me araña la piel, filtrándose por cada poro.
¡Puto gilipollas!
Gruño para mis adentros, pero sé que es mejor no desafiarlo en este momento.
Por mucho que odie admitirlo, él tiene la sartén por el mango y es algo que no puedo arriesgar.
Aunque es un idiota.
Sé cómo manejarlo, pero ahora mismo necesito ser dócil en sus manos.
Trago el nudo que tengo en la garganta y exhalo.
—¿Qué quieres?
Su sonrisa arrogante se desvanece y me lanza una mirada fría.
—¡Tú no das las órdenes, las doy yo!
—espeta con voz tensa—.
Recibirás un correo con los detalles, pero hasta entonces…
—se inclina y me besa en la mejilla.
Aprieto el puño a mi costado, incapaz de detenerlo.
Y mientras se aleja, mi furia estalla.
Grito antes de entrar, y Kendra me sigue.
—Tienes que calmarte, Ashley —logra decir Kendra, y eso solo aviva más mi ira.
—¡No me digas que me calme, joder!
—bufo, girándome para encararla con rabia—.
¿Todo se está desmoronando y tú te quedas ahí plantada vomitando semejante estupidez?
—bramo.
Abre la boca para decir algo, pero la cierra.
Ya me lo imagino.
—Me voy a encargar de ese cabrón —digo entre dientes.
¿Tener el descaro de pensar que puede amenazarme y salir impune?
¡Nunca!
Marco el número de Judy de nuevo y, como las otras veces, no hay respuesta.
—¡¡¡Ahhhhhh!!!
—grito a pleno pulmón.
La ira, una inmensa ira, me consume.
Todo es culpa de esa zorra.
Si hubiera dejado de existir, mi vida no sería un desastre, tendría al hombre que siempre he querido, no tendría que luchar para que se fijara en mí, pero no, tenía que arruinarlo todo, joder.
Estoy a punto de perder la puta cabeza cuando mi móvil vibra.
Miro rápidamente la pantalla; no es Judy.
Es Frank, el tipo del Club Newton.
Le lanzo una mirada a Kendra antes de coger la llamada.
Puedo sentir cómo la rabia tensa cada músculo de mi cuerpo mientras él, temblando, suelta su sarta de estupideces.
Algo ha pasado y la bebida se ha derramado.
No me molesto en pedir detalles.
Ha fracasado, el muy cabrón.
Termino la llamada con rabia y lanzo el móvil contra la pared.
—¡Ahhh!
—grito, arrojando un jarrón de flores contra el duro muro en un ataque de furia.
Kendra permanece en silencio, observando cada uno de mis movimientos con cautela y sin decir una palabra.
Bella.
Ese nombre se ha convertido en mi peor pesadilla.
¿Cómo se las arregla?
¿Cómo consigue escapar de mi ira cada maldita vez?
Mientras camino de un lado a otro sin descanso, la verdad me golpea, y con mucha fuerza.
Un hecho evidente que he ignorado.
Mientras Bella siga respirando, estar con Dean es imposible.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com