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Domando a mi Harén de Chicas Monstruo desde Cero - Capítulo 388

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Capítulo 388: Un recorrido corto

La pequeña distracción de ayer salió bastante bien, así que para estas alturas, el Imperio debe de estar devanándose los sesos, reflexionando sobre qué hacer a continuación para poder anexionarse el Reino Cleaver. Aunque, la verdad, era casi imposible mientras nuestro país actuara como su protector.

Hoy, como de costumbre, visité a la Reina Thalia y a la Princesa Hazel, que se encontraban en el antiguo Despacho del Rey. En cuanto vieron mi rostro, sus expresiones se convirtieron en una sonrisa apenada.

Cuando les pregunté el motivo de esa expresión, la Reina Thalia no titubeó y dijo sin rodeos:

—Porque nos sentimos tan en deuda contigo que ni siquiera se nos ocurre cómo devolverte todos los favores que hemos recibido. Si nos pidieras que te entregáramos nuestro país, creo que hasta accedería sin pensármelo dos veces.

Bueno, eso es un poco exagerado.

—No se preocupe, Reina Thalia. Como líderes de una nación, es nuestro deber garantizar la seguridad y la paz de nuestros súbditos. Y al ser ustedes nuestros aliados, para mí, eso por supuesto incluye también a su reino.

—Es cierto… Pero aun así, ¿podrías dejarnos devolverte el favor? Haremos cualquier cosa, con tal de sentir que no estamos simplemente de brazos cruzados, dejándolo todo en tus manos.

—En realidad no es necesario…

Lo pensé un momento hasta que se me ocurrió una idea.

—Entonces, ¿qué tal si me hacen de guía por la ciudad? He oído que la reconstrucción va bien y que el comercio empieza a reactivarse.

De paso, también quiero comprobar el trabajo de Fatima en la reparación de las murallas. Aunque, según los informes que me han dado, todavía está a medio terminar.

—¡E-Entonces permítame a mí el honor, Presidente!

La Princesa Hazel se puso en pie y se ofreció con voz emocionada.

—Está bien, ¿verdad, madre?

—Por supuesto. Adelante, querida, no te preocupes por mí. Si de verdad quieres, puedes volver incluso mañana por la mañana.

La Reina Thalia añadió ese pequeño comentario al final, junto con un guiño juguetón. La Princesa Hazel, a pesar de su edad, entendió lo que su madre insinuaba. Aunque estaba avergonzada, agitó los puños frente a su pecho, dándose ánimos.

—¡M-Me esforzaré al máximo!

No sé en qué estarás pensando, pero desde luego no voy a caer en ninguna de las trampas que me tienda la Reina Thalia. Con eso en mente, le ofrecí el brazo a la Princesa Hazel para escoltarla y salimos del despacho bajo la cálida mirada de la Reina.

Durante un rato, ambos permanecimos en silencio, recorriendo los caminos a paso lento. Sin embargo, como si sintiera que el silencio era asfixiante, la Princesa Hazel empezó a hablarme justo cuando salíamos del palacio.

—E-Entonces, Presidente, ¿qué le gustaría visitar primero?

—Veamos…

Me volví hacia ella, vi su expresión ligeramente nerviosa y sonreí.

—Primero, llámame Will, como ya te he dicho. Presidente es un título demasiado formal.

—P-Perdona entonces, W-Will…

Su rostro se sonrojó violentamente, una reacción que no le había visto tener antes. Al principio, parecía más una niña que quería convertirse en adulta lo más rápido posible, pero ahora se veía como una doncella de su edad, sin el peso de sus deberes como miembro de la Familia Real.

Por ahora, decidí tratarla como lo haría con una hermana pequeña o una prima. Después de todo, solo era una niña.

—¿D-De verdad parezco una niña a tus ojos, Will?

Pero al cabo de un rato, pareció darse cuenta de mi forma de pensar y preguntó, apretando sus generosos atributos contra el brazo que le ofrecía. Sí, esa sensación no era propia de su edad, pero a pesar de todo, seguía siendo una niña.

Le di un suave golpecito en la frente, a modo de regañina.

—Picarona, solo eres una niña, así que deja esos intentos de seducción que probablemente aprendiste de tu madre.

—¡Claro que no!

—¿En serio? Entonces, ¿dónde lo aprendiste? ¿De esos libritos?

—…

Pronto, tras una conversación que abarcó muchos temas, llegamos por fin al centro de la ciudad. Se oían martillazos y gritos, las animadas conversaciones de los lugareños, y los enérgicos saludos y sonrisas de todo el mundo al vernos juntos a la Princesa Hazel y a mí.

A juzgar por las apariencias, los residentes no fingían, sino que sus sonrisas eran sinceras. Supongo que se esfuerzan por seguir adelante también por los que cayeron en la última invasión.

Mientras caminábamos por las calles, con la Princesa Hazel señalando aquí y allá y explicando los edificios, llegamos a las murallas exteriores. Se trataba del segundo anillo de murallas que rodeaba la capital, añadido por el equipo de Fatima como protección secundaria.

Al fin y al cabo, los residentes no podían volver a sus pueblos, ya que la reparación de las murallas más externas aún no se había completado. Por eso, toda la población se concentraba en la capital del Reino Cleaver. Los demonios todavía merodeaban por el espacio entre la capital y las murallas exteriores, pues aún no había personal suficiente para reforzar las fronteras.

—A partir de aquí, es posible que se acerque algún demonio. Asegúrate de no separarte de mi lado.

Se lo recordé a la Princesa Hazel con tono firme, por si acaso. Consciente de la gravedad de lo que podría ocurrir, ella asintió rápidamente con la cabeza.

¿La razón por la que salimos más allá de las murallas terminadas? No es que quisiera llevarla a un lugar privado, en absoluto. Solo quería echar un vistazo al pueblo más cercano, ya que sentía varias energías desconocidas que provenían de allí.

«Sin embargo, no debería haber nadie allí todavía».

Por ello, una sospecha empezó a crecer lentamente en mi interior.

Esperaba que fueran algunos residentes intentando arreglar sus casas a pesar de la prohibición de abandonar la protección de la muralla. Pero, dada la situación, supongo que había muy pocas probabilidades de que mi suposición fuera acertada.

El pueblo no estaba tan lejos; solo a una media hora de camino en línea recta. Sin embargo, en cuanto llegamos a las inmediaciones del pueblo, la presencia que había estado vigilando todo el tiempo se volvió de repente difusa.

«¿…?»

Sus firmas energéticas seguían allí, pero su presencia se desvaneció por completo. Era algo similar a lo que hacían las Sombras de Seimei cuando estaban en sigilo. En cuanto me di cuenta, supe de quiénes se trataba.

—Parece que han vuelto a venir asesinos a por mi cabeza.

Atraje a la Princesa Hazel hacia mí, sujetándole la cintura con fuerza.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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