Domando a mi Harén de Chicas Monstruo desde Cero - Capítulo 352
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Capítulo 352: Tomándolo con calma (3)
Mientras me lamían la verga, las manos de las dos se movieron. Supongo que lo hacían inconscientemente, ya que sus movimientos ni siquiera se ralentizaron. ¡Empezaron a tocarse a sí mismas mientras me lamían!
Mientras intentaba contener la voz, miré hacia las dos montañas que tenía sobre mi cabeza, que actuaban como un techo.
—Fina, ¿tú les enseñaste eso a esas dos?
Por su comportamiento habitual, era difícil imaginarlas haciendo algo así. Fina soltó una risita, con una cara que probablemente no mostraba arrepentimiento alguno. Respondió con voz orgullosa.
—Sí, fui yo. Se siente bien, ¿verdad?
—…
Bueno… sí que lo estaba. Podía sentir olas de placer mientras dejaba que ellas dos hicieran lo que quisieran. Sin embargo, en comparación con lo de Fina de antes, no era para nada suficiente como para hacerme llegar al clímax.
—Bueno, al fin y al cabo, es solo un calentamiento. Minerva, creo que con eso es suficiente. ¡Tú vas primera~!
Como si estuviera en trance, Minerva se limitó a asentir con la cabeza antes de incorporarse. Lentamente, se levantó la camiseta amarilla, añadiendo suspense y anticipación a mi corazón desbocado.
Me preguntaba cómo se le veían las alas por la espalda, a pesar de que llevaba una camiseta. ¡Resulta que esta tenía la espalda al descubierto! Sus pechos, no tan grandes como los de Fina, pero aun así una buena obra de arte, se menearon al ser arrastrados por la camiseta.
Después de quitarse la camiseta, pasó a sus pantalones cortos de tela vaquera y se los quitó de una sola vez, revelando su jardín ya empapado.
—W-Will… V-voy a metérmela.
Su advertencia llegó al mismo tiempo que se movía, acercándose poco a poco a mi cintura. Hécate se movió a un lado, cerca de mi mano derecha. Pensé que se quedaría quieta, pero apartó la parte inferior de su vestido, que parecía un traje de baño, para revelar su húmedo santuario.
Sin dudarlo, me agarró de la mano y la apretó contra su hendidura, donde pude sentir una cálida humedad cuando mi dedo tocó sus suaves labios inferiores.
Mientras Hécate trataba mi mano como su masajeador personal, Minerva usaba las suyas para apuntar mi miembro directamente hacia ella. Tras un momento de vacilación, bajó las caderas, haciendo que mi verga entrara y abriera sus paredes.
—¡Igggghhhk!
Cuando entré hasta la mitad, todo el cuerpo de Minerva se crispó. Sus ojos, desenfocados, miraban fijamente al techo mientras un hilo de baba comenzaba a gotear por la comisura de sus labios. ¿Se había corrido nada más entrar?
Hécate la miró fijamente, con unos ojos que parecían indicar que ella también quería probarlo. Mi mano derecha, que estaba usando para tocarse, se adentró en su interior, provocándome una sensación húmeda y cálida. Su interior se contraía, apretándose contra mis dedos.
—¡Hmmm~!
Un gemido se escapó de sus labios mientras empezaba a mover mi mano, bombeándola hacia dentro y hacia fuera. Minerva también comenzó a moverse, pero a juzgar por su expresión, debía de estar en trance.
¡Chof! ¡Chof! ¡Chof!
Sus caderas se estrellaban con fuerza contra mi muslo, haciendo que la penetrara tan profundo como era físicamente posible. Con cada movimiento, parecía que sufría, pero, al mismo tiempo, que estaba en un estado de dicha extrema.
Hécate también empezó a aumentar el ritmo, como si imaginara que mis dedos eran de verdad, copiando por completo los movimientos de Minerva.
—¡Ahhh…! ¡Hmmm~!
Como si perdiera la fuerza de las piernas, Minerva cayó hacia delante, aplastando su pecho contra el mío. Tenía los ojos cerrados, pero de su boca abierta salían vaharadas de aliento. A pesar de que ya no podía sostener su cuerpo, sus caderas continuaban moviéndose, como si tuvieran piloto automático.
—¡Minerva…!
Con cada sacudida de sus caderas, podía sentir cómo su cuerpo se estremecía. Me pregunto cuántas veces se habrá corrido ya. Bueno, yo también estoy a punto de llegar a mi límite, así que supongo que no soy quién para hablar.
Mis caderas también se movían solas, igualando su ritmo y embistiendo contra ella mientras descendía.
—¡Hiiiik!
—¡Minerva!
Con mi mano izquierda libre, atraje a Minerva con fuerza contra mi cuerpo. Con una última embestida, finalmente fui incapaz de contenerme más.
—¡Ahh! ¡Hinngggg!
Me corrí una vez más, esta vez en lo más profundo de Minerva.
Al ver la dicha en el rostro de Minerva, Hécate también llegó al clímax con mis dedos. Un chorro brotó de ella, dejándome la mano empapada. Hécate también cayó hacia delante, con la parte inferior de su cuerpo crispándose sin control.
—Como era de esperar de Will, ¡dos de una sola vez~!
Fina me elogió mientras me aplastaba la cara con la parte inferior de sus pechos. Como yo también estaba recuperando el aliento, que me pusiera aquello tan pesado pero suave en la cara fue sofocante y delicioso al mismo tiempo.
Fina apartó a Minerva a un lado con delicadeza, dejándola rodar sobre la cama. A continuación, Fina se arrastró sobre mi cuerpo, llegando hasta mi miembro de inmediato.
—Parece que con correrte dos veces no es suficiente. ¡Todavía estás asíííí de duro~!
Fina murmuró con asombro, mientras su mano acariciaba suavemente mi verga. Mientras escuchaba sus palabras, mis ojos se desviaron hacia lo que tenían justo delante. El borde de la fina camisola de Fina estaba un poco levantado, dejando al descubierto su delgada ropa interior negra de encaje.
—Aparentas compostura, pero…
Utilicé mi mano izquierda para alcanzar la sima que se tragaba su ropa interior.
—¡Hmmm~!
—Ya estás así de húmeda.
Vi cómo un hilo pegajoso se alargaba mientras apartaba mi dedo. Fina se asomó por entre sus dos abundantes frutas colgantes, con una sonrisa pícara en el rostro.
—Entonces, ¿te importaría humedecerla más?
Sin esperar mi respuesta, empezó a chupármela una vez más. Ya me había corrido dos veces, pero, por alguna razón, sentía que todavía podía aguantar varios asaltos más. ¿Sería porque estuve dormido durante más de un mes?
En fin, como ella pidió, procedí a ponerla más «húmeda». Tiré de su cintura hacia abajo y metí la lengua en la abertura, saboreando los dulces jugos de amor que salían de ella.
Mordisqueé con suavidad la delgada tela que protegía su lugar más importante y empecé a devorarla.
Parece que Fina lo sintió, porque mi lengua se hundió profundamente en su interior. Como si contraatacara, empezó a chupármela con más fuerza, dando comienzo a una competición de «¿quién se correrá primero?».
Pero, por supuesto, como yo me había corrido poco antes, gané la competición. Los jugos de amor de Fina me rociaron toda la cara mientras su cuerpo entero se crispaba.
Fina también estaba fuera de combate, con su lugar especial abierto y contrayéndose justo delante de mis ojos. Minerva había vuelto en sí, pero al parecer aún no podía mover las piernas. Hécate tenía los ojos llorosos, como si fuera un cachorrito abandonado por su dueño.
—… A la mierda el descanso. ¡Venid aquí, las tres!
Al final, no pude luchar contra mi instinto. La noche era joven, y las tres seguían con ganas de más. ¡No habíamos hecho más que empezar!
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