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Domador Supremo de Bestias: ¡Puedo Copiar y Mejorar Habilidades 10x! - Capítulo 191

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191: El Fin 191: El Fin —¡Vaya, qué rápida es!

—Jajaja, con esa cara de enfado que tiene el príncipe, ¡capaz que se caga de la rabia!

—Tío, mírale la cara, parece que ya lo está haciendo.

El suelo temblaba bajo la fuerza de las explosiones, y el coliseo reverberaba con el sonido de la destrucción.

Sin embargo, a pesar de la lluvia de intensas ráfagas de fuego, el público permanecía relativamente tranquilo.

Ya no gritaban; en su lugar, sus ojos brillaban de admiración mientras observaban a Nyx serpentear entre los meteoritos dorados.

El rostro de Ainsworth estaba ahora pálido como un fantasma, casi tan blanco como una hoja de papel.

Durante el último minuto, había estado lanzando ráfagas llameantes, y la duración de la habilidad pronto llegaría a su fin.

Ya había pasado un minuto y algunos segundos desde que la barrera sagrada se hizo añicos bajo el incesante aluvión de ataques de Ainsworth.

Ainsworth había pensado al principio que la pelea se volvería más fácil.

¿Quién habría pensado que esta chica sería tan escurridiza, incluso después de que terminara la duración de su habilidad?

Poco a poco, su frustración fue en aumento.

Como los meteoritos dorados no funcionaban, se abalanzó para enfrentarse a Nyx en combate cuerpo a cuerpo.

Fue un error por su parte.

No sabía que lo habían engañado.

Por un instante, la lluvia de fuego cesó y solo una luz dorada y una luz blanca chocaron repetidamente.

¡Clang!

¡Clang!

Una mezcla de llamas blancas y doradas brotó de su choque, creando un espectáculo bastante hermoso a la par que peligroso.

El humo ya se había disipado, pero las chispas dificultaban que el público viera el intercambio con claridad.

«Me niego a creer que mi esgrima sea inferior a la suya», pensó Ainsworth al ver que Nyx estaba tomando la delantera en la pelea.

Ahora luchaban sin ninguna habilidad, solo con fuerza bruta y esgrima.

Mientras chocaban repetidamente, Ainsworth no se dio cuenta de que Nyx estaba llevando una cuenta regresiva.

Pronto, una sonrisa de suficiencia se dibujó en su rostro, y sus ojos se encendieron de repente con un brillo blanco.

Este cambio repentino tomó a Ainsworth por sorpresa, y la expresión de confianza en su rostro vaciló mientras daba un paso atrás.

Sus ojos brillaron de preocupación.

«Pensaba que la habilidad ya se había acabado».

El brazo con el que sostenía la espada le tembló ligeramente al recordar la sonrisa de suficiencia que tenía antes de que la barrera sagrada se hiciera añicos.

«¿Podría…

podría ser que la habilidad no hubiera terminado entonces?».

Mientras los pensamientos del príncipe dorado eran un caos, Nyx comenzó a reunir la familiar energía blanca alrededor de su espada, haciendo que la hoja refulgiera con una luz radiante.

Los ojos de Ainsworth se abrieron de par en par al darse cuenta.

—Realmente me ha engañado —murmuró, con la voz apenas por encima de un susurro.

Su confianza flaqueó al ver la determinación grabada en el rostro de ella.

—¡No!

No puedes…
Pero antes de que pudiera terminar, Nyx se abalanzó y…
—¡Corte Sagrado!

—gritó, enviando una brillante ola de energía que cortaba el aire en dirección a Ainsworth.

En respuesta, Ainsworth interpuso su espada, envuelta en una luz dorada, para detener su ataque.

¡BUUUUUM!

Las dos espadas chocaron, y la explosión resultante envió ondas de choque a través de la arena, haciendo temblar la antigua estructura del coliseo.

Pero debido a los efectos de anulación natural de la energía sagrada pura, Ainsworth retrocedió tambaleándose.

«¡Solo quedan cinco segundos!», pensó Nyx mientras se lanzaba hacia adelante como un rayo.

Su espada todavía irradiaba una intensa energía sagrada, pero parpadeaba ligeramente, desvaneciéndose poco a poco.

En efecto, Nyx había permitido intencionadamente que su barrera se hiciera añicos, engañando a Ainsworth para que pensara que la duración de su habilidad había terminado, cuando en realidad le quedaban cuarenta segundos más.

En ese momento, el reposabrazos se hundió cuando el Rey Aldric vio la desesperada situación de Ainsworth.

La joven los había engañado a todos.

Apartó la vista brevemente, justo a tiempo para ver cómo la espada llameante de Nyx acuchillaba a Ainsworth una docena de veces en solo cinco segundos.

El príncipe sintió un dolor cegador recorrerle todo el cuerpo.

Su espada se le cayó de la mano mientras se desplomaba de rodillas con un fuerte golpe, y la sangre goteaba de su boca debido a las innumerables heridas internas que había sufrido en esta pelea.

Aunque la barrera estaba curando activamente a los luchadores, el dolor seguía presente.

—Tú…

realmente me has vencido —murmuró Ainsworth con tono incrédulo, sin poder creer todavía que había perdido.

Nyx no respondió; en su lugar, giró sobre sí misma y le estampó el pie en el casco con una fuerza aplastante.

¡ZAS!

El príncipe permaneció arrodillado un rato antes de caer finalmente hacia atrás.

Silencio.

Un silencio absoluto se apoderó de la arena.

No había cánticos.

Los ojos de los plebeyos estaban fijos en el príncipe, esperando que se levantara y continuara la pelea una vez más.

Lo miraran como lo miraran, no podían creer que el arrogante príncipe que había masacrado a cientos de plebeyos hubiera sido derrotado así como si nada.

—Tiene que ser pura suerte.

¿Decidme que esto es solo una alucinación?

—se susurró un hombre a sí mismo mientras se pellizcaba el brazo.

Los murmullos empezaron a extenderse como la pólvora entre la multitud, llenando el antes silencioso coliseo.

La tensión era palpable a medida que la realidad de lo que acababa de ocurrir se iba asimilando poco a poco.

En la zona de dignatarios, los nobles se removían incómodos en sus asientos.

De repente se inquietaron… ninguno de ellos había esperado este resultado.

«Esta chica…

de verdad ha vencido a Ainsworth», pensó Lucas, que había estado en silencio todo este tiempo, cruzándose de brazos y con los ojos entrecerrados.

Se preguntó a sí mismo con una expresión complicada en el rostro: «¿No significa esto que es un prodigio?

Si dejamos que crezca, ¿se convertirá en alguien como su padre?».

Los ojos de Dama Serafina brillaron con un extraño destello mientras su mirada alternaba entre el inmóvil príncipe de armadura dorada y la niña de apenas nueve años y algunos meses.

Pero no hizo ningún comentario.

Sin embargo, si alguien le hubiera mirado el rostro, habría notado su palidez fantasmal y sus labios secos.

Mientras tanto, el Rey Aldric, sentado en el palco real, tenía los ojos ardiendo de furia.

Su mente se aceleraba a medida que las conversaciones de los nobles se hacían más ruidosas.

Sus peores temores se habían hecho realidad: Nyx no solo había expuesto la vulnerabilidad de Ainsworth, sino que también había dejado en ridículo el dominio de la familia real.

Si no fuera por su linaje, el rey podría haber ordenado que mataran a la niña en el acto.

¡La humillación era sencillamente demasiado grande!

—Los Cromwell son una estirpe verdaderamente temible —comentó Brawn con una sonrisa mientras miraba a Nathan, que parecía estar conteniéndose, a la espera del anuncio del comandante de los caballeros—.

Como era de esperar de la hija de Arthur.

Mientras tanto, en la plataforma de combate…
Tac, tac.

Los pasos del comandante de los caballeros resonaron suavemente mientras se acercaba al príncipe y se agachaba junto a él, comprobando su estado.

La barrera protectora ya había hecho su trabajo al curar todas las heridas internas, pero el príncipe seguía inconsciente.

El comandante de los caballeros vaciló un instante, pero al final, ¡anunció a Nyx como la vencedora del combate!

En cuanto se hizo el anuncio, el coliseo estalló en un estruendoso aplauso, y el eco de sus vítores reverberó en los muros de la arena.

Los plebeyos, que antes habían temido la ira de Ainsworth, ahora aclamaban a la joven que había desafiado todas las expectativas.

De entre todos, podría decirse que el más ruidoso no era otro que Nathan, que reía estrepitosamente, para disgusto de los nobles que abandonaban lentamente la arena con la cabeza gacha.

Detrás de Lucas… el misterioso hombre con los ojos vendados siguió observando a Nyx, que permanecía de pie con orgullo en la arena de combate, y sus labios se curvaron en una sonrisa de suficiencia antes de abandonar él también la arena.

Ese día, la noticia de la derrota de Ainsworth se extendió por la capital y las ciudades vecinas.

En todos los rincones, los plebeyos tenían un nombre en sus labios:
…Nyx Aegis Cromwell… ¡la hija del campeón humano!

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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