Domador Supremo de Bestias: ¡Puedo Copiar y Mejorar Habilidades 10x! - Capítulo 234
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- Capítulo 234 - 234 Abrumando a todos
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234: Abrumando a todos 234: Abrumando a todos A diferencia de los demás, Helen, la chica rubia, no creyó desde el principio que Nox tuviera habilidades de herrería rúnica.
El aura —esa sensación—, podía distinguir con facilidad que esas eran sus habilidades.
Mientras pensaba en esto, la chica rubia dio un paso atrás, y su confianza flaqueó.
El pánico se arremolinó en su pecho mientras luchaba por creer en sus propios pensamientos, pero cuanto más tiempo permanecía de pie observando los dedos de Nox moverse con determinación, más se desvanecían de su mente las dudas persistentes.
«¿C-cómo es posible?».
Mientras lidiaba con sus pensamientos, notó algo…
algo era diferente en las runas que brillaban en el aire.
Eran más puras, más precisas, llenas de una energía que hacía que las suyas parecieran inferiores en comparación.
—Maldito crío —susurró Helen—.
¿Qué me has hecho?
Nox no respondió de inmediato.
Sus ojos oscuros como la noche seguían fijos en los símbolos, que brillaban con más intensidad a cada segundo.
Su silencio y la intensa luz que irradiaban las runas inquietaron aún más a los demás.
Y más aún porque, cuando Helen había invocado el pilar sangriento, el resplandor no había sido tan intenso.
«¿Q-qué demonios está haciendo?», pensó el joven de aspecto rudo, mientras la runa proyectaba un brillo rojo, cegador y ominoso, sobre sus rostros.
Parecía que las runas tenían un efecto hipnótico, pues por un momento se olvidaron de activar sus habilidades.
En ese momento, con un movimiento de muñeca de Nox, el último sigilo cobró vida y un zumbido ensordecedor llenó el aire mientras cientos de armas sangrientas se materializaban: espadones, lanzas y cadenas que se arremolinaban en un vórtice caótico, levantando una tormenta de polvo.
La oleada de energía que emanaba de las runas golpeó a los demás y los obligó a retroceder un par de pasos.
Dentro del arremolinado vórtice de armas, Nox levitaba en el centro, exudando una presencia aterradora.
Aquellos ojos sin luz miraban a los demás con desdén, como si fueran humanos insignificantes.
Aunque apenas podían ver nada debido al intenso resplandor que emitía la tormenta de espadones carmesí, aquellos ojos resaltaban de manera inconfundible.
Helen tropezó hacia atrás, abriendo los ojos de par en par.
«Esta es mi habilidad, en efecto, pero ¿por qué…, por qué es tan poderosa y diferente?
¡Todas estas armas a la vez!
¡Cielos!».
A Helen se le cortó el aliento y le costaba respirar; sus ojos se dilataban y su rostro palidecía a cada segundo que pasaba.
«Este aura…
¿podría ser una habilidad definitiva?».
Aunque nunca había visto una habilidad definitiva en acción debido a su rareza, ¡era el único pensamiento que le venía a la mente!
Ya había sentido el aura de habilidades avanzadas antes, ¡y era varias veces más débil que esta!
La mente de Helen trabajaba a toda velocidad.
Ahora empezaba a dudar de sí misma: ¿era realmente posible que Nox tuviera esta habilidad antes del torneo?
—¡Corred!
¡Tenemos que correr!
—gritó con pánico el joven de aspecto rudo, con la respiración entrecortada.
Los espadones carmesí daban vueltas alrededor de Nox en una intrincada danza, como si lo reconocieran como su maestro.
—¡Huid, cobardes!
—resonó la voz de Nox desde el vórtice de espadones carmesí.
No sabían si sus ojos les jugaban una mala pasada, pero la voz de Nox era mucho más fuerte y poderosa, como la de un monarca, y les provocó un escalofrío por la espalda.
—¡Qué hermoso!
—no pudo evitar exclamar Wendy al ver la poderosa escena, con los ojos llenos de admiración.
Un extraño brillo centelleó también en los ojos de Nyx, y un sentimiento de orgullo la invadió en ese momento.
—Tsk, el comandante y este fanfarrón son tal para cual —exclamó Rab, con un tic en los labios; sin embargo, hasta sus ojos estaban llenos de admiración y reverencia.
El pelo oscuro de Nox ondeaba al viento y sus ojos de color noche brillaban con una concentración fría e implacable.
Cada movimiento de sus dedos enviaba ráfagas de ondas de choque a través del vórtice, ajustando la órbita de las armas.
—Podéis correr —afirmó Nox con calma.
Su comportamiento contrastaba fuertemente con el caos que lo rodeaba, y esto…
esto los inquietó a todos aún más.
Luego, con un tono frío y lleno de burla, añadió—: ¿Pero qué tan rápido podéis correr?
Aquellas palabras aparentemente inofensivas, pronunciadas como meras amenazas, detuvieron a todos los que estaban a punto de huir.
Por un momento, olvidaron que no iban a morir de verdad y empezaron a temblar.
¡Fssss!
¡Fssss!
En ese instante, varios proyectiles de sangre salieron disparados hacia el vórtice arremolinado.
Por el rabillo del ojo, Nox vio a Helen con los brazos extendidos y una tenue runa parpadeando frente a ella.
Sus ojos estaban llenos de desafío.
Nox sintió una punzada de admiración; veía mucho de sí mismo en Helen.
Aquel día, él también había sido implacable, a pesar de que Hendrix parecía un enemigo imbatible.
«Te recordaré», pensó Nox para sí mientras movía la mano.
Para asombro de la chica rubia, en cuanto las armas de sangre entrantes golpearon el vórtice, se fusionaron con él al instante.
—Có…
¡Zas!
La runa que brillaba frente a Helen se disipó y sus ojos se abrieron de par en par, con lágrimas corriendo por sus mejillas mientras miraba la lanza sangrienta que le había empalado el estómago.
Helen forzó una sonrisa mientras se desvanecía lentamente en chispas de luz blanca.
Al desaparecer, sus palabras quedaron suspendidas en el aire.
—Así que…
este era mi propósito desde el principio.
Nox se quedó confuso al oír lo que dijo, pero no le dio muchas vueltas y dirigió su mirada hacia el joven de aspecto rudo, que se estaba orinando en los pantalones mientras temblaba.
—L-lo sien…
—intentó mover la mandíbula, pero sus palabras se vieron interrumpidas cuando una andanada de proyectiles ensangrentados se dirigió hacia él.
Invocó un escudo para desviar la andanada, pero los proyectiles sangrientos lo destrozaron sin esfuerzo, como si nunca hubiera sido un obstáculo.
—¡Esto será una advertencia para todos vosotros!
Los de dentro y los de fuera —retumbó la voz de Nox mientras docenas de espadas atravesaban al joven.
Una lanza afilada como una navaja le empaló las piernas, seguida de una daga curva que se le incrustó profundamente en el hombro.
¡¡¡Argh!!!
Gritos de dolor llenaron el aire.
Antes de que el joven pudiera hacer ningún movimiento innecesario, unas cadenas sangrientas lo envolvieron, apretándose con una fuerza aplastante.
Luego, dos enormes hachas de sangre se materializaron sobre su cabeza.
Con un movimiento de la muñeca de Nox, descendieron, cortando el aire.
¡Chas!
—Nunca os metáis con un Cromwell —terminó su frase.
Sin esperar a que las hachas atravesaran al desafortunado joven, Nox se volvió hacia los demás.
Antes de que pudieran reaccionar, las armas de sangre se volvieron hacia ellos, y una tormenta de espadones y lanzas voló por el aire, atravesándolos uno tras otro.
Ningún arma erró su blanco.
Rodaron cabezas, los cuerpos se desplomaron y la sangre salpicó todo el campo de batalla.
Fuera, la gente de los otros pueblos tenía expresiones solemnes mientras presenciaban cómo masacraban a los suyos.
Mientras tanto, los Cromwells saltaban y celebraban con júbilo, tanto en los terrenos del ducado como en la baronía…
Pero en lugar de sonreír como los demás, el rostro de Nathan estaba sombrío, porque…
porque Hendrix aún no había aparecido en la plataforma de combate como los demás.
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