Domando a mi Harén de Chicas Monstruo desde Cero - Capítulo 258
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Capítulo 258: ¡Al Sur
Como dicen, la información se acumula donde hay gente. Después de que llegaron más y más domadores, se revelaron algunas pistas más sobre el rumor.
Al parecer, el «dispositivo de viaje en el tiempo» es propiedad de un fantasma, y aparece una vez cada década en el mismo lugar. Dicha ubicación fue precisándose poco a poco, pasando del vago «Sur del Reino» al «Pueblo Más Remoto del Sur».
Llevado por la curiosidad, planeé ir al sur para confirmarlo por mí mismo. Después de todo, si existe un artefacto real, entonces mi plan de viajar en el tiempo para salvar a Fatima podría adelantarse más de lo esperado.
—¡Todos, reúnanse! ¡El círculo de teletransportación se activará en breve!
Al poco tiempo, uno de los caballeros alzó la voz, captando la atención de todos los domadores que estaban reunidos. Sin embargo, no todos cabían a la vez en el círculo de teletransportación. El acuerdo era que entraríamos por grupos, y al nuestro le tocaba ser el último.
—Tú debes de ser Will, ¿verdad?
Una voz resonó a nuestras espaldas, haciendo que las chicas se giraran al mismo tiempo. La mujer se inmutó un poco bajo sus intensas miradas, pero carraspeó rápidamente y extendió la mano.
—E-Encantada de conocerte. Soy Threya Midnight. Partiremos en el mismo grupo, así que, aunque sea por poco tiempo, ¡espero que nos llevemos bien~!
¡Guau! ¡Guau!
Como si también quisiera saludarme, un perrito que estaba a sus pies ladró dos veces antes de sacar su mona lengua y jadear con fuerza.
—¿Un… carlino?
Miré al perrito, de cara negra y arrugada y un pelaje marrón claro bastante fino. Se lamió el hocico con ganas antes de seguir jadeando, dejando caer un hilillo de saliva.
—¡Sí, este es mi compañero, Peabody!
La mujer, Threya, explicó con una sonrisa radiante, levantando al perro por las patas delanteras para presentármelo… Es un macho, ya veo…
—Este nivel de energía… ¡¿8va etapa?!
Este hecho me sorprendió por completo, ya que las bestias que superan la quinta etapa deberían experimentar algunos cambios en su apariencia física. Sin embargo, este carlino era solo un carlino, lo mirara por donde lo mirara. ¿Quién iba a pensar que una bestezuela como esta era en realidad más poderosa que mis chicas?
Estuve tentado de acariciarle la cabeza, pero sus ojos castaños me miraron fijamente como si dijeran: «¡Tócame si te atreves!».
—… Tienes un compañero bastante poderoso.
No fui capaz de decir nada más, así que me limité a elogiar su poder. La mujer, sin embargo, pareció sorprendida y se quedó mirando al carlino mientras lo abrazaba entre sus dos montañas.
—¿Has oído eso, Peabody? ¡Ha sido capaz de detectar tu nivel de poder aunque lo estuvieras ocultando, tal y como esperaba!
¡Guau!
Al oír su breve conversación, me di cuenta de que en realidad estaban intentando ocultar el poder del perrito. ¿Se estaban haciendo los cerdos para comerse al tigre? Sentí un escalofrío recorrer mi espalda al ver lo astuta que era aquella pareja.
—¡Último grupo!
Justo cuando estaba a punto de dar un paso atrás por miedo a esa pareja, los guardias por fin nos llamaron. Sin que nos diéramos cuenta, la cola se había terminado y solo quedábamos nosotros.
—¡Venga! ¡Vamos!
Threya nos llamó, abriéndose paso hacia el círculo de teletransportación. Sin más opción, la seguimos y pisamos el brillante patrón dibujado en el suelo. Los guardias, al ver que ya estábamos dentro, ni siquiera pidieron confirmación y se limitaron a activar el círculo, envolviéndonos en un destello de luz que nos envió a otro lugar.
—¡Uf~! ¡La verdad es que no consigo acostumbrarme a la sensación de la teletransportación!
Limpiándose un sudor inexistente de la frente, Threya se adelantó, caminando hacia el gran portón visible a poca distancia. El carlino seguía apretado en su abrazo, pero no mostraba ninguna señal de incomodidad. Al contrario, ¿parecía que estaba disfrutando del paseo…?
—Me pregunto qué aspecto tendría ese carlino al luchar…
Murmuré antes de seguirlos, manteniendo unos metros de distancia. Las chicas me seguían en silencio; sus ojos estaban alerta y no dejaban de mirar a su alrededor, como si buscaran cualquier señal de peligro inminente.
—¡Siguiente!
En el portón principal, los domadores que se nos habían adelantado hacían cola. Los guardias los inspeccionaban a todos y cada uno con cuidado, registrando a sus bestias y monstruos domados en un libro mayor. La cola avanzaba deprisa, así que nuestro turno no tardaría en llegar.
La cola avanzó y pronto le llegó el turno a Threya. El guardia frunció el ceño al mirarla a ella y a su bestia domada.
—… ¿Solo una?
Preguntó, como si estuviera confuso. Después de todo, a simple vista, el carlino parecía demasiado débil. Threya se limitó a sonreír y a asentir con la cabeza, indicando que el carlino era su única bestia domada.
Aunque a regañadientes, anotó a su equipo en el libro mayor y la dejó pasar por el portón.
—¡Siguiente!
Por fin, nos llegó el turno. El guardia me miró a mí y, después, a mi espalda.
—¿Quiénes son los domadores?
Preguntó con voz neutra. Me di la vuelta; éramos los últimos de la cola. No había nadie detrás de mí, así que me señalé a mí mismo y lo expliqué.
—El domador soy yo; las demás son mis compañeras.
—…¿?
El guardia me miró con perplejidad. No podía creerse que las chicas que estaban a mi espalda fueran todas bestias y monstruos domados. En fin, qué se le va a hacer; tampoco es que pudiera demostrar que no eran domadoras en un instante.
No parecía nada convencido, pero aun así anotó a nuestro grupo en su libro mayor antes de indicarnos con un gesto que cruzáramos el portón. En cuanto entramos, el amplio césped entre el portón y la fachada del castillo estaba abarrotado con cientos, o incluso miles, de grupos formados por domadores y sus monstruos.
—… ¿No desentonamos un poco aquí?
Dije en voz alta, exasperado. Después de todo, mi monstruo domado más poderoso era Igni, que acababa de alcanzar la séptima etapa. Supongo que apenas cumplíamos el mínimo, pero un montón de domadores nos miraban con desdén.
A mí en realidad no me afectó, pero las chicas se estaban irritando cada vez más. Supongo que no les gusta que todo el mundo piense que llegamos aquí por nuestros contactos y no por nuestro nivel de poder como el resto.
Al mirar a mi alrededor, me di cuenta de que solo unos pocos me resultaban familiares. A la mayoría de los domadores no los había visto antes en el punto de reunión.
«¿Serán de otros reinos?»
No tengo ni idea de cuántos reinos hay en el mundo, pero deben de ser de los cercanos que también respondieron a la petición del primer ministro.
Sentía curiosidad por sus monstruos domados, pero usar valoraciones sin permiso puede granjearte la ira de la otra parte. Claro que, si ellos me buscan pelea primero, eso significa que podré hacer una valoración de sus compañeros sin tener que preocuparme.
Mientras esperaba que algún mocoso exaltado me buscara pelea, un guardia alzó la voz para recordarle algo a todo el que se encontraba en el amplio patio.
—¡Todos, recuerden moverse en la dirección designada! De izquierda a derecha, cuatro grupos: ¡Norte, Este, Sur y Oeste!
«Ah, ¿así que podemos elegir adónde queremos ir? ¡Qué suerte~!»
Pensaba que nos asignarían al azar. Siendo así, ya no tenía que darle más vueltas. Junto a las chicas, me dirigí al grupo designado para ir al Sur.
Al mirar a mi alrededor, vi que Threya también estaba en el grupo, lo que me hizo sentir una mezcla de incomodidad y gratitud. Al menos había alguien conocido que venía del mismo Reino; con eso era suficiente. Antes de que pudiera llamarla, ella ya nos había visto y corrió a nuestro lado.
—¡Will! ¿Así que también te diriges al Sur? ¿Eres un gourmet?
—¿Gourmet? No… ¿Por qué?
Era una pregunta que salió de la nada. Cuando pregunté, ella ladeó la cabeza, como si estuviera confusa.
—Bueno, el Sur es conocido por su deliciosa cultura gastronómica, así que pensé que ibas allí por la misma razón que nosotros.
*Glup*.
Un fuerte sonido resonó a mi espalda, lo que me impulsó a darme la vuelta. Sin embargo, todas las chicas habían desviado la mirada, como si no quisieran admitir que habían sido ellas las tentadas por las palabras de Threya.
—Bueno, nosotros vamos por un motivo diferente, pero supongo que una buena comida después de un duro día de trabajo es algo que vale la pena.
Había empacado algo de comida, pero no hay nada de malo en probar las delicias locales. A todas se les iluminó la cara de repente al oír mis palabras, pero se dieron cuenta de que las estaba mirando por el rabillo del ojo. Todas carraspearon rápidamente y actuaron como si solo estuvieran mirando a su alrededor, manteniendo la vigilancia.
—¡Jaja, qué compañeras tan monas tienes!
Añadió con una sonrisa pícara antes de que el carlino que tenía en brazos ladrara con fuerza, como en señal de protesta.
—Oh, sí, ¡tú también eres muy mono, Peabody!
Este carlino… Creo que es un macho de los pies a la cabeza. Me da la sensación de que solo la distrae para que no lo suelte y así poder permanecer entre sus dos cimas el mayor tiempo posible. Aunque, bueno, podría estar equivocado.
Sin ningún tipo de aviso, todo el campo a nuestro alrededor emitió de repente una luz brillante.
—¡…!
No sentí nada extraño, ni mis sentidos me alertaron de nada, pero las chicas se movieron al instante, empujándome al suelo para protegerme y mirando a su alrededor con recelo.
Cuando la luz se desvaneció, ya no estábamos en el castillo… ¡Estábamos en el frente de batalla, con demonios acercándose!
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