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Doctor Forense, Esposa Tierna - Capítulo 408

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Capítulo 408: ¿Tiene alguna evidencia?

—Es solo su mala suerte.

—¿Ah, sí? Si esto continúa, dormirás menos.

—¡Insolencia! —El Viejo Sheng golpeó el pincel contra la mesa, furioso.

No obstante, el Tercer Hermano no dijo nada más. El anciano debía de estar convencido de que la familia de Sheng Xiao no tenía nada y solo podía observar cómo Ting Jing ardía hasta los cimientos, y ciertamente no sabía que el Octavo Hermano era ahora el jefe de Zhongteng.

Por no mencionar que incontables influencias misteriosas en Jianchuan respaldaban a Sheng Xiao.

¿Así que iba a quemar Ting Jing?

Claro. Que esperara la represalia del Octavo Hermano.

Así, el Tercer Hermano no siguió discutiendo con el anciano y simplemente fue al jardín para calmar su mal humor.

Pronto, Sheng Kai se acercó al Tercer Hermano y le preguntó, viendo que su frente goteaba de sudor: —¿Por qué estás enfadado con el Abuelo por el incendio de Ting Jing?

El Tercer Hermano no dijo nada.

—¿Qué tiene de malo dejar que se desahogue después de los disgustos que ha pasado estos días? ¿No es solo un edificio?

El Tercer Hermano se volvió hacia el Segundo Hermano, conmocionado e incrédulo por sus palabras. —¿No crees que te estás volviendo como el Abuelo, Segundo Hermano?

—El Tío Mayor estaba dentro de Ting Jing cuando empezó el incendio. Si no hubiera tenido suerte y hubiera muerto, ¿crees que seguiría siendo «solo un edificio»?

—¿Pero al final no le pasó nada, no?

El Tercer Hermano se levantó del césped de inmediato ante aquello.

¿Para qué decir nada? Nunca le dejarían meter baza.

Ahora, se daba cuenta de que cada vez tenía menos en común con la familia Sheng.

De verdad, daban ganas de escapar de todo aquello.

Aun así, el Tercer Hermano no podía creer que el Viejo Sheng pudiera tener la conciencia tranquila si mataba a su propio hijo.

Pero no, el anciano no tenía corazón desde hacía mucho tiempo.

***

El daño por el incendio de Ting Jing fue inconmensurable. ¿Y acaso Mamá Sheng se iba a quedar de brazos cruzados?

Fuera como fuese, el anciano debía de creer que no irían a buscarle problemas aunque supieran que fue la familia Sheng quien lo hizo.

¿De verdad creía que estaban en un callejón sin salida?

Al día siguiente, Xu Che ya había organizado la llegada de los medios de comunicación a las ruinas de Ting Jing, y Papá Sheng y Mamá Sheng concedieron la entrevista tal y como se había acordado.

Naturalmente, la entrevista de los periodistas estaba guionizada gracias a los arreglos de Xu Che, y sabían qué preguntar y cómo dirigir la conversación.

—He oído que el Presidente Sheng, el cabeza de la familia Sheng, visitó personalmente Ting Jing pocos días antes del incendio. Se dijo que quería recuperar la propiedad pero que no se salió con la suya, ¿es eso cierto?

—Ting Jing es un regalo que compré para mi hijo y mi nuera con mis propios ahorros. El dinero provino principalmente de mi familia de soltera —respondió Mamá Sheng.

—También he oído rumores de que el Presidente Sheng la estaba pagando con usted por lo de Sheng Xiao y exigió el divorcio entre usted y su marido. ¿Eran ciertos los rumores?

—Mi suegro ha desarrollado una fuerte animadversión hacia mí por culpa de mi hijo y quería echarme de la familia. Incapaz de soportar su presión, mi marido dejó a la familia Sheng conmigo… pero no esperábamos que algo así sucediera justo después de mudarnos a Ting Jing. Mi marido todavía estaba dentro cuando empezó el incendio, y todavía me asusto solo de pensarlo —respondió Mamá Sheng mientras se secaba las lágrimas.

—La policía ha comunicado que el incendio fue provocado. ¿Podría ser algún antiguo rival?

—No —negaron marido y mujer al unísono.

—Entonces, ¿quizá alguien está intentando vengarse de ustedes?

—No me siento cómoda comentando sobre eso.

—¿Tienen algún sospechoso?

—¿Quién más podría ser?

Las respuestas de Mamá Sheng fueron muy artísticas. Aunque no mencionó ningún nombre, el contenido expuesto de forma elaborada previamente permitió que todo el mundo supiera que se refería al presidente de Huang Yao.

De repente, la entrevista desató una tormenta, y el Viejo Sheng fue empujado al centro de atención.

Aunque los medios de comunicación seguían sin mencionar a nadie en concreto y se limitaban a utilizar los términos «la familia Sheng» y «cierta corporación», todo el mundo sabía que la persona empeñada en su ardiente venganza y a la que no le importaba perder a su hijo era el presidente de Huang Yao.

Cuando Sheng Kai se enteró, envió inmediatamente al equipo de relaciones públicas de la empresa a trabajar. Aun así, el video de una Mamá Sheng llorando circuló por todas partes, y todo el mundo lo difundió. Además, ¿acaso la forma en que el Viejo Sheng redobló la apuesta a pesar de que Sheng Xiao se había quedado sin nada no incitaba al odio?

Las disputas en las familias ricas eran habituales, pero normalmente alguien salía a fingir que todo iba bien, lo que reducía esas peleas a un breve sensacionalismo. Por otro lado, este incidente involucraba un incendio y vidas humanas, por lo que se situaba en un nivel diferente. Y con Sheng Xiao enviando gente a seguir trabajando en ello, la noticia del incendio se mantuvo en los titulares durante días.

La reputación y las acciones de Huang Yao empezaron a desmoronarse.

¿Alguien le dijo alguna vez que la gente que no tiene nada no puede tomar represalias, anciano?

En pocos días, el valor de mercado de Huang Yao cayó en varios cientos de millones, lo suficiente para construir una docena de Ting Jings.

Naturalmente, el escándalo no duraría, ya que el lugar de Huang Yao como imperio de los diamantes era inamovible, y no se derrumbaría directamente por un escándalo insignificante como ese. Solo tenían que aplicar contramedidas, mantener la empresa estable y acallar su mala imagen, pero esos pocos días ya habían supuesto una gran pérdida.

—Realmente no puedo subestimar a Sheng Xiao. Pudo causar tanto daño a Huang Yao sin hacer casi nada.

El Viejo Sheng se mofó mientras miraba a los periodistas que rodeaban su casa. —Lo más apropiado es compararlo con un ciempiés: puede que lo maten, pero no deja de moverse.

—¿De verdad enviaste gente a quemar Ting Jing, Abuelo?

—¿Tienes alguna prueba? —le preguntó a su vez el Viejo Sheng al Segundo Hermano—. Si no la tienes, ocúpate de tus asuntos y dirige bien Huang Yao. Por cierto, la fecha de tu compromiso con Gu Ziling se ha fijado para el quince del mes que viene. No queda mucho tiempo. Prepárate.

—¡Entendido!

Por supuesto, no era algo que alegrara a Sheng Kai, aunque tampoco parecía horrible.

Aun así, la sensación era de una miseria inconmensurable…

***

Papá Sheng y Mamá Sheng solo se sintieron desagraviados tras presenciar personalmente las pérdidas que sufrió Huang Yao.

Estaba bien que Ting Jing ardiera, pero nunca se debía permitir que el anciano se sintiera satisfecho, ya que aquello implicaba vidas humanas.

Y ahora, ellos y sus dos mayores se alojaban bajo el mismo techo; los mayores ocupaban el primer piso, mientras que el segundo era territorio de Mu Qiqi y Sheng Xiao.

—La idea de Qiqi esta vez ha sido maravillosa. Tu padre y yo no tenemos que sentirnos mal por esto.

—Es la era de la información. Incluso sin pruebas, Huang Yao sufriría si difundimos la noticia por puro sensacionalismo. No tenemos que tener miedo porque no tenemos nada que perder —explicó Mu Qiqi.

—¿Me molestaría en ajustarle las cuentas si tu padre no hubiera estado a punto de morir? Ni siquiera le importa la vida de su propio hijo, eso es lo que de verdad no puedo aceptar.

—Xiao Xiao, ¿no crees que el temperamento del anciano se está volviendo más despiadado últimamente?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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